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La importancia de una caricia

Durante el embarazo los bebés se acostumbran a sentirse protegidos en las paredes del útero. Al nacer, su piel tiene la necesidad de sentir contacto. El tacto constante entre el bebé y sus padres genera apego y facilita la confianza que un hijo necesita tener en ellos. Además, el efecto calmante de una caricia ayuda a que el recién nacido se adapte más rápidamente a su nuevo entorno, el cual le parece enorme e intimidante.

Beneficios del contacto físico

Algunas investigaciones coinciden en que los bebés que carecen de apapachos tienden a ser más enfermizos que otros que sí reciben demostraciones de afecto.

De acuerdo con estudios realizados en Estados Unidos, el contacto físico, acompañado de suaves masajes, tiene un efecto positivo en la ganancia de peso y en los índices de supervivencia en los recién nacidos. Asimismo, se observó que los bebés que fueron cargados, arrullados y acariciados lograron gatear o caminar con más facilidad. Estos niños también dormían mejor y se mostraban más atentos cuando estaban despiertos debido a un estado general de relajación.

Está comprobado que un suave masaje, en el sentido de las manecillas del reloj sobre el estómago de un bebé, ayuda a promover la buena digestión y a aliviar los dolores causados por los cólicos y la constipación estomacal.
Al tocar al bebé, el lazo afectivo entre éste y sus padres se fortalece. Este lazo hace que el bebé se sienta seguro, confiado y confortable. El bebé aprende que sus padres están ahí para amarlo y protegerlo; y con ello aprenderá a llorar sólo cuando necesite satisfacer alguna necesidad.


Algunas maneras de contacto positivo con el bebé

Si estás alimentando a tu bebé con biberón, siempre debes cargarlo; evita sólo sostener la botella mientras el bebé está en la cuna.

Considera la opción de usar un rebozo o un canguro para llevar a tu bebé. Se sentirá cerca de ti y encontrará placentero el ritmo de tus pasos y el balanceo de tu caminar; en tanto, al tener las manos libres, tú podrás hacer muchas actividades.

Si tu hijo está intranquilo, debes arrullarlo en tus brazos en lo que se duerme. Pégalo contra ti y apoya su oreja sobre tu pecho, del lado izquierdo, de manera que escuche el latido de tu corazón, el sonido que lo arrulló durante su vida en tu vientre.

Cada vez que vayas a cambiarle el pañal o a bañarlo, aprovecha para acariciar sus brazos, piernas, cara y estómago. Algunos bebés adoran recibir un masajito en la cabeza mientras les lavan el cabello.
Mientras el bebé está jugando, puedes recordarle que estás ahí al pasarle la mano sobre la espalda.

Masajea a tu bebé cuando esté relajado, alerta y receptivo. También puedes hacer el ambiente agradable para el masaje con luz tenue y música clásica. Presta atención a lo que le gusta y le disgusta; algunos bebés prefieren el toque firme y otros suave.
Permite que tu bebé se acurruque a tu lado mientras le lees un cuento.

En tus brazos

Al cargarlo, el bebé necesita que le transmitas confianza y seguridad. Tu hijo seguramente prefiere aquellas posiciones en las que se siente muy cerca de ti y percibe tu olor y tu calor.

Por otra parte, algunas posturas y hábitos le molestan, como el que lo sostengas únicamente de las axilas o que lo cargues tomándolo por detrás o por sorpresa.

El arrullo

Las nodrizas y nuestras abuelas saben muy bien que los bebés se calman y duermen mejor si se les mece, pues este suave movimiento evoca el del ambiente acuático dentro del vientre materno.

Numerosos estudios confirman que los bebés a los que se mece y se les carga con frecuencia, son más tranquilos y se desarrollan mejor, además de que se sienten amados y adquieren seguridad interior.

Si no cuentas con una cuna tradicional (que puede mecerse), lo ideal sería que eventualmente tú o tu pareja se sentaran en una mecedora cargando al bebé para que, a su vez, éste sienta el suave vaivén. También puedes llevarlo en brazos mientras lo meces y le cantas una dulce canción de cuna.

Ventajas para ti

Los beneficios físicos y emocionales del contacto entre un bebé y sus madres son varios. Las caricias, abrazos y arrullos hacen más fácil la transición entre el útero y el mundo real. No sólo promueven el apego sino que estimulan la buena salud en el recién nacido. Pero el contacto físico no es sólo beneficioso para los bebés. Las mamás que acarician a sus hijos durante los primeros tres meses de nacidos también se ven beneficiadas por el contacto, ya que reducen el nivel de estrés y se deprimen menos.

 

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