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9 fortalezas para cargar en la mochila II

Brand X Pictures/ Brand X Pictures/ ThinkstockFortalezas para la vida

Esperanza.
Es esperar lo mejor, y trabajar para conseguirlo. Requiere de una capacidad intelectual que permita aprender a dominar pensamientos de desaliento, fracaso y tristeza; y una voluntad que ayude a enfrentar las dificultades.

Entusiasmo. Procura que tus hijos lleven una dieta balanceada, hagan ejercicio y duerman lo suficiente, para que puedan enfrentar la vida con emoción y energía; la enfermedad y la fatiga inhiben la vitalidad.

Gratitud. Significa estar conscientes y agradecidos de las buenas cosas que nos pasan. Se puede considerar como la virtud que ayuda a vivir bien. Haz reflexionar a tus hijos en los esfuerzos que han realizado y hacen los otros para tener más fácil su vida. Enséñales a decir gracias, y agradece su ayuda.

Amor. Valorar las relaciones cercanas con los demás. Deben sentir la alegría y tranquilidad de que hay unas personas que los ayudan y apoyan. Cuando existe esta confianza basada en el amor, las cosas en la vida toman otro matiz. Los hijos tienen raíces para florecer.

Curiosidad. Tener interés en las experiencias actuales y en aprender cosas nuevas. Los niveles de curiosidad están en función de la probabilidad de que el chico perciba que lo puede aprender, y en el deseo de que ese conocimiento expanda sus recursos personales. Los inhibidores de la curiosidad son las posturas de sabelotodo o la dificultad para procesar los estímulos. En ambos casos, la motivación de papás y maestros es fundamental.

Fortalezas para el estudio

Hemera/ThinkstockLaboriosidad. La laboriosidad significa tener metas de superación y de excelencia. A corta edad, los hijos descubren que cuesta trabajo el laborar, y quizá desde entonces quieren jugar con la ley del menor esfuerzo. Toma con seriedad las tareas de sus hijos y comprende que éstas les sirven en su formación para el futuro en aspectos como la disciplina, el orden, la responsabilidad y el esfuerzo.

Obediencia. Durante los periodos de formación, una persona necesita aprender de otro y hacer lo que le dicen. La educación consiste en que los hijos sean cada vez más autónomos e independientes, pero difícilmente lo lograrán si no han sido disciplinados en la obediencia, y se dejarán llevar fácilmente por los múltiples estímulos que les ofrezca el ambiente.

Orden. Se manifiesta en múltiples facetas que podemos observar en la vida diaria, principalmente en cómo los hijos organizan sus cosas y su tiempo. Junto al orden se considera un bloque de virtudes relacionadas como: Dominio de sí, puntualidad, moderación, higiene y limpieza. El orden se va arraigando en la persona a base de ser constante. Cuando los chicos viven en el desorden, tienen la sensación de estar perdidos, cansados, inquietos y ansiosos.

Responsabilidad. La responsabilidad garantiza el cumplimiento de los compromisos adquiridos y genera confianza y tranquilidad entre las personas. Los niños actúan de manera responsable cuando se comportan adecuadamente sin que haya que recordárselos una y otra vez.

Enseña a tus hijos que siempre tendrán que responder de sus actos, aun cuando sean resultado de una falta de previsión; entonces ser responsable significa intentar rectificar y reparar el daño causado.

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