Adiós mala racha

Mariela tiene 37 años y es madre de tres pequeños, su esposo tiene un empleo que le demanda largas temporadas afuera de casa, por lo que cuando a ella le diagnosticaron cáncer de mama, además de enfrentar la noticia sola, tuvo que organizarse de una nueva forma con su pareja para sacar adelante las tareas del hogar y cumplir con su tratamiento: “En un momento sentí que las cosas estaban muy difíciles para todos, debido a las largas ausencias de mi esposo y mi permanente cansancio ocasionado por los medicamentos, mis hijos sintieron que no recibían la atención suficiente, y comenzaron con problemas en la escuela y también de conducta en casa”.Fuse/Thinkstock

Una “mala racha” puede poner a prueba la fortaleza de cualquier familia, así como la empatía y amor que tengan entre ellos. Estas temporadas exigen, no sólo dar la mejor respuesta al nuevo escenario de vida que se ocasionó tras la pérdida del empleo, una enfermedad o un accidente, también, una rápida adaptación a las condiciones que se tienen para salir avante.

Angela Marulanda, autora del libro Sigamos creciendo con nuestros hijos, de Editorial Norma, explica que lo esencial para salir ganando de las experiencias difíciles o dolorosas, por graves que éstas sean, es la forma en la que se decida asumirlas, comenta que hay quienes le hacen frente a las desdichas con aceptación sin dejar de expresar su preocupación, pero con la búsqueda de aprender de ellas, además, se adaptan de buena forma a los cambios que implican.

“Durante los viajes en avión no es raro que en un momento cualquiera el piloto anuncie que ‘estamos pasando turbulencia’ y les pida a los pasajeros que se abrochen el cinturón de seguridad. Aunque por lo general estas turbulencias duran unos pocos segundos, si el sacudón es fuerte, parece una eternidad. Este tipo de situación es muy similar a muchas ‘turbulencias’ que atravesamos en la vida, y que también parecen interminables pero de las cuales, casi siempre salimos no sólo ilesos sino que además, podemos salir fortalecidos”, explica la especialista.

Fuse/ThinkstockHogar, dulce hogar

Es imposible construir un capelo que proteja a los seres queridos de las malas noticias o de algún tipo de adversidad que ponga a prueba su actitud ante la vida. Sería estupendo que ningún niño vea preocupación o angustia en la mirada de sus padres, ni que tampoco se enterara de las situaciones por las que una familia a veces tiene que pasar como son la separación de los padres, deudas económicas o un desastre natural.

Sin embargo, sí podrán aprender lo importante de estar juntos cuando las cosas no van del todo bien. “Lo que más necesitan los niños no es vivir en el ‘país de las maravillas’, sino crecer en una familia fuerte y unida, entendiendo por ello una familia que acepte y asuma las dificultades que trae la vida y que se solidarice con el dolor y las desventuras propias y ajenas”, expone Angela Marulanda.

Después de un largo periodo de tratamiento, Mariela recibió la buena noticia que el cáncer estaba controlado y tras algunos meses de ese suceso, reflexiona sobre esa temporada: “Aprendí a valorar el tiempo con mis hijos de otro modo, también a comunicarme de una manera más clara y cercana con ellos. Mi esposo, a pesar de sus viajes, se ha esforzado en hacerse presente con los pequeños, ahora ellos saben que hay que aprovechar cada momento juntos. Ese periodo fue una dura prueba para todos, en la que aprendimos muchas cosas pero principalmente, a expresar nuestro cariño”.

A lo largo de la vida se presentarán experiencias que signifiquen dolor o sufrimiento, y que al mismo tiempo, sean una valiosa enseñanza para el futuro y las pruebas que con él vengan.

Hay personas que tienen la fortuna de ver donde hay problema una oportunidad para crecer y dar un giro a todo aquello con lo que no se están conformes, así como de encontrar en su familia el refugio en donde pase lo pase, saben que cuentan unos con otros.

“La perseverancia es el motor del éxito”.

También podría gustarte
Comentarios