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Aceite Divino, un tratamiento completo para tener una piel exquisita

Aceite Divino es el resultado de una alquimia única entre 4 aceites vegetales (el 60% de la fórmula), extremadamente finos y evanescentes para actuar en íntima convivencia con la piel:

EL ACEITE DE UVA.

Extraído de las pepitas del fruto. Además de estar en la línea de todos los productos Caudalie procedentes de la vid, su contenido en Omega 6 es realmente extraordinario. Este aceite es reconstructor, regenerador e increíblemente nutritivo.

EL ACEITE DE ARGÁN EXTRA VIRGEN.

Este aceite es biológico y procedente del comercio justo. Lo producen cooperativas de mujeres bereberes del Sur de Marruecos. Rico en ácidos no saturados insaturados y en ácido linoleico (precursor de la vitamina F), permite restaurar la película hidrolipídica y contribuye a mantener la integridad de las células de la piel.

EL ACEITE DE HIBISCO VIRGEN.

Originario de la India, también llamado «flor de eternidad», se obtiene por presión en frío de las semillas. Juega un papel fundamental en la función barrera y limita la pérdida insensible de agua.

EL ACEITE DE SÉSAMO. Particularmente equilibrado en ácidos grasos linoleicos y oleicos, es emoliente y suavizante a la vez.

Par a que los efectos benéficos sean verdaderamente completos, Aceite Divino también contiene:

LOS POLIFENOLES DE UVA PATENTADOS POR CAUDALIE.

Caudalie les debe su renombre. Extraídos de las pepitas de uva, son unos antioxidantes excepcionales, así como (esto es menos sabido) gr andes protectores del ácido hialurónico natural.

LA MANTECA DE KARITÉ.

Sus propiedades reparadoras son conocidas mucho más allá de su Africa natal. Por último, un EMOLIENTE suavizante y unos ÉSTERES VEGETALES  (llamados «agentes de tacto») extraídos principalmente del coco y con el sello ecológico Ecocert, aportan al conjunto ligereza, una suavidad aterciopelada y una absorción fulgurante.

Para la creación del perfume, Mathilde Thomas recurrió a Jacques Cavallier  (autor del perfume del Agua Fresca Thé des Vignes), justo antes de que se convirtiera en maestro perfumista exclusivo de una gran Firma.

Jacques Cavallier eligió la rosa, la Reina.  La de Marruecos, en esencia, fina y frágil, que se despierta perlada de rocío al amanecer, y la de Bulgaria, en absoluto, que se inclina ligeramente bajo el peso de sus propios efl uvios al atardecer. Las dos, haciéndose hueco, como un dúo musical (soprano y contralto), son el corazón de la fórmula. El pomelo fulgurante  y la pimienta rosa especiada, chispeante,  se abren paso con brío, proclamando que no se conforman con ser un tema trivial sino un auténtico carácter. El cedro y la vainilla  revelan su estela cremosa como punto fi nal, sobre una base de almizcle blanco.  La composición es moderna, turbadora, infi nitamente deseable. Divina sobre el cuerpo.

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