¡Bájale al ritmo!

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En ocasiones la vida nos parece complicada porque la tenemos atiborrada de actividades y obligaciones. Si no podemos eliminar de nuestra lista de pendientes ninguno de estos compromisos, al menos podemos resolverlos más despacio. Investigadores y psicólogos afirman que el paso acelerado de la sociedad está diminuyendo años de nuestras vidas y deteriorando nuestra salud y felicidad. Los seres humanos necesitan llevar una vida equilibrada para estar en contacto con su ser interior y lograr comprender quiénes son. Sin esto, nos convertimos en seres superficiales y hasta despersonalizados. En cualquier situación en que nos encontremos, es posible gozar de los beneficios de desacelerar un poco para realzar la calidad de nuestro humor, mente y bienestar. Una vida balanceada es la que cuenta con tiempo para trabajar y jugar, para la actividad y el descanso, para hacer y para simplemente ser.

Mejor salud

Cuando estás estresada, puede sentir cómo se eleva tu presión sanguínea. En la Universidad de Northwestern, en Evanston, Illinois, se realizó un experimento en el que se encuestó a 3 mil hombres y mujeres sobre qué tan frecuentemente se encontraban haciendo cosas como “comer demasiado rápido”, “estar enojados por tener que esperar algo” y “sentirse presionados de tiempo”. Se midió lo que los psicólogos llamaron tiempo de urgencia/impaciencia, o TUI, y se obtuvieron conclusiones sobre la relación directa entre el TUI y la hipertensión y los ataques de corazón. Afortunadamente también obtuvieron resultados satisfactorios al comprobar que el remedio para estas peligrosas situaciones es un entrenamiento efectivo para aprender a relajarse y calmarse. Seguramente tu médico te podrá orientar sobre este tema. Por otra parte, los expertos en control de peso aseguran que si come más despacio, ingerirá menos calorías. Esto se debe a que las señales físicas de saciedad que llegan al cerebro tardan 10 minutos en entrar en acción. Es mejor tomarse 20 minutos para comer, que hacerlo en cinco.

Más creatividad y memoria

Todos nos hemos atorado en la solución de un problema, y sólo lo hemos podido resolver cuando nuestras mentes estaban por otro lado. Ésta es una de las ventajas de gozar de tiempo libre. Pero desconectarse de las presiones no es automático ni a voluntad, y menos si estamos acostumbrados a vivir días acelerados. Poder divagar o reflexionar requiere de práctica. Los momentos de no hacer nada te brindan el terreno propicio para desarrollar ideas. El arte de flojear es esencial para la creatividad, productividad y paz mental. Date permiso de perder un poco el tiempo cada día. Elige el camino largo de regreso a casa, reserva 30 minutos para ti; tal vez se te ocurra una idea que enriquezca tu vida. Por otro lado, las investigaciones sobre la relación entre la presión del tiempo y la memoria indican que la presión puede interferir en el almacenamiento y recuperación de la información. He aquí la explicación de por qué no podemos recordar dónde hemos visto ese rostro tan familiar o dónde dejamos las llaver.

Demasiadas actividades

Bajarle al ritmo no es fácil. Se nos ha olvidado cómo descansar. La telefonía celular, el Internet y la tecnología
de la información nos conceden estar conectados todo el tiempo. Así que ahora vivimos multimomentos y realizamos multitrabajos; ya no podemos concentrarnos en una sola cosa a la vez. El antídoto es simplemente descubrir el botón de apagado de estos artilugios. Nos hemos impuesto un mundo de impaciencia y sobreestimulación que nos pide cuentas. Pensamos que tenemos que llenar cada instante con actividad y estamos en constante movimiento.

Sería conveniente recordar que la labor efectiva sigue un razonable plan de acción para alcanzar metas, y que no hay que confundir la actividad con el mero movimiento. Algo que no se puede acelerar es el lado emocional de la vida. No es posible enamorarse con prisa ni amar rápido a los hijos.

Desacelérate

El primer paso consiste simplemente en hacer menos. Siéntate y escribe una lista de todo lo que haces en el lapso de una semana, en orden de importancia. Luego empieza a tachar de abajo hacia arriba. Seguramente no te importará dejar de ver uno o dos programas de televisión. Una vez que hayas liberado algunas horas, estará lista para embarcarse en actividades que son, por definición, lentas: lectura o yoga. Trata de no mirar el reloj constantemente o, mejor aún, de no usar reloj. El ver la hora con frecuencia y decir “No tengo tiempo”, se vuelve una profecía realizable.

Por último, crea en su casa un espacio sin tecnología y pasa en él por lo menos 15 minutos diarios. Siéntate ahí
y piensa o deja de pensar. Verás que en lugar de agobiarte con actividades que te quitan el tiempo, te estás conectando y encontrando más satisfacciones en la vida.

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