Cómo encontrar el placer del momento

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Stockbyte/Thinkstock

Hoy, más que nunca, las personas manifiestan un profundo y sincero deseo de encontrar la felicidad y la plenitud personal. Sin embargo, pocas pueden sentirse realmente felices. Si nos detenemos a preguntar a quienes nos rodean, en qué consiste el placer del momento nos sorprenderíamos de las respuestas, pues es casi un dato generalizado que se piensa que la felicidad no se puede obtener en dosis pequeñas, sino en una sola y definitiva, la cual debido al grado de dificultad para alcanzarla se convierte en algo muy lejano o imposible de alcanzar.

¿Por dónde se va la felicidad?

Es sorprendente observar cómo algunas mujeres muestran una energía y determinación impresionante en la búsqueda de su realización y plenitud, y cómo se quedan a la espera de la felicidad tan deseada, por actitudes que toman y que las limitan. Al parecer, o no están haciendo lo que deberían o les falta realizar un segundo esfuerzo, pero de entrada asumen que no han hecho lo suficiente.

Es en esta búsqueda desenfrenada en la que se vuelven defensoras de sus acciones, las justifican y difícilmente son capaces de reconocer sus propios esfuerzos, que si fueran valorados por ellas mismas se convertirían en pasos firmes dirigidos a su meta y, por ende, en destellos de felicidad.

Sin duda alguna todos estamos llamamos a ser felices, el universo entero en su orden y maravilla es prueba de que todo está planeado y nuestras vidas debían ser concordantes con la belleza de todo lo creado; luego entonces, algo falla.

El asunto es que se esfuerzan mucho en hacer las cosas bien y en alcanzar la felicidad, pero se les sigue escapando. Es como cuando un niño va por primera vez a la playa, no sabe lo que verá, y a cada río, laguna o charco que ve, por pequeño que sea, pregunta si eso es el mar. No sabe si llegó o no, porque no sabe lo que es. Con la felicidad pasa lo contrario: se tiene una idea equivocada de lo que es y por eso no sabemos reconocerla cuando aparece, pues se da por hecho que se alcanza al momento de obtener distinciones, dinero, bienes materiales, belleza o que está condicionada a que personas o sentimientos aparezcan en el mapa.

Logros a tu estilo

Las tareas y responsabilidades de cada uno son distintas, pero el gozo de cumplirlas y hacer la parte que corresponde en el gran concierto de la vida, tienen el mismo valor. Es importante reconocer y disfrutar el propio esfuerzo sin compararlo, sólo porque nos esforzamos y hacemos nuestra parte.

El estado ideal de todo ser humano sería llegar al punto de poder decirse a sí mismo “soy feliz porque cada día construyo un poco mi felicidad”. Lo que vale de esa realización, no es tenerla terminada, sino lucharla. Resulta muy obvio si se compara con la construcción de una casa: Ganar una mansión amueblada en un sorteo debe ser formidable, pero todos preferirían recibir el importe y construirla a su gusto o amueblarla con su estilo personal.

La casa por sí misma, no constituiría la felicidad, pero sí su construcción, el esfuerzo, el sueño (más si todo esto es compartido) harán que la relación con esa casa sea diferente y más valiosa que sólo recibirla. Eso comprueba que a cada paso, cada barda, cada instalación que se le agregue, constituye un gozo. El punto importante aquí es que la felicidad se encuentra a lo largo del camino, no sólo al final.

Al parecer, hoy es fácil entender que cada una de las miles de especies de insectos que pueblan el planeta tiene una función concreta en él y se deben cuidar a todas y cada una, pero no es tan fácil aceptar que cada persona tiene una misión y hace una aportación única y personal sumamente valiosa. El conocimiento de esa misión y la aceptación de esa función es necesaria para sentirse plenamente realizados. El cosmos habla de equilibrio y balance, total perfección y belleza. ¿Qué nos hace pensar que nosotros, todos y cada uno, no somos acordes a esa belleza?

Es regla del universo que, al haberte invitado a vivir, a ser, estés llamada a ser única, plena y feliz.

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