Berrinches a los dos años de edad

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De repente, Emiliano dejó de ser un niño tranquilo para transformarse en un torbellino, no obedece, no se está quieto en todo el día, y lo peor, muerde a los niños de su guardería, le pega a su hermano, y ha descubierto la palabra clave: no. Mariana, su mamá, se pregunta qué ha hecho mal para que su hijo actúe de esa manera.

Una etapa más en su desarrollo

A Emiliano, al igual que el resto de los niños que atraviesan por la etapa de los terribles dos años, parece inmune a las órdenes de la figura de autoridad, ya sea sus padres o los maestros, pero debes entender que esa es su forma de defender su autonomía. Es en este periodo donde empieza a desarrollar su sentido del yo, su individualidad, que se caracteriza por que usa su nombre y dice “yo” en cualquiera de sus argumentos, lo que le lleva a volverse obstinado.

Hay que tomar en cuenta que esos cambios no significa que sea malo o le guste hacer repelar a los demás, sino que se trata de una etapa normal en su desarrollo, comparable únicamente con la adolescencia. A él también le desconcierta esta situación, ya que por un lado lucha por ser independiente y afianzar su personalidad, y por el otro, desea conservar el cariño de sus padres. Por ello, aunque te resulte complicado tolerar su comportamiento o controlar sus exigencias, es importante que le entiendas y lo ayudes a vivir esta etapa de la mejor manera posible.

Entre el sí y el no

Esta fase de pretensiones está precedida por el descubrimiento del “no”, y es que cuando tu hijo alcanza los dos años, ya tiene experiencia sobre el poder de esta palabra y el impacto que causa en su entorno. Las razones de sus constantes negativas se deben a la conciencia de sí mismo y al creer que para reafirmarse como individuo tiene que oponerse a todo lo que otros le establezcan.

Sin embargo, a medida que intenta hacerse más independiente y su visión aumenta, también se da cuenta de lo grande que es el mundo y de todo lo que desconoce sobre él. Así, el poder del niño de dos años choca con la experiencia de la vida, lo que realmente puede atemorizarlo. De ahí la importancia de tu presencia para infundirle valor y seguridad, pero sobre todo, para que sigas siendo su base de operaciones segura, a partir de la cual él puede salir a explorar. Por todo lo anterior, no debe extrañarte que su comportamiento fluctúe entre la dependencia y la independencia; entre el sí y el no.

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Cómo ayudarlo

Además de las travesuras o del mal comportamiento, una de las situaciones características de los terribles dos son los berrinches. Estos se originan, primero porque su autocontrol es nulo, pues para él solo cuenta el aquí y ahora, y segundo porque necesita satisfacer sus deseos de inmediato, y si no lo consigue, ¡estalla! También su incapacidad para saber expresar sus necesidades de manera clara es otra de las causantes de sus rabietas.

Estrategias antiberrinches

Estos tips te ayudarán para evitar, o minimizar, los ataques de irritabilidad o descontrol de tu hijo. Toma nota:

  • El secreto de evitar escenas incómodas es establecer límites. Por ejemplo, si cada ida al súper implica un berrinche colosal, puedes tratar con esta frase: “Hoy solo vamos a comprar pan y leche, nada más!”.
  • También puedes ofrecerle opciones para llegar a un acuerdo: “No te puedo comprar ese juguete tan costoso, pero sí el libro que te gustó la otra vez”.
  • La clave para establecer una relación armoniosa con un pequeño de esta edad, estriba en conocer el porqué de sus actitudes y tratar de comprenderlo. Hay que tenerle paciencia, respeto y mucho amor.
  • El punto anterior no significa que debas dejarlo hacer lo que quiera, debes establecer reglas claras que no se pueden negociar como la hora de hacer la tarea o ir a la cama, en cambio hay cosas en las que pueden ser más flexible como la ropa que se pondrá.
  • Es importante que en ti esté la cordura. Bajo ningún motivo llegues a la violencia física, ni a la humillación, tampoco lo insultes o no le permitas siquiera que hable. Usa cada una de tus palabras con inteligencia.
  • Cuando lo vayas a castigar, explícale las razones y hazlo inmediatamente después de que haya cometido una falta.
  • Recuerda que las llamadas de atención suaves y en privado suelen tener mayor eficacia que los gritos y regaños en público.
  • Si el berrinche ha comenzado, tienes tres alternativas:
Niño travieso
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1. Tranquilízalo. Lo primero que debes hacer es ponerte a su nivel (híncate para verlo a los ojos) y háblale calmadamente pero con un tono firme; trata de que no suene a regaño, ni que tu voz tenga una entonación autoritaria, Explícale con palabras sencillas su forma de actuar y las consecuencias que tendrá, dile que pedir las cosas de un manera amable, sin llanto ni pataleos siempre traerá buenas recompensas.

2. Distraerlo. En algunos casos la distracción puede resultar eficaz, es decir, en lugar de enfocarte en tratar de tranquilizarlo, cambia tu reacción de enojo o de desesperación en hacerlo reír contándole una historia que sabes que le gustará o le provocará risa.

3. Deja que se tranquilice solo. Asegúrate de que no se haga daño a o a los demás, pero siempre tratando de conservar la calma.  Algunas personas recomiendan ignorarlo hasta que se calme, a veces suele funcionar.

 

 

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