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7 Peligros capitales en la pareja

La convivencia en pareja no es nada fácil. Cuando se inicia una relación todo es miel sobre hojuelas, sin embargo, al transcurrir de los días y meses pueden presentarse las primeras fricciones por pasar más tiempo juntos. Los terapeutas consideran que son siete los principales peligros por los que puede morir el amor en una pareja.

1. Los celos, el mayor enemigo

El mundo está lleno de parejas rotas por los celos.
Este sentimiento nace porque la persona celosa percibe que no le llega todo el afecto, dedicación, amor, compromiso y pasión que espera. Se siente herida, piensa que no merece ser querida y que es desplazada por otra persona, que se convierte en un perseguidor.
Solución: buscar ayuda psicológica
En la mayoría de los casos, esta situación debe ser tratada con la ayuda de un psicólogo de pareja, porque es uno de los fenómenos más destructivos. El miembro no celoso de la pareja debe evitar dar pie a que los celos se susciten, no debe sembrar sospechas ni temores, tiene que cuidar la intimidad, la pasión y el afecto con el compañero celoso.

2. Cuando surge una infidelidad
La infidelidad puede amenazar tres pilares básicos de la relación: la cohesión, la estabilidad y la posibilidad de progreso. La mayoría de las veces, la infidelidad es una señal de alarma respecto a alguna falla en la relación.
Es frecuente que las parejas en algún momento hayan hablado de qué ocurriría si hubiera un engaño de cualquiera de los dos. Cuando llega a suceder, la pareja fiel se pregunta la razón por la que él o ella lo hicieron.
Solución: reestructurar lo que amenaza su amor mediante terapia
Averigua si quien es infiel busca algo que no tiene o si huye de algo que perturba la relación. Cuando entra en juego una tercera persona, no es raro que el infiel se plantee la disyuntiva de contárselo al otro miembro de la pareja. Es muy compleja esta decisión y hay que analizarla individualmente, porque siempre habrá consecuencias. Si la infidelidad ocurrió para pedir lo que no se tiene y buscar ayuda, puede ser positivo; pero si se es infiel sin medir las repercusiones, esto puede dar origen a un foco de inseguridad en el otro.

3. Comenzar a vivir juntos
Cuando llegó la hora de formar un hogar y compartirlo con tu pareja, es un momento lleno de ilusión, pero esto no quiere decir que no habrá conflictos, sobre todo al organizar el reparto de las tareas domésticas y sincronizar sus horarios. El inicio de la convivencia lleva inevitablemente a plantear cuestiones aparentemente insignificantes pero que, a la larga, si no se dejan claras, pueden acarrear consecuencias no deseadas.
Solución: normas de convivencia común
Deben asumir que se va a pasar del sentimiento de independencia que se había tenido hasta entonces, a otro de dependencia, cuestión que deberán afrontar con serenidad, ya que es algo que no se puede evitar. Esto no significa tener una dependencia que los haga dejar de ser ustedes mismos. Con esto se reforzarán como individuos, además evitarán futuros problemas mediante el diálogo y el acuerdo.

4. Los hijos unen y separan
Con la llegada de un hijo, cambian muchos aspectos de la relación de pareja la madre se dedica, en la mayoría de los casos, 100% al nuevo integrante de la familia y el hombre se siente “abandonado”. Debes tener en cuenta que un hijo llena de felicidad el hogar, ya no son dos, sino tres.
Solución: hay tiempo para todo
Ambos deben atender a su bebé y esto constituye otra fase de la relación de pareja que deben sobrellevar. Eviten los conflictos donde uno de los dos se siente excluido de las implicaciones que tiene convertirse en padres. Pongan de su parte si sienten que no hay tiempo de convivencia en pareja: levántense más temprano o duérmanse más tarde según los horarios del bebé. Sientan que la llegada de su hijo es algo que debe motivar su vida.

5. La rutina puede acabar con todo
La monotonía es el cáncer más frecuente en una relación. Aunque algunos hábitos son necesarios para convivir y organizarse, no deben establecerse leyes fijas. Una cosa es la costumbre de ir al cine todos los jueves y otra obligarse a hacerlo. La fuerza de la costumbre tiene graves consecuencias en el afecto, pues la rutina hace que disminuya.
Solución: modifica el tipo de caricias
Un beso al amanecer pierde valor si lo haces rutinario, pero si lo acompañas algunas veces de un abrazo, ya es otra cosa. Desmitifica a la pareja, se tiende a pensar que toda la relación tiene que ser perfecta lo cual es falso: puedes vivir bien en pareja aunque no lo tengan todo. Hay días en que el otro te saca de quicio y esto es normal.

6. Las discusiones no cesan
Las crisis siempre se asocian con discusiones importantes y frecuentes, pero tener opiniones distintas no es un indicio de disfunción marital. Es más, la pareja que coincide en todo puede terminar con la sensación de quedar sometido al otro.
Lo mismo ocurre al contrario: la pareja que discrepa en todo, se vuelve distante.
Solución: enriquecerse uno con la visión del otro
Para hablar de sus diferencias deben empezar por tratar aquello que comparten, nunca mantengan la esperanza de cambiar lo que piensa el otro, porque esto sólo provoca frustración. Si están en desacuerdo, no se quejen, planteen alternativas con las que estarían de acuerdo.

Eviten la dinámica de decir a todo “No me gusta”, “No quiero” y “Esto está mal”. No hay que aguantarse y hacer como si nada pasara, sino ser conscientes de que para llegar a un acuerdo, ambos deben ceder en beneficio de la pareja.

7. Conflictos con la familia
Al formar una pareja entrarás en convivencia con la familia de él y así como habrá acuerdos, existirán las diferencias. En ocasiones, por ejemplo, la suegra y él no estarán de acuerdo con la forma en que se educa a los hijos, con la organización de las labores del hogar y hasta el tipo de comida o la manera de destinar el dinero en una casa.
Solución: el respeto mutuo
La mejor solución es comunicarse, hablar de los conflictos y la manera de solucionarlos. Lo más importante es que siempre, por grandes que sean las diferencias, se marque una línea de respeto con las familias.

Cuándo acudir a terapia de pareja
La labor de un terapeuta de pareja es investigar las dificultades, problemas o limitaciones en la relación, facilitar el encuentro de las dos personas y favorecer la comprensión de la situación generadora de la crisis.
Las razones más habituales para solicitar su ayuda son la infidelidad, las dificultades en la sexualidad y las tensiones generadas por desacuerdos en la educación de los hijos.
La mejor forma de abordar una terapia de pareja, no cabe duda, es que ambos quieran.
Una relación amorosa verdadera debe perdurar toda la vida, pero si uno descubre que ya no siente nada por el otro, lo más sano sería abandonar la relación.

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