Bella sin esfuerzo

La belleza de la simpleza
¿Qué nos da elegir una vida simple? ¿En dónde está ese encanto? Elegir esta forma de vida es retomar nuestra esencia humana. ¿Para qué fuimos hechos? ¿Qué misión tenemos en esta tierra? ¿Cómo queremos que nos recuerden? ¿Qué le podemos contagiar de bueno a los que nos rodean? Pensar así en una  sociedad como la nuestra es tomar el primer gran paso para lograr encontrar lo divino, lo precioso y lo auténtico, en lo más simple.

La alegría necesita cuidados. Lo más sencillo es quejarse, criticar, estar sin esperanza, enojados, pesimistas, malencarados, deprimidos, sin ilusiones:
¡Basta! La misma energía se utiliza cuando emanan de tu ser ideas positivas o ideas negativas.
Comienza por hacer cada día comentarios alentadores, saluda mirando a los ojos con una sonrisa, con una actitud de cara positiva hacia la vida, verás que tu día será diferente, empezarás a crear una sinergia con aquellos que te rodean. Esta actitud es el primer gran paso que te llevará a encontrar, en lo más simple, una respuesta.

Actitud mental positiva
¿Qué se puede hacer para encontrar el encanto en la vida simple? Primero debemos retomar lo básico, lo que realmente necesitamos para vivir y buscar momentos que nos den placer, alegría, buscar todo lo bueno que tienen las cosas y las actitudes positivas. Simplemente observa a tu alrededor y aprende a vivir en paz con lo que te rodea. Dicen los grandes pensadores budistas que nada es absoluto, todo es relativo. Esto es una gran verdad. Pero nos cuesta trabajo entenderlo y practicarlo. No te preocupes: todo está en nuestra actitud mental.

Para crear una vida feliz
Si haces un recuento de los últimos años, te podrás preguntar: ¿Qué ha pasado en décadas recientes en la historia de la humanidad? La vida se ha vuelto complicada y nosotros la hemos complicado más. Somos expertos en ello. ¿Recuerdas a qué jugábamos de niñas? Las cosas más sencillas nos divertían por horas. Nuestra imaginación era ilimitada. No hacían falta tantos juguetes, ni instrucciones, tampoco era necesario recorrer grandes distancias para encontrar momentos de alegría y diversión. La vida era simple, sin tantas actividades agobiantes, no había tantos lugares para ir a bailar y divertirnos; el supermercado no bombardeaba nuestros ojos con muchas marcas de detergente, de shampoo o simplemente de cereal y de leche. Las calles ofrecían un aspecto limpio, sin espectaculares grotescos entre cada edificio que nada más contaminan la vista y el paisaje de las ciudades.

¿Qué nos ha pasado? ¡¿Hemos perdido ese encanto que nos da la vida simple!   
• Disfrutar de un atardecer.
• Platicar con una amiga que hace años no veías.
• Sumergir los pies en una tina con burbujas.
• Cerrar los ojos y dejar volar la imaginación frente a un ramo de flores silvestres.
• Jugar cartas en una tarde lluviosa.
• Mirar la luna con alguien especial a tu lado.
• Caminar junto a tu perro en un parque.
• Contar anécdotas que te hagan reír hasta las lágrimas.
• Sorprender a tu ser querido con un masaje que ni la

geisha más famosa podría repetir.
• Jugar con un niño.
• Inventar cuentos y contárselos a alguien.
• Leer.
• Dormir una siesta.

Los seres humanos tenemos el potencial no sólo de crear vidas felices para nosotros mismos, sino también de ayudar
a otros seres a lograrlo.

Ésta es una pequeña lista de los detalles que el dinero no compra, pero podría ser infinita. Sentimientos que no tienen precio, momentos que no se pueden comprar, simplemente todo aquello que nos brinda una fuente de placer, de gusto, de alegría, un remanso de paz, de armonía. ¡Precisamente ahí está el encanto de la vida simple!

¿Qué quieren las mujeres?

Sigmund Freud decía: “La gran cuestión que no he sido capaz de responder, pese a tantos años dedicados a investigar el alma femenina es: ¿Qué quieren las mujeres?”. Regresando al pensamiento oriental de algunos sabios del Tibet, hay que recordar que “cuando le sonríes a la vida, la mitad de la sonrisa es para tu rostro y la otra mitad para el rostro de otra persona”. Sé bella. Emily Dickinson escribió “La belleza  no es una causa. Simplemente es”. A medida que despiertes tu naturaleza divina, comenzarás a preciar la belleza en todo lo que ves, tocas y haces cada día.
Nunca es tarde para aprender. ¡Siempre es momento de comenzar una vida simple y encontrar el encanto que hay en ella!

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