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Aprende a escuchar tu interior

El noble deseo de mejorar en todos los aspectos que forman parte de tu vida, es muchas veces la causa de que paulatinamente pongas metas más altas, y por consecuencia, en la medida que obtienes logros afortunados, la exigencia sea mayor.iStockphoto/Thinkstock

Un alto porcentaje del esfuerzo que se realiza para llegar a los objetivos planteados, depende directamente de ti, pero no se puede dejar de lado el hecho de que también intervienen circunstancias y personas, que de alguna manera contribuyen a que el ambiente se torne accesible para ti, por lo que es posible que en ocasiones, aún cuando hayas inyectado todo el entusiasmo, las cosas no concluyan de acuerdo a tu idea, y esto te llene de frustración y te lleve a culparte de los resultados.

Asume sólo tu parte

Pensar y actuar de manera directa con tus culpas y aciertos requiere de seguridad y fuerza. Se entiende que muchas veces no estamos dispuestas a aceptar errores que ‘no nos corresponden’, sin embargo todo depende de la confianza que depositamos en nosotras mismas y del valor real que le damos a las fallas.

Aprender a valorarte como para determinar qué cosas estuvieron a tu alcance y cuáles no, es una de las principales recomendaciones que nos aporta la psicóloga Cecilia Amézquita. “No siempre los errores salen de ti, por el contrario, debes saber limitar qué parte del problema te corresponde”, afirma.

“Muchas veces la primera enemiga eres tú misma, la persona con la que más dura y más exigente eres. Es contigo con quien debes hacer las paces, convertirte en tu mejor amiga. La autoestima es el punto clave en dicho análisis”, asevera.
Y desde ese enfoque, debemos ver qué estamos haciendo con nuestros objetivos. En ocasiones, llegamos a ser injustas con nosotras sin darnos cuenta. Acciones como: meternos presión, exigirnos cada vez más por un ‘buen’ motivo, regañarnos, o simplemente no consentirnos, pueden llegar a crear una guerra personal.

“Escuchar nuestro interior, aprender a decidir, y saber que somos triunfadoras, aún con nuestros pequeños o grandes defectos, son elementos que nos ayudarán a conseguir la justicia interior que necesitamos”, explica la especialista.

Debemos comprender que ser justas no significa renunciar a progresar y mejorar, o hacer de los errores simples batallas perdidas, sino que es cuestión de actitud y confianza. Nuestro análisis lo debemos crear desde un clima de amabilidad, de autoconocimiento.

La reconciliación y aceptar nuestros errores, es parte fundamental para encontrar la justicia que necesitamos y que nos llevará a entender parte del proceso de autoconocimiento.

Vivimos bajo conceptos que ya nos comienzan a presionar desde que nos planteamos objetivos concientes o inconcientes: ‘hay que…’, ‘debería…’, ‘sólo así es…’, ‘tendría que haber…’. “Son afirmaciones que desde un principio nos atan a pensar que tal vez se puede cometer un error. Y es donde el desequilibrio comienza a caer en la balanza de la injusticia”, detalla la maestra en psicología.

“Debemos aprender a conocernos, saber qué nos gusta o disgusta de nosotras, qué podemos o no hacer, para que a través de este autoconocimiento podamos establecer estándares de análisis y proyección, sin llegar a lastimarnos”.

¿Alguna vez te has puesto a pensar si realmente conoces tu zona de excelencia?, ¿Cuáles son tus talentos? Pues, efectivamente todos tenemos uno especial para algo. Los errores muchas veces son más notorios que éstos, porque así lo queremos ver nosotras, sin embargo, poco a poco tienes que descubrirlo para comenzar a explotar, en lugar de resignarte o pensar que sólo hay errores en tus objetivos.

Siempre debes tener claras tus posibilidades, saber quién eres, sólo así podrás ser feliz. La aceptación y el autoconocimiento siempre serán fundamentales para resolver tus problemas o errores en la medida que puedas.

Debemos estar conscientes de que algunas fallas no están en nuestras manos, y no por eso debemos tener una retroalimentación interna negativa, por el contrario, primero debemos valorar en qué fallamos y qué aprendimos. Será fundamental conocernos y saber reconocer qué hicimos mal, para después valorar y aprender de nuestra falla.

“La perseverancia es el motor del éxito”.

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