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Bases sólidas para su futuro

Con frecuencia nos lamentamos de la carencia de educación para padres, “nadie nos enseña a serlo”, se escucha decir, pero en la actualidad esta excusa carece de validez, ya que al respecto se ha realizado mucha investigación; es posible encontrar cursos, literatura y especialistas en el tema que ponen al alcance de la mano, elementos que tienen un valor considerable para quienes aspiran en ser unas buenas guías para sus hijos.iStockphoto/Thinkstock

En este cúmulo de investigaciones se ha establecido que es justamente la infancia, el periodo en que los seres humanos desarrollamos ciertas características que nos marcan para lo que será la vida adulta, es por eso que el hogar debe convertirse en un centro de enseñanza donde se adquieran bases sólidas para el futuro.

Disciplina, la clave

Existen muchas teorías acerca de cómo prepararse para ser una persona exitosa en todos los sentidos, una de ellas, es vivir con actitud positiva, desde luego, esta juega un papel muy importante, pero lo cierto es que crear hábitos saludables es fundamental, y éstos se crean a partir de la disciplina.

Como explica Fred Rogers, autor de El libro de la paternidad responsable, editorial Oniro: “La disciplina consiste en una especie de relación de enseñanza-aprendizaje que depende más de la intimidad y la confianza que de la autoridad.

Disciplinar incluye el confort, el cuidado y la alimentación. También incluye el orgullo o la satisfacción por los logros, así como los ejemplos, de los que tanto aprenden los pequeños. Conviene recordar que nuestro amor constante hacia nuestros hijos es lo que nos hace desear ayudarlos a convertirse en adultos más responsables”.

Cuando ellos aprenden a respetar los límites y vivir con disciplina, al mismo tiempo hacen un ejercicio de responsabilidad, de compromiso, y por si fuera poco, aprenden a vivir con seguridad, pues como afirma el autor: “Los niños necesitan límites no sólo para estar seguros ante los peligros del mundo exterior, sino también para desarrollar su mundo interior de sentimientos”.

Al establecer estas medidas dentro del hogar, no solamente durante la infancia, sino en el transcurso de los años, se genera un ambiente en el que como consecuencia del conocimiento de los límites y de una vida disciplinada, se desarrollan hábitos positivos como la puntualidad, el orden, la limpieza, la lectura, el cumplimiento de las responsabilidades, entre otras más que se traducen en una fórmula perfecta para alcanzar los objetivos que cada uno se proponga.

¡Vamos por más!

Crear en la familia una cultura en la que cada uno de los miembros se sienta impulsado a lograr no solamente un objetivo, sino que cada vez se alimenten de uno más, puede ser posible en tanto se haga la costumbre –y por tanta repetición, el hábito- de compartir los proyectos, de que todos los integrantes propongan alternativas viables para que el interesado pueda alcanzar su meta, y que también sean capaces de asumirla como propia, ya así estarán dispuestos a acompañarlo en su camino.

Otra parte importante es el reconocimiento que se brinde: “Todas las personas necesitamos saber por otras personas, sobre todo de las cercanas sentimentalmente, que estamos haciendo un buen trabajo, ya que esto nos ayuda a confirmar nuestras capacidades y a atrevernos a explorar qué otras más poseemos. Aún cuando algo no haya salido bien, es importante aprender a reconocer y expresar, aquellas cosas que sí se realizaron de manera adecuada, por ejemplo: Un niño que participa en un juego de basquetbol y no pudo anotar ni una sola canasta, pero durante todo el encuentro se esforzó por hacerlo y no paró de luchar hasta el último minuto, merece que sus padres le hagan saber que percibieron su incansable labor, ya que esto le dará la certeza de que tiene capacidades y que su resultado final dependió de otro aspecto. Esto naturalmente, lo llevará a analizar su desempeño para detectar la falla real y trabajar sobre eso en específico para que no vuelva a ocurrir en la siguiente oportunidad”, afirma Mariana Rivera, especialista en psicología.

Cada hijo es un ser independiente que seguramente desarrollará rasgos de personalidad distintos a los de sus otros hermanos y sus padres, que los llevará por distintos caminos de acuerdo a sus tomas de decisiones, pero lo cierto es que cuando se les brinda un ambiente en el que prevalece la seguridad y la disciplina, se forja en ellos cimientos firmes que por más que se equivoquen, serán capaces de regresar al camino correcto, pues saben que atrás de ellos, está una familia unida que los apoya.

“La perseverancia es el motor del éxito”

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