Mi hijo: ¿Mi cara y mi emoción?

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¿Has notado cómo a veces en segundos eres capaz de contagiarte de las expresiones faciales de los otros? Un bostezo, una sonrisa, un ceño fruncido, ¡todo se contagia! No eres la única, se ha comprobado que en dos minutos somos capaces de contagiar y contagiarnos de lo que materializamos en nuestro rostro a través de las expresiones faciales. Ahora imagínate qué es lo que ocurre con las personas con las que convivimos más. No sólo serás capaz de generar reacciones y expresiones muy similares, también los estados anímicos serán parte de su lenguaje en común.

Por eso cuando el rostro de un niño irradia felicidad, no queda mas que observar el rostro de la madre para ir viendo la complicidad que se ha generado en este intercambio de emociones. Uno no podría existir sin el otro porque la influencia y sobre todo el contagio de las emociones va construyendo el rostro del niño a través de los movimientos de esos 44 músculos faciales. Una risa compartida, y hasta aislada, se refleja con total honestidad en el rostro y eso es lo que forma y transforma de manera constante la cara de todos los seres humanos.

¡La cara habla y no miente! Ella se construye de las experiencias que vamos viviendo y va plasmando nuestra historia de vida a través de nuestras líneas de expresión, transformación de músculos faciales y evidentemente del semblante y emoción principal. Se ha visto que a partir de los 3 meses los bebés imitan las “caras” que ponen los adultos a su alrededor. ¡Imagínate el halago de ver la cara de un niño feliz! Algo tuvo que experimentar, pero sobre todo imitar para que ese rostro reflejara ese sentimiento.

Los niños tienen la capacidad de leer caras e interpretarlas y sus rostros son la representación fiel de lo que está ocurriendo por dentro y bien diría el dicho: “Ni el dinero, ni el amor, ni la felicidad se pueden ocultar”. ¡Así de transparentes somos, pero en particular ellos!

Se ha observado que la risa es más común y frecuente cuando se está con más personas. Se observó en una investigación en la Universidad de Tennessee que el 95% de las risas de los niños ocurren cuando están en compañía de otras personas y únicamente el 5% cuando están solos. Ojo, en los adultos no es muy diferente la cifra por lo que se vuelve una razón más para compartir con más personas, pero sobre todo con niños que tienen mayor capacidad de contagiar sus emociones. Te reto a que vayas por la vida contagiando y dejándote contagiar por estas emociones positivas que impactan directamente en nuestra salud y en la actitud que tomamos ante la vida. Una manera fácil, gratificante, económica y muy divertida de ir generando rostros más suaves, más brillantes y por lo mismo más felices.

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