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Aprende a ser feliz

Pocas personas están acostumbradas a percibirse a sí mismas como felices cotidianamente. Ya sea porque piensan que la felicidad es una meta o un gran premio al final del camino; porque fueron educadas bajo un régimen de excesiva exigencia; o poseen un carácter extremadamente perfeccionista, que les impide sentirse satisfechas, pues consideran que siempre pudieron hacer algo más, algo mejor o diferente. De alguna manera podemos afirmar que estamos acostumbradas a sentirnos infelices.

 

Aprende a reinventar tu vida

¿Esto se puede cambiar? ¿Se puede aprender a ser felices?
La maestra en psicología, Andrea Gómez Palacio, nos responde: “Desde el punto de vista de las neurociencias, cada persona tiene la capacidad de aprender y reaprender, ya que, conforme va teniendo experiencias, va cambiando su arquitectura cerebral. Siempre se puede cambiar y aprender a ser feliz, sobre todo si se trata de una conducta tan humana y a la que todo el mundo aspira”.

Cuando adquirimos una conducta, buena o mala, se hacen en nuestro cerebro ciertas conexiones, algo así como una brecha en medio de la selva. Abrir un nuevo camino sí es posible, es decir, cambiar la forma en la que hacemos algo o percibimos la realidad, es un trabajo y puede resultar arduo, pues requiere una especie de reconexión cerebral.

Acepta tu responsabilidad

“En el espejo estás viendo el rostro de la persona responsable de tu felicidad”. John Powell.

Las personas que se dedican a culpar al sol, a la luna, al gobierno, al vecino o a cualquiera, menos a ellas mismas cuando son infelices e incapaces de crecer, guardan rencor y no resuelven las cosas porque no se dan cuenta de que está en sus manos hacerlo. Esperar que los demás nos hagan felices es una manera de desperdiciar nuestras energías, y probablemente, nunca nos sintamos plenas.

Disfruta de tu trabajo

Las horas que empleamos trabajando, tanto fuera como dentro del hogar, son innumerables. A veces, al acumularse se convierten más en una loza, que en un placer. Disfrutar del trabajo es obtener satisfacción de la actividad en la que invertimos más tiempo. En ocasiones, las circunstancias nos ponen en un empleo que no nos gusta y nos estancamos en esa primera sensación de desagrado.

Esto nos impide verle el lado amable. Vale la pena hacer un esfuerzo y buscar algún resquicio por donde se cuele la luz del optimismo, si no hay forma de cambiar de actividad. Como decía Nietzche, el filósofo alemán: “Tú no puedes cambiar la realidad, lo que sí puedes cambiar son los ojos con los que quieras verla”.

 

Para lograrlo plenamente

Cada persona tiene diferentes satisfactores, las cosas que nos provocan ilusión son infinitamente variadas. Hay quienes encuentran la felicidad en el amor de una pareja; otras, necesitan obtener triunfos intelectuales o de tipo económico; unas más, se sienten plenas con el ejercicio físico. Algunas disfrutan la soledad y hay muchas que sólo se sienten plenamente satisfechas si están rodeadas de amistades.

 

Parte de la felicidad individual es fruto del autoconocimiento.

El viejo y famoso adagio griego “Conócete a ti mismo”, siempre es vigente. Una visión completa de las fortalezas y debilidades permite sacar mejor partido de todas las situaciones. Eso implica, por supuesto, la aceptación de las limitaciones; pero también el regocijo en los puntos positivos. Casi todas las personas que se declaran felices, tienen una autoestima saludable.

 

Amplía tus relaciones

Uno de los factores que con mayor intensidad nos provocan la sensación de plenitud es disfrutar del afecto de los demás. Acercarse a la pareja, a la familia, hacer nuevas amigas, recuperar a las que dejamos en el camino, disfrutar a los hijos… En fin, todo lo que implique un acercamiento afectivo. En la medida en que se extienden las relaciones, contaremos con más personas en caso de una desgracia, y a la vez, tendremos la oportunidad de ayudarlas si ellas nos necesitan. Crear vínculos de solidaridad es un camino de gozo espiritual que conduce a la felicidad.

La felicidad infantil

Tal vez recuerdas la historia de Pollyana, una niña que siempre le buscaba el lado amable a cualquier situación. Puede parecer un consejo un tanto infantil hacer un hábito de este ejemplo. Sin embargo, si hay alguien que suele ser feliz con mayor facilidad, es un niño. En resumen, hay que tratar de buscar las bendiciones escondidas en las situaciones adversas, pero también hay que apreciar lo que tenemos y descubrir la felicidad que a veces se nos esconde en la rutina.

Encuentra tu felicidad

Cuando te sientas sobrepasada, analiza el panorama. En lugar de pelear para que tu hijo haga la tarea, piensa que lo estás preparando para que sea un hombre responsable y exitoso. Detecta dónde sientes el estrés (la espalda o el estómago). Ponte alerta, esto te avisará que debes bajar el ritmo y relajarte antes de que la preocupación mine tu energía. El florecer de las plantas, el canto de los pájaros, las figuras en las nubes, un bello atardecer o admirar la luna, son sólo algunas de las cosas que nos provocan serenidad.

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