Un portal realizado por y para mujeres con temas de moda, belleza, sexualidad, pareja, embarazo, hogar, trivias, consejos y mucho más

¡Atrévete a ser tú misma!

Ser tú misma, ¿qué significa esta consigna?, ¿qué tan importante puede ser para una mujer adulta este anhelo?, ¿cuándo termina la búsqueda? En realidad, el hambre por ser nosotros mismos nos impulsa durante todas las edades y aspectos de la vida. Incita nuestras decisiones profesionales, nuestras relaciones, la forma en que nos divertimos, nuestra espiritualidad.

La adultez

Es un error creer que la búsqueda de la autenticidad termina en la adolescencia. Al inicio de la adultez, probar amigos, modas, hobbies, trabajos e incluso parejas es una forma de encontrar lo que “le va” y lo que “no es”. Durante la edad adulta solemos profundizar nuestros compromisos profesionales, espirituales, familiares y sociales, para lograr mayor congruencia entre éstos y nuestra auto-imagen.

Es durante esta etapa que algunos dicen sentirse atrapados en existencias que les parecen ajenas, y desear en secreto la vida de alguna otra persona. Lo que no saben es que su deseo no es parecerse a los demás, sino ser más similares a sí mismos o a lo que creen que deberían de ser.

Durante la tercera edad, las personas observan sus elecciones de vida con satisfacción o arrepentimiento, basándose en gran parte en haber sido “fieles” a sí mismos.

Frecuentemente, logramos ver en retrospectiva que lo que nos incomodó durante cierta época o situación fue comportarnos de una manera incongruente con nuestra esencia. Es imposible, entonces, menoscabar la importancia de perseguir una vida auténtica.

¿Ser o no ser?

La autenticidad no es para los débiles. Ser auténtico tiene sus desventajas: saber con exactitud quiénes somos puede ser doloroso. Ser auténtico significa reconocer nuestras fortalezas, pero también nuestras ambigüedades, fallas y defectos personales. Después de todo, si tenemos el deseo de cambiar los aspectos problemáticos de nuestra forma de ser –la reacción inadecuada frente a ciertas situaciones, nuestra impulsividad o tendencia al chisme, debemos primero aceptar que son parte de nosotros.

No son elementos “poco auténticos”, ni “malos”, sino parte de la complejidad humana. Para experimentar una vida auténtica, frecuentemente hay que hacer a un lado el ser hedónico, por un estado más profundo y significativo, en que la gratificación frecuentemente no es inmediata.

El concepto de lo que “debemos ser”

Una de las principales barreras para la comportarnos de acuerdo a lo que somos, es averiguar quiénes somos. Esta indagatoria no termina, como supondríamos, en la adolescencia. La cultura contemporánea parece aborrecer la noción de la existencia de algo auténtico y sólido dentro de cada persona. La popularidad de la cirugía cosmética extrema, las sustancias que alteran los estados de consciencia y los “makeovers” de todo casas, cuerpos, carreras, son muestra de que preferimos “mutar” que perfeccionar.

Pero la búsqueda del auténtico yo no se resuelve en el quirófano ni en el salón de un decorador de interiores. Se trata de un proceso continuo, y que frecuentemente requiere que luchemos nuestras propias creencias de lo que somos.

Todos contraemos una serie de suposiciones respecto a lo que debemos ser y hacer cuando somos demasiado jóvenes para procesarlos. Éstos se adquieren a través de las convenciones sociales o expectativas de los demás. Superar esos guiones arbitrarios frecuentemente demanda el tipo de introspección que la mayoría de la gente evita o delega durante toda su vida.

Es el caso de la mujer que se casa porque es lo que supone que se debe hacer a cierta edad; la que soporta una relación abusiva porque cree que su papel es “aguantar”; o la que teme cambiar un empleo, pues ha llevado desde siempre una etiqueta de “perdedora”. Estas personas pueden tener ideas erróneas de lo que constituye la responsabilidad, el éxito o la satisfacción, o pueden cargar con etiquetas de la infancia que ya no reflejan ni remotamente lo que son.

Aunque en ocasiones lo más fácil sea conformarse a los deseos de otra persona, el único lugar en que podemos florecer es en un mundo creado y diseñado por cada uno de nosotros. Debemos elegir defender aquello que nos es único y particular: lo que valoramos, lo que creemos, lo que es bueno para nuestro espíritu, cuerpo y mente. Aunque temamos el rechazo, la pérdida de una amistad o la soledad, nuestra verdadera preocupación debería ser abandonarnos a nosotros mismos.

Beneficios de ser auténtica

La autenticidad tiene amplios beneficios para la salud mental, relacionados con la vitalidad, autoestima y adaptabilidad. Las personas auténticas:
· Suelen utilizar estrategias más efectivas para lidiar con las dificultades.
· Reportan tener relaciones satisfactorias.
· Tienen alta autoestima y un sentido de propósito en la vida.
· Confían en su capacidad para dominar los retos que se les presentan.
· Perseveran.
· Son altamente realistas respecto a su propio desempeño.
· No viven a la defensiva, ni culpan a los demás cuando fallan.
· Disfrutan de una sensación de bienestar, derivada de vivir de acuerdo a sus valores preciados.

Características de las personas auténticas

· Se abren a las experiencias, sin censura ni distorsión.
· Viven el momento plenamente, sintiéndose fluidos, no estáticos.
· Confían en su experiencia e instinto para guiar su conducta.
· Son creativos en su forma de vida, en vez de depender de la rutina y el hábito.

También podría gustarte
Comentarios