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Adiós a los pensamientos negativos

Seguramente en más de una ocasión has estado a la espera de alguna noticia importante y mientras llega, constantemente te imaginas que todo va a salir mal y todo tu plan se viene abajo. Lo mismo cuando vas al doctor y concluyes que tienes una enfermedad grave porque te mandaron hacer unos estudios de rutina; o en tu trabajo, cuando te manda llamar el jefe y sientes miedo porque te van a regañar o incluso, puede ser que hasta te despidan.
Y resulta todo lo contrario a lo que imaginaste. Las cosas van de maravilla en tu trabajo, la noticia es mejor de lo que esperabas y el médico dice que estás sano. Esta manera de interpretar la realidad, dotándola de elementos desfavorables, es simplemente el producto de nuestros pensamientos mal orientados, que tienen el poder de hacer que la vida sea vista desde una perspectiva oscura y complicada.
A este tipo de ideas se les denomina “pensamientos negativos y son todos aquellos que tienen un impacto perjudicial en el estado de ánimo, en el comportamiento, las actitudes y experiencias que acumula el ser humano en su vida cotidiana, llegando a afectar sus relaciones personales y su estabilidad emocional”, afirma la psicóloga Lidia Díaz San Juan, investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Cambio de actitud
¿Pero cómo darnos cuenta de cuáles son los pensamientos negativos? La respuesta a esta pregunta se encuentra en las emociones que sentimos y los diferentes estados de ánimo que nos provocan. “Las imágenes destructivas que creamos en nuestra mente van a producir miedos, angustias, desolación, enojos y sensaciones de fracaso y reproches continuos a uno mismo y a todo lo que nos rodea”, dice la especialista.
Lidia Díaz San Juan explica que: “Los pensamientos negativos limitan a las personas para realizar las actividades de la vida cotidiana porque sus aspiraciones están limitadas por el miedo, se ven a si mismos con un sentimiento de inferioridad, su estado de ánimo es inconstante y el concepto que tienen de sí mismo y de la realidad está distorsionado”. Esta situación puede impactar en distintos ámbitos de la vida como son el laboral, de pareja o familiar. Un ejemplo de esto es ver que se frena nuestra capacidad de realización de logros o búsqueda de nuevos retos por el temor a no verlos concretados.
La especialista afirma que una técnica eficaz es detenerse a reflexionar y hacer una lista de todos los pensamientos que tuvimos durante el día y tratar de recordar cómo nos sentimos ante cada idea específica, esto nos va a dar la posibilidad de detectar cuál es nuestra reacción emocional y de esa manera aprendemos a diferenciarlos, y agrega: “Cada vez que tengamos malos pensamientos y sintamos miedo o angustia, hay que cambiar esas ideas y pensar que todo está bien, que no va a pasar nada; hay que recordar momentos felices de nuestra vida y traer a la mente proyectos que nos emocionen y nos motiven”, concluye.
En nuestras manos está la posibilidad de disfrutar la propia existencia con todas sus facetas y sus encantos. Esto no implica que no viviremos momentos tristes o de enfado, sin embargo, si evitamos los pensamientos que nos generan una visión fatalista, negativa o desesperanzadora, protegeremos tanto la forma en que abordamos los problemas como en la que aprovechamos las oportunidades que se nos muestran. La siguiente ocasión que tengamos una idea de este tipo, digámosle adiós y demos un primer paso hacia nuestro bienestar físico y emocional.

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