A la vejez ¡bebés!

Barry Austin/Photodisc/ThinkstockSí. ¿Por qué no? Si es hombre, no solamente se vale, sino que le aplauden. Pero ¿qué tal cuando una mujer pasados los 50 decide ser madre? ¡Se la acaban!
En Inglaterra, una mujer casada se embarazó sin imaginarlo siquiera, ni entender por qué, pues tenía 60 años cumplidos, hijos casados y hasta nietos. ¡Bueno! El país entero envío cientos de mails, cartas y correos de voz a periódicos y a estaciones de radio censurando su “irresponsabilidad”; o sea, que podría morirse muy pronto y dejar un huérfano. Pero cuando los actores Charles Chaplin o Anthony Quinn tuvieron hijos pasados los 70 años de edad, fueron objeto de homenajes, de entrevistas y de elogios por doquier. ¿Ellos no eran irresponsables de dejar un huérfano de escasos años? ¡Porque ninguno sobrevivió para ver a su último vástago cumplir siquiera la edad de la razón (7años)!



Necesita un psiquiatra
Este comentario es aplicable tanto al novio como a la novia cuando ella es mucho mayor que él. No se acepta tan fácilmente que una mujer normal pueda –¡y mucho menos deba!– tener un novio, pretendiente o marido menor que ella. Y no se piensa que él sea normal si le gusta una mujer mayor que él. ¡Ah, pero si él tiene 60 años y una novia de 20, no solamente otros hombres lo admiran, también muchas mujeres! Nadie aventura teorías de que ella lo va a dejar a la vuelta de 3 o 4 años (o menos) ni explican la diferencia de edades con base en el interés económico de la novia, como en cambio suele ocurrir cuando la novia es mayor.
Si no se puede echar mano de la hipótesis del psiquiatra (“¡está loco el cuate!”), siempre está la teoría simplificada y comúnmente aceptada de que él lo que busca es una mamá. “Es un inmaduro”, decía una amiga ante un caso similar. “Como niño que es, todavía necesita una mamá ¡y como Claudia es tan maternal!”. Con esa psicológica observación liquidó de un plumazo la relación que no podía entender con sus limitados parámetros de juicio.

¿Suerte? ¡Se llama dinero!
“¡Mira nada más lo que Santa Claus le regala a las ricas!”, exclamaba una amiga común al mirar al novio de nuestra conocida. No contaba lo guapísima que era la aludida, ni tampoco que la supuesta “fortuna” no pasaba de ser un apartamento bonito, pero nada del otro mundo. Había que alegar una riqueza oculta –que no podía ser la personalidad, el carácter, la simpatía, ni ninguna otra cualidad– que justificara que un hombre guapo y para colmo ¡menor!, quisiera tener una relación con ella.
Es inútil que señale que no es rica la aludida, y que su papá no es influyente, ni es sobrina de ningún político (todos aquellos cuya ayuda el novio podría hipotéticamente buscar gracias a la relación), que es normal que ella sea mayor en algunos casos, igual que en otros casos, él es mayor.

La edad en estos tiempos
Ahora, más que nunca, tenemos que estar muy claras en el asunto de la edad, porque es un aspecto que afecta muchísimo el área de trabajo y que nos hace pensar que ya no podemos competir en el mercado.
Si lo creemos, lo proyectamos, y si lo proyectamos, dejamos que la edad se vuelva un problema. Y un problema que nos afecta muy seriamente.
Esto quiere decir que, quizá durante un tiempo, tengamos que ser discretas y reservadas en cuanto a la edad. Te preguntarás: “¿Me está proponiendo que mienta?”. Pues no directamente. Pero sí te recomiendo no manejar la edad por delante. Para lograrlo tendrás que tener un cuidado un poco mayor con tu aspecto. Pero ¿no tenemos todos y todas el derecho a vernos mejor? ¿No consideras que hoy en día decimos que alguien es “joven” a los 40 años, cuando las abuelitas ya se habían retirado de las frivolidades del mundo? La línea, el tipo de peinado y hasta el diseño de la ropa influyen. El modo de ser y la forma de mantenerse actualizada también, y mucho. También sería recomendable que abolieras de tu vocabulario toda referencia negativa a la edad. Si se toca el tema, limítate a decir que “la edad es mental”. Si alguien se empeña en señalar ciertas edades como límite para equis actividad, mófate de su forma “anticuada” de ser: da a entender que esa forma de pensar es de otro tiempo, que hoy en día ya no se piensa así.

¿Así queremos nosotras?
Somos más duras para juzgar las mujeres que los hombres. ¿Por qué? ¿Nos beneficia que las costumbres y las tradiciones nos sigan haciendo menos? Yo creo que no.
Quizá sea más difícil convertirte en defensora de causas aparentemente perdidas, porque la costumbre ya las consagró de otra manera.
Pero somos nosotras mismas las que podemos cambiar las cosas, porque mientras más limitaciones tenga una mujer en relación a lo que se permite y se considera normal en un hombre, pero no en una mujer, más limitas tu horizonte.
Tal vez no te acuerdes, pero no hace tanto que una mujer que se divorciaba no era muy bien vista ni siquiera por su propia familia. Un hombre divorciado, en cambio, podía verse como un muy buen partido. Quizá en nuestros días ya nos parezca tan normal usarlo que se nos olvida que no hace tanto que en las playas de Acapulco metieron a la cárcel a una mujer norteamericana solamente por usar un bikini.
También se nos olvida que las que abrieron brechas que hoy son amplias avenidas, fueron mujeres iguales a nosotras. Que fueron mujeres muy normalitas las primeras mexicanas que se enfrentaron a la crítica e incluso a la censura de autoridades por lograr mejores condiciones de vida para todas. No dejes caer esa bandera ni te dejes vencer por algo tan tonto como los años.

También podría gustarte

Comentarios