Cómo deshacerte del estrés prenupcial

¡Qué ilusión! Por fin se acerca el día en el que llegarás vestida de blanco a unirte para siempre al amor de tu vida, pero entre el momento en que comienzas a preparar tu boda y aquél en el que escucharán el: “los declaro marido y mujer”, hay una verdadera batalla que las novias deben librar, pues son tantas las tareas y los detalles por hacer, que el estrés es inevitable, al punto de poner a algunas futuras esposas al borde de sufrir un ataque de nervios.

Una buena organización ayuda, pero no te salva completamente de la presión que pueden generarte las personas que están a tu alrededor.
Después de haber analizado las situaciones de muchísimas novias, te decimos quiénes son las cinco personas que pueden elevar tu estrés. Además, te sugerimos la manera de tratarlas, para evitar que acabes pidiendo a gritos ir al psicólogo.

1. Tu prometido

No lo podemos negar, la persona que más te estresará es justamente aquélla con quien vas a pasar el resto de tu vida. Los preparativos nupciales implican una enorme presión, tanto por el trabajo adicional de la organización, como por la interacción de sus familias y, no menos importante, por los gastos derivados de este evento tan importante.

La queja más frecuente de las novias es: “No me ayuda con nada”. Aunque también ellos protestan: “no habla de nada que no sea la boda”.

Lo que debes hacer:

La solución ideal es contratar a un organizador de bodas. Este profesional realmente resulta una bendición para la mayoría de los novios, pero necesita que ustedes se pongan de acuerdo primero, para saber en qué casos debe recurrir al novio y en qué otros a la novia.

Si no contarás con una organizadora, entonces es importante tener una buena planeación y saber cuál es su presupuesto. Habla con tu prometido, tengan presentes sus recursos económicos, incluyendo los regalos en efectivo o aquéllos que son en especie. Por ejemplo, si alguien les regala la luna de miel.

Divídanse las tareas equitativamente, tomen en cuenta el tiempo que disponen después de sus obligaciones laborales y compromisos sociales. Poner por escrito cada pendiente con todos los detalles, es una gran herramienta que te salvará de los olvidos que pueden costarte más dinero.

2. Los padres

Ellos nos han estresado toda la vida… ¿por qué habrían de evitarlo ahora? Uno de los principales puntos de fricción es el dinero. Sobre todo, cuando el gasto de la recepción corre por cuenta de alguno de ellos. Pero éste no es el único motivo de presión: ocurre a menudo que ellos quieren encargarse de todo y que deseen hacer las cosas a su gusto.

Muchas novias la pasan muy mal por las constantes discusiones con su madre y todavía peor, por los desacuerdos con su futura suegra. Sin duda, es un asunto que requiere de mucha paciencia y más diplomacia que la de un lord inglés.

Lo que debes hacer:

En las primeras etapas de la organización, siéntate con tus padres para saber si aportarán dinero y cuánto. Antes de continuar, ponte de acuerdo con ellos acerca del número de invitados. Hazles saber qué tipo de boda quieres y en ese momento pregúntales qué es lo que a ellos les gustaría. Éste es el momento de negociar. Tal vez haya algunos aspectos en los que desees darles gusto, pero si esas concesiones involucran a tu novio, no prometas nada antes de hablarlo con él.

Además, puedes hacer que tus padres y tus suegros se sientan incluidos en la preparación de la boda, asignándoles algunas tareas, como por ejemplo, conseguir precios, visitar proveedores o negociar tarifas de hotel para los invitados de fuera.

3. Los que “opinan de todo”

Tu boda es todo un acontecimiento, por lo que tus familiares y amigos querrán estar al tanto de los preparativos y conocer los detalles. Lo malo es que no te salvarás de sus opiniones, muchas de las cuales seguramente atacarán sin piedad tu paciencia.

Lo que debes hacer:

Primero que nada, no te tomes nada a pecho. Si la tía Julia insiste en prestarte el tocado de la bisa-buela que tiene siglos guardado o entre bolitas de naftalina, no te precipites a decirle que no. Escucha y con toda la amabilidad del mundo, dile que le agradeces su sugerencia y que lo vas a pensar.

4. Amigos y parientes divorciados

Ellos te estresan porque, tal vez, te preocupa que no estén cómodos en tu boda. Por ejemplo, si invitas a dos amigos que fueron pareja y están divorciados, puedes tener miedo de que al verse surjan viejas fricciones. Esto empeora si se trata de tus padres o suegros, quienes además asistirán con una nueva pareja.

Lo que debes hacer:

Antes de la boda, puedes sentarte con cada uno de ellos y decirles: “Estoy feliz de que asistan a mi boda y espero que me hagan un enorme favor. Ustedes pelean mucho y realmente deseo que mi boda se enfoque en el amor. ¿Podría pedirles que hagan un pacto de no agresión para esta ocasión tan especial?”.
Cuando se trata de los padres, recuerda que ya sea tu mamá o tu papá, siempre estarán en primer plano ese día, aunque ya no estén juntos. Si quieres que uno de ellos participe en la ceremonia civil o religiosa, pero el otro no quiere, tendrás que tener mucho tacto para intentar negociar un asunto tan delicado.

5. Proveedores

Por lo regular, los proveedores buscan obtener más ganancias y por eso, te presionarán para que contrates tal o cual cosa adicional a la que tenías planeada. Tratarán de convencerte que lo que venden es algo que “mereces”. ¡Cuidado! Son muy hábiles y en menos de lo que piensas pueden atraparte.

Lo que debes hacer:

Atente a tu presupuesto. Cuando traten de “enamorarte” con sus propuestas, sé firme y diles “es precioso, pero está fuera de mi presupuesto”. Si de verdad te encanta lo que te ofrecen, antes de decir: “Sí, lo quiero”, revisa de dónde puedes recortar para que te alcance y puedas darte ese lujito extra sin que terminen endeudados después de la boda.

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