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Alimenta el alma de los niños

Para algunas personas, la espiritualidad se remite a creencias y ritos religiosos. Para otras, es una experiencia más profunda que requiere ciertos momentos de introspección. La mayoría creemos en un ser supremo, aunque concebido a nuestra manera muy particular. Los niños no son la excepción, pues desde sus primeros años de vida, se preguntan sobre la existencia de un creador y comienzan a obtener sus propias conclusiones.

¿Es necesario creer?

Algunos estudios demuestran que las personas que creen en un ser superior se sienten más seguras en el mundo, que aquellas que no lo hacen. Confían en que el dolor que enfrentan tienen un sentido divino que valida ese sufrimiento y esperan una trascendencia espiritual más allá de la muerte. Todo esto les da paz, los ayuda a disfrutar pero sobre todo, a entender la vida con menos estrés. Otro de los beneficios que obtienen es el hecho de que cuentan con un código ético y una moral definidos que les ayuda a regir sus vidas y a transmitirle esos valores a sus hijos.

Los nombres de Dios
Todos tenemos derecho a creer en Dios de la manera en que nos sintamos más cerca de él, sin embargo, no tenemos derecho a ofender o atacar a las personas que desarrollan su espiritualidad de una manera distinta a la nuestra. Educar a los hijos dentro de la tolerancia los ayuda a ser más sociables e independientes, lo que les facilita relacionarse mejor con todo tipo de personas, permanecer abiertos a nuevas ideas y formas de ver el mundo, pero sobre todo, a tener más criterio y elementos para enfrentar la vida.

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