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¿A quién de los dos les gusta tener el control?

Vivimos en una cultura que fomenta mucho que nuestra relación la dirijamos al mundo externo. Esta tendencia nos deja inmersos en una creciente falta de receptividad hacia nuestro mundo interno que es de donde surgen los sentimientos.

Especialmente tenemos rechazo por aquellos que nos hacen sufrir

Como por ejemplo el miedo y la inseguridad. Cuando éstos aparecen pueden impulsar a algunas personas a querer tener el control de su pareja, en su forma de actuar, de pensar o de sentir con tal de que esa persona no provoque en ellos nunca más la aparición de esos sentimientos. Sin embargo es el método más incorrecto para lograrlo.

Tenemos vicios desde pequeños que fomentan creencias casi mágicas con respecto a las “emociones negativas”

Las cuales son consideradas así puesto que nos provocan dolor o sufrimiento. Nadie quiere experimentarlas y hacemos una gran cantidad de cosas para desecharlas de nuestra vida, porque queremos conseguir paz y tranquilidad. El problema es que esas emociones no son opcionales como nos hicieron creer en la infancia con frases y recomendaciones tales como “no te enojes”,” el que se enoja pierde”, “los valientes no tienen miedo” y de la tristeza nos enseñaron a huirle como si fuera el peor enemigo. Sólo recuerda cuando a un niño se le muere su perrito, la solución es comprarle otro, si alguien termina con su novio, se le recomienda que se distraiga, y hasta hemos creado la frase “un clavo saca a otro clavo”.

Estas son las tres emociones fundamentales de las que se derivan todas las demás y nadie nos enseña que debemos aprender a morar en ellas para poder liberarlas

Tampoco nos han enseñado que nunca nos podemos deshacer de ellas. Y mientras más lo intentas peor te va. Te preguntarás ¿por qué no? La respuesta es que forman parte de nuestras herramientas de sobrevivencia. Por ejemplo, sin el miedo no podrías detectar el peligro. El enojo sirve para poner límites cuando algo o alguien invade tus valores o tu territorio. La tristeza baja la energía cuando hay pérdidas y esto permite hacer un reacomodo en la nueva vida.

Por lo tanto, querer controlar a las personas en sus sentimientos, formas de pensar o en sus conductas. Significa otorgar un gran poder a esa persona y al mundo exterior respecto a tu bienestar. Y lo que es peor puedes caer en una actitud posesiva que puede provocar en tu pareja una sensación de devaluación y de desconfianza frente a ti con respecto a su persona y esconder su forma de pensar por miedo a que te enojes.

Un tip es que no luches contra lo que sientes, sino que escuches lo que sientes. Utiliza esas maravillosas herramientas a favor de tu relación.

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