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Cómo combinar profesión y familia

El combate había terminado. Exhausta, con las brazos y las piernas muy adoloridas Yadira Lira buscaba entre el público una cara conocida, alguien con quien desahogarse aunque sea con la mirada, pero no sabía a quién buscaba.

Sucedió entonces, durante el Campeonato Mundial de Karate del año 2004, el juez dio el anunció oficial: “Ganador… México”. El anuncio convirtió a Yadira Lira, una guerrerense que tomó a Puebla como su casa, en una mexicana y mamá triunfadora. Cuando el juez levantaba el brazo de la nueva reina del mundo, a la mente de Yadira vinieron todos los sacrificios, las desventuras que pasó para conquistar su deseo y ofrecérselo al motor de su vida, al pequeño Yoshi Andrés, su hijo.

Mujer integral

“Ser deportista, mujer, pero sobre todo madre, es algo que me llena de orgullo. Amo lo que realizo, cumplí mi sueño, exploté mis cualidades y también demostré que cuando se quiere lograr algo, no existen los límites”, recuerda Yadira, quien ahora, a cinco años de distancia de aquella hazaña, tiene hambre de conseguir más, mucho más.

Su pasión por el karate fue el resultado de una buena canalización de sus energías: “Desde pequeña me di cuenta que mi amor por el karate. Desde que estaba en Guerrero tenía cualidades para tirar golpes. Es que la verdad, era bien brava, ¡aguas con quien se me ponía enfrente! Después, me mudé a Puebla y en la preparatoria fue donde evoqué toda aquella agresión, en pos de una disciplina que me dio control de mí misma, organización en mis pensamientos y en la vida”, afirma la karateca.

Para ella, ser mujer, no fue ningún impedimento. “Muchos hablan de que nosotras sufrimos algo de discriminación en el deporte, pero éste no es mi caso. Claro, quisiera mucho más apoyo; sin embargo, el karate aún no despega como debería a nivel olímpico y las becas no son tan altas como en otras disciplinas, aunque yo estoy aquí, porque me encanta competir, la disciplina y representar a mi estado, a mi país”.

Y aunque su vida profesional le ha dado muchas satisfacciones, siempre tiene presente a su hijo Yoshi: “Sufrí la angustia de dejarlo encargado con mis hermanas cuando iba a entrenar y a competir. Llegó un momento en que me presioné demasiado. Durante las giras, en la soledad de mi cuarto, lloraba por no estar cerca de él, mas tuve que ser fuerte, disciplinarme, decirme a mí misma que si estaba con esos pensamientos, de nada serviría tanto sacrificio, que no tendría caso dejar a Yoshi si no disfrutaba, en vez de sufrir. Las cosas salieron bien, fui campeona del mundo en el 2004, y en el 2006 subcampeona”, asegura Yadira.

Hoy, es toda una karateca experimentada, que no pierde el sueño de dar un último estirón a su gran carrera. “Muchos han opinado que es hora de retirarme, pero no, siento que puedo entregar más, un último golpe, una última patada, un triunfo. Hay muchos torneos por delante, en los que buscaré tener logros. Como mujer, como madre, como karateca, estoy en plenitud”.

El pequeño Yoshi grita, quiere que su mamá esté a su lado. “Nada sería lo mismo sin él conmigo. Cuando regreso de cualquier viaje, lo primero que busco es su cara, su sonrisa y un abrazo”.

Como aquel día en el 2004, cuando con la mirada entre el público quería encontrar a alguien para desahogarse, pero no sabía a quién, hoy, años después, sabe que buscaba la sonrisa de Yoshi Andrés.

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