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Conoce el significado psicológico de anima y animus

Anima y animus
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Sigmund Freud estableció que la meta de la terapia era hacer consciente lo inconsciente. Esto le sirvió a Carl Jung como inspiración para explicar sucesos de su solitaria infancia y así dedicarse a la exploración del “espacio interno” en el ser humano, combinando la teoría freudiana con su inagotable conocimiento sobre mitología, religión y filosofía.

Jung estaba fascinado con la “explicación de los sueños” de Freud

Pues constantemente soñaba con cosas que lo perturbaban y perseguían en busca de una relación con el mundo real. Una vez soñó con una “inundación monstruosa” donde se ahogaban miles de personas en una ciudad temblando y con el agua hasta las faldas de las montañas de su nativa Suiza. Luego el agua se convirtió en sangre.

Pocos sueños después comenzó la Primera Guerra Mundial, lo que hizo pensar a Jung que de alguna manera el mundo real y el inconsciente estaban conectados.

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Empezó a anotar todos sus sueños, sus visiones, sus fantasías, todo lo que había en su mente lo dibujaba, pintaba y esculpía

Se encontró con que todo esto tenía una tendencia a formar figuras humanas. En sus sueños siempre estaba acompañado de un anciano sabio y su eterna acompañante, una niña pequeña. A través de varios sueños, el anciano evolucionó convirtiéndose en una especie de gurú espiritual y la pequeña niña se convirtió en el “anima”, su alma femenina que servía de medio de comunicación entre él (el hombre) y lo más profundo de su inconsciente. La niña explicaba lo que por sí mismo no podía comprender.

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Anima y animus

Se basa en una creencia de que todos los seres humanos poseen una bisexualidad natural desde el momento de la formación en el vientre materno. Un feto no posee órganos sexuales que puedan ser diferenciados hasta que las hormonas entran a hacer su papel y definirlo como macho o hembra.

Entonces, una parte de nuestra persona es el papel masculino o femenino que interpretamos en un rol social, pero no está determinado por el género físico. Tan pronto nacemos se nos encasilla en azul o rosa, de esta manera nos desarrollamos y crecemos influenciados socialmente, no naturalmente. Esto es lo que nos convierte en hombres y mujeres.

Sin embargo, el comprender estos arquetipos que suponen el equilibrio espiritual, físico e inconsciente de hombres y mujeres, quiere decir que todo indicio y aspecto femenino en el inconsciente del hombre es el “anima” y aquellos aspectos masculinos que una mujer tiene es el “animus”.

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El ánima puede ser representada como una joven chica

Muy espontánea e intuitiva o como una bruja, o la misma madre tierra. Está asociada con las emociones profundas, la sensibilidad, la fuerza de la vida que hay en el ser humano. En cambio el animus puede ser un viejo sabio, un guerrero, es más lógico y racionalista.

Todos y cada uno de los seres humanos posee estos arquetipos porque suponen su equilibrio, su entendimiento con el mundo exterior, con su capacidad de relacionarse y llevar una vida social. La parte opositiva del género, anima o animus es esa posibilidad, el canal de comunicación con el inconsciente. De ahí su importancia en la vida amorosa. Es todo el reflejo de lo que reconocemos y aprendemos del sexo opuesto desde nuestros padres hasta los extraños en la calle. De ahí el amor o el completo rechazo a las personas. No tiene nada que ver con las preferencias sexuales, es más bien un conocimiento introspectivo que nos vuelve más humanos, no menos mujeres y más hombres, sino humanos en equilibrio.

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Buscando mi otra mitad

Hay un mito griego que se refiere a que siempre estamos buscando nuestra otra mitad, una persona que sea complemento, esa otra mitad que los Dioses nos quitaron en los miembros del sexo opuesto. Cuando nos enamoramos a primera vista, hemos encontrado algo que ha llenado nuestro arquetipo anima o animus particularmente bien.

La comprensión del sexo opuesto y el entendimiento radica en entender que somos seres iguales naturalmente y que dentro de nosotros hay un poco de anima y de animus, eso es lo que hace a las relaciones estables, armoniosas, interesantes y necesarias. Es encontrar el equilibrio en esa persona que nos ayuda a ser lo que no podemos ser y viceversa.

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