Secretos de la comida y hábitos alimenticios

Los científicos se han dado a la tarea de estudiar los alimentos para demostrar los beneficios o lo perjudicial que pueden ser algunos en el ser humano y también cómo nuestros hábitos alimenticios influyen en nuestra salud, ¡conócelos!

Yogur y frutos secos. A largo plazo, comer yogur y frutos secos de cáscara dura, como las nueces o las almendras, ayuda a bajar de peso más que la fruta o las verduras, según un estudio llevado a cabo en la Escuela de Salud Pública de Harvard.

Sueño antigrasa. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Chicago, mientras hacemos una dieta para adelgazar, dormir durante toda la noche hace que se pierda más cantidad de grasa.

Contra los antojos, imaginación. Un grupo de científicos de la Universidad Carnegie Mellon (Pittsburgh, Estados Unidos) descubrió que ante el deseo de comer chocolate y dulces, imaginarse tomando grandes cantidades de estos productos puede ser suficiente para calmar el apetito.

Bebe agua para adelgazar. Un ensayo clínico presentado durante un encuentro de la Sociedad Americana de Química, reveló que beber dos tazas de agua antes de comer ayuda a perder peso y combatir la obesidad.

Si comes no navegues. Comer delante de la pantalla de un videojuego o trabajando en la computadora puede aumentar nuestro apetito a lo largo del día, fomentando el sobrepeso.

Los peligros de tomar sólo proteínas. La Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas desecha el “método” o “dieta” de adelgazamiento propuesto por Pierre Dukan, ya que no existen pruebas que sustenten que una dieta con un mayor contenido en proteínas ayude a la pérdida de peso y por el contrario, pone el riesgo la vida.

Échale pimienta roja. Según una investigación de la Universidad de Purdue, consumir pimienta roja de Cayena puede ayudar a reducir el apetito y a quemar más calorías de lo habitual después de cada comida, especialmente si no solemos consumir esta especia regularmente.

¿Rápido o lento? Comer rápido, en comparación con hacerlo lentamente, reduce la segregación de unas hormonas que provocan la sensación de estar “lleno”. La reducción de dichas hormonas nos llevaría a comer en exceso y, por lo tanto, a engordar.

 

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