Cómo entender al hijo difícil

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Se considera que un hijo es difícil de educar si encuentra obstáculos importantes para hallar el sentido en los valores, métodos y procedimientos para la convivencia con los demás y la armonía consigo mismo.

Ciertas conductas son comunes en estos niños:

• Muestran poca docilidad.
• Manifiestan inconstancia para la cooperación en el orden.
• Se retraen del medio ante aquello fuera de su agrado y se encierran en sí mismos, o se abren en un berrinche.
• Responden de forma agresiva, provocativa o conflictiva.
• Realizan travesuras con frecuencia.
• Se muestran poco constructivos en sus relaciones sociales.

La educación y la genética

Si la educación no son reglas ni listados ni manuales, sino vivencias, entonces es fácil quitar las condenas usuales a las que sometemos a los hijos y darnos a nosotros mismos la tranquilidad como padres de que es posible modificar la escena que nos está poniendo en jaque en determinado momento –llámese berrinche, mala palabra o actitud resistente. Las frases “eres idéntico a tu padre” o “salió igual que su abuelo” restan eficacia a nuestro esfuerzo por encontrar una solución. Si al decir estas frases recordáramos también los afectos positivos que nos motivaron a tener un hijo con determinada persona o nombrarlo como algún pariente, nos daríamos cuenta de que nuestros hijos son más que un refrendo de genes: son nuevas y múltiples posibilidades de mejora. Al considerar el valor de la genética con el poder de la educación, hallaremos la paz y el amor para llevar a cabo nuestra labor.

Qué es posible educar y qué no

Hijos y padres son diferentes e iguales; aprenden de forma independiente y única. La educación se da en la experiencia diaria, es vivencia, por lo que tiene un gran poder: lo que vamos a enseñar, lo tenemos que vivir.

Los valores, los gestos, los procederes que deseamos que reproduzcan nuestros hijos tienen que ser parte real de nuestra vida.

Entonces, ¿por qué si eres ordenada, tu hijo no lo es? Quizá falte el ejemplo de otro valor que es la constancia. Podría ser que seas inconstante en pedirle orden o inflexible en conocer y comprender qué entiende él por orden, cómo lo asume según las propias características personales y de su mundo. Si los aspectos, características y temperamentos coinciden, considéralo una fortuna; si difieren, tómalo como una opción, una alternativa para tratar o resolver un mismo asunto.

Ser flexibles ante las diferencias individuales de nuestros hijos les abre a los chicos un camino automático de seguridad, autoestima y autoaceptación. Además, facilita el diálogo, un medio para conocernos a nosotros mismos y mejorar las relaciones con los demás.

Más tiempo de calidad

Hoy la vida es diferente a la de antes. El tiempo de convivencia se ha reducido y nuestros hijos pasan largos periodos en otros ambientes distintos al familiar. Por tanto, la calidad de nuestra relación con ellos presenta mayores exigencias y requiere de métodos más eficaces. Los valores son una herramienta maravillosa para lograr mejores acercamientos; se tolerante pero firme, flexible pero constante, alegre pero fiable.

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