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Alerta con las señales de depresión

¿Por qué nos deprimimos?
La depresión suele darse en familias, posiblemente por herencia genética, comportamiento aprendido o ambos y se necesita un evento estresante (como tensiones por familia, trabajo o estudio) para desencadenar un episodio depresivo. Por otra parte, las personas con poca autoestima y sujetas al estrés constante están predispuestas a la depresión, aunque no existan antecedentes de la enfermedad en su familia. Podemos clasificar los detonantes de un episodio depresivo en emocionales o físicos. Las más frecuentes son:


Emocionales

• La muerte de un amigo o familiar.
• Una desilusión importante (divorcios, rompimientos, pelea, malas calificaciones).
• Estrés crónico o bien, una falla en los mecanismos de estrés del organismo.
• Eventos en la infancia como maltrato y rechazo.
• Aislamiento social (más frecuente en personas de mayor edad).

Físicas
• Padecer una enfermedad grave o crónica.
• Condiciones médicas como hipotiroidismo, cáncer o hepatitis.
• El empleo de tranquilizantes o medicamentos para la hipertensión.
• Consumo excesivo de alcohol o drogas.
• Deficiencias nutricionales (especialmente de ácidos grasos Omega-3).
• Problemas de sueño.

Síntomas y tipos
No todas las personas que padecen depresión presentan los mismos síntomas. La  cantidad e intensidad de los mismos varía dependiendo de la persona, y también puede cambiar con el paso del tiempo. Sin embargo, los más comunes son:
• Tristeza, ansiedad y sensación de vacío en forma persistente.
• Sensaciones de desesperanza, pesimismo, culpa, inutilidad y desamparo.
• Insomnio o, en contraste, exceso de sueño. Suele traducirse en fatiga, agotamiento y una disminución general de energía.
• Cambios dramáticos en el apetito: puede perderse y provocar una baja de peso, o por el contrario, incrementar y causar un aumento del mismo.
• Pérdida de interés o placer en actividades que antes se disfrutaban, incluyendo la actividad sexual.
• Ansiedad o nerviosismo, en particular si se preocupa por cuestiones que antes le interesaban poco.
• Dificultad para concentrarse, recordar y tomar decisiones.
• Rechazo hacia uno mismo, aislamiento e irritabilidad.
• Pensamientos recurrentes de muerte o suicidio.
• Dolores de cabeza, trastornos digestivos y otros dolores crónicos que no responden al tratamiento médico.
• Malestares físicos como respiración insuficiente, náusea o resequedad en la boca.
• Manifestaciones diversas como hipocondría (cuando se cree que padece que no tiene), obsesióncompulsiva (no se puede apartar su mente de pensamientos que sabe que son absurdos) y rituales (repite acciones —como su aseo personal– para estar seguro de que están bien hechas).


Dependiendo del número e intensidad de los síntomas antes mencionados, existen varios tipos de trastornos depresivos.
• Distimia. La combinación de síntomas no incapacitan a la persona, pero sí interfieren con su bienestar. Aunque su intensidad es leve, puede durar varios años.
• Severa. La combinación de síntomas interfiere con la capacidad para trabajar, comer, dormir y disfrutar la vida cotidiana. Algunos especialistas afirman que dura seis semanas como mínimo.
• Atípica.
Está acompañada por síntomas inusuales, como alucinaciones o delirios.
• Temporal.
Se presenta en circunstancias específicas: Después del parto, poco antes de la menstruación y durante el invierno.
• Trastorno bipolar.
En esta variedad poco común, los estados depresivos se intercalan con periodos de euforia. Los cambios cíclicos afectan gravemente el pensamiento, el juicio y el comportamiento, y el paciente puede perder temporalmente la razón si no recibe el tratamiento adecuado.

Tratamiento
El tratamiento de la depresión depende de las causas, la intensidad de los síntomas y las preferencias del paciente. Los episodios depresivos ligeros suelen superarse con psicoterapia y con algunos cuidados personales. Los más profundos requieren una combinación de medicamentos y psicoterapia. El primer paso para recibir un tratamiento adecuado consiste en un examen médico en el cual se descarten como causas infecciones o la ingesta de ciertos medicamentos. El terapeuta también verificará si se han afectado los patrones de habla, pensamiento o memoria.

En casos graves, la terapia electro-convulsiva resulta de utilidad, sobre todo si el paciente no puede tomar antidepresivos, si su depresión es severa o si se pone en peligro o pone en riesgo a los demás. Actualmente, las sesiones se realizan con anestesia local, el paciente no percibe conscientemente el estímulo eléctrico y suelen programarse varias a la semana. Muchas personas se sienten tentadas a dejar de tomar el medicamento prematuramente, sea porque se sienten mejor o porque les parece que no los beneficia. Sin embargo, es muy importante concluir el tratamiento, e incluso algunos  antidepresivos deben dejar de tomarse poco a poco.

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