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Cómo convivir con tu hijo adolescente y… ¡no morir en el intento!

iStockphoto/ThinkstockLos terapeutas señalan que un adolescente que no es conflictivo, no es un verdadero adolescente. Cuando se lee este título es por una de dos razones: ya estamos metidos hasta el cuello en los conflictos de la relación con la hija o el hijo adolescente, o ya nos rebasaron. Por muchos volúmenes que leamos, nunca podemos estar preparados para afrontar diversas reacciones, menos en el momento en que nos afligen.
Históricamente la adolescencia es una invención del siglo XX, ya que no había existido antes en ninguna latitud. Como todas las novedades, lleva tiempo acostumbrarse a ella. Se trata de una invención desconocida todavía en la mayor parte del mundo, porque a la edad en que hoy en día se declara inaugurada la adolescencia, la mayoría de las mujeres en África, India y China, están casadas y tienen hijos. Los hombres de esa edad trabajan desde pequeños y sus responsabilidades adultas empiezan muy pronto.

Adolescencia: ¿edad o enfermedad?
La adolescencia, bien analizada, es una deformación propia de la cultura de las clases económicas media y alta de América, Australia y Europa. Se conoce de esa manera porque socialmente se toman dos actitudes no solamente contradictorias, sino conflictivas. Por una parte cuentan con rasgos que los convierten en adultos, como por ejemplo la capacidad reproductiva. Por otro lado, la educación, la familia y las leyes aún los catalogan como niños. No todo es culpa del adolescente, sino del conflictivo manejo que se le da.

Receta básica: la comprensión
Como recomiendan en los grupos de autoayuda, lo primero es reconocer el problema y analizarlo de principio a fin. Tan pronto detectes que tu hijo adolescente está excediendo los límites o sus actitudes empeoran debes buscar la solución, o de lo contrario se volverá inmanejable. Recuerda, es más difícil resolver situaciones conflictivas cuando ya se está dentro de la crisis.
Si tus hijos son pre-adolescentes cuentas con un tiempo maravilloso para prepararte y prepararlos a lo que viene. Puedes buscar ayuda en libros, filmes, con algún terapeuta o con familiares y amigos cercanos a tu familia. Lo mejor es que tanto tú como tu pareja hablen por separado con él para que cada uno le explique acerca de los cambios físicos y emocionales que están por suceder. Estar informados y en plena comunicación es una de las principales bases para salir bien librados de la adolescencia.

Ingredientes activos: límites y firmeza
Los papás educamos según las modas del momento, sin embargo hay dos situaciones que no deben perderse, y son los límites claros y la firmeza en las decisiones. Cada casa es un mundo y por ello deberás evaluar las reglas necesarias para establecer una convivencia armoniosa y saludable. No sólo tienes el derecho, sino el deber de establecer los privilegios y las restricciones. Tus hijos deben saber con claridad cuál es la tuya, desde la forma de saludar a las visitas, los horarios para volver, hasta los permisos para salir. Éstos deben ser claros y precisos, pero sobre todo, inamovibles. No flaquees ante berrinches pero tampoco hagas leyes arbitrarias. Cuando estés tranquila y tu hijo también, explícale el por qué de cada una de ellas; una vez establecida, mantente firme y no cedas, salvo excepciones. Sin duda, prepararlos para la adolescencia es educarlos para la vida. Por lo mismo, es una labor que te llenará de orgullo y satisfacción.

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