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Cómo es la nueva mujer global e individual

Psicología: cuestión de geografía

Me robo esta frase y la compongo. Es de una película muy chistosa que ocurría en Tokio. Se llama “La Casa de Té de la Luna de Agosto”. El guía del americano, quien no entendía las costumbres japonesas, estaba escandalizado de que en Japón toda una familia se bañara junta, le decía al americano con una graciosa reverencia: “Pornografía, cuestión de geografía”.

Yo lo aplico a la psicología, porque no es lo mismo ser mujer en Japón, en la India, en Irán o en Estados Unidos. En México, que por su cercanía y su influencia siempre ha tenido una relación amor-odio con los Estados Unidos (la clásica love-hate relationship), ser mujer es complicado porque tenemos mucho de la psicología americana, pero mucha tradición machista que nos acerca sociológicamente más a la India o Irán que a nuestros vecinos.

Ni somos la sumisa mujer musulmana, ni somos la evolucionada e independiente mujer norteamericana. En general no es fácil ser mujer hoy en día, y mujer latina, menos. Somos la mujer global.

Tan cerca de los Estados Unidos

Según distintas maneras de pensar, esto puede ser bueno o no. Para mí, las mujeres latinas tenemos que dar gracias de estar tan cerca de los Estados Unidos porque allá son más open-minded en relación a las mujeres y acá nuestro compañero, novio o marido típico es más bien medieval (o, como diría una amiga, “eval y medio”). Nuestros países latinos defienden el nacionalismo para oponerse a los modos americanos, pero suelen decretar roles estrictos y limitados para las mujeres.

En todos los países colonizados o semi, ha sucedido que cuando se liberan del “malvado imperialista” que trató de introducir costumbres más liberales e igualitarias para las mujeres, los nacionales vuelven al pasado remoto. En la India, los ingleses prohibieron quemar vivas a las viudas junto al marido muerto o casar a niñas menores de 10 años. Cuando se independizaron de Inglaterra, en algunas provincias volvieron a quemar viudas (pronto tuvieron que suspender esta barbaridad) y los matrimonios arreglados entre menores siguen existiendo. En Marruecos y Argelia los franceses habían decretado leyes de igualdad y las mujeres tenían derecho a elegir marido, dejar de usar el velo e ir a la Universidad; en cuanto se independizaron de Francia, les volvieron a plantar el velo y a casarlas desde niñas, sin oportunidad de estudiar ni opciones. No se diga el caso de Kenia, Egipto y Sudán, donde los ingleses prohibieron la mutilación genital de las niñas. En cuanto se independizaron, volvieron a su costumbre con la agravante de que ahora se mutila incluso a niñas de familias educadas.

¿Tan lejos de Dios?

La religión católica y el idioma español eran los dos grandes diferenciadores entre nuestros países. Conforme el catolicismo ganó terreno en EE.UU. y el inglés lo ganó en todo el mundo, las diferencias empezaron a atenuarse y luego los medios audiovisuales trajeron a nuestra latina vida cotidiana imágenes de mujeres en roles muy variados, no sólo los de esposa y madre que nosotros conocíamos.

Pero junto a las ventajas de ciertas pequeñas libertades que fuimos copiando y conquistando, surgieron también grandes conflictos de imagen y de identidad.

Hay preguntas que parecen muy complicadas de contestar: ¿Ser mujeres latinas automáticamente nos hace más tradicionales, hogareñas y maternales? ¿Los modos norteamericanos que vamos aprendiendo nos alejan del ideal masculino de feminidad? ¿Es pecado aspirar a tener una identidad propia? ¿Es egoísmo desear una carrera y una realización personal y no sólo una familia como única meta?

El hombre es un animal que elige

Eso decía el filósofo Nietzche. Y decía bien porque la mujer no había elegido nunca: los demás siempre habían decidido por ella. Su cuerpo, su destino, su inteligencia habían estado enajenados. Como una eterna menor de edad tenía que pedir permiso para vivir su vida: lo mismo para disfrutar su sexualidad que para moverse, viajar, vestirse, estudiar o trabajar, contraer matrimonio o tener hijos.

Para algunas mujeres, tomar decisiones sobre su propia vida es aún difícil e incómodo: tan ajeno a su modo de ser como hablar un idioma extranjero.

Para otras empieza a ser la manera natural de vivir y tan sencillo como hablar inglés casi como su lengua materna.

Lo mejor de los dos mundos

Para mí, más que un dilema, la posibilidad de vivir lo mejor de cada uno de nuestros dos mundos, el latino y el norteamericano, es un gran regalo de la geografía.

Aquí nos tocó vivir, como dice una conocida conductora mexicana de TV, y es mejor sacarle provecho a esa posición geográfica privilegiada que quejarnos de la dificultad de elegir una manera de ser propia.

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