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Cómo evitar el maltrato en los niños

Por desgracia, hoy en día en el ámbito mundial, ocho de cada diez niños son víctimas del maltrato físico y psicológico por parte de los adultos e inclusive niños mayores. Padres golpeadores, madres negligentes, familiares, maestros y desconocidos, son los autores
de un acto abrumador: el hurto de la infancia y de la inocencia.

¿Cómo detectarlo?
El maltrato físico en los niños se da en el seno del hogar, las escuelas e instituciones a donde las víctimas acuden llenas de confianza. Un niño desconoce la malicia y en su inocencia no
puede concebir que personas tan cercanas a él o los que le han dado la vida serán capaces de lastimarlo.

El abuso físico a un menor es el más fácil de detectar. Cualquier médico o docente entrenado, sabrá distinguir entre hematomas causados por un accidente normal en la infancia, como una caída
de la bicicleta, o por la mano de un adulto. Lo mismo sucede con
otro tipo de heridas, fracturas, luxaciones, quemaduras y desgarros que un pequeño maltratado físicamente llega a presentar.

Un ejemplo del maltrato físico, desgraciadamente aún aceptado por la sociedad, es el castigo físico. Éste supone corregir la conducta inadecuada del niño por medio de golpes, bofetadas, azotes  y pellizcos, entre otros. Aunque actualmente el castigo físico está desapareciendo de las escuelas, aún se aplica en casa con la certeza de que de esta manera los hijos aprenderán a comportarse.

Esto está muy alejado de la realidad, ya que la pequeña víctima, lejos de entender el mensaje, se siente humillada y lastimada. La gran ironía es que en la mayoría de los casos, una madre o un padre que golpea, lo hace por ignorancia, por crearse falsas expectativas acerca de su hijo y por ponerle objetivos demasiado grandes, sin embargo, muy en el fondo, los golpes tienen más que ver con un desahogo personal.  Muchos progenitores  utilizan el castigo físico para  dar rienda suelta a su frustración, el estrés acumulado durante el día y una neurosis latente. En general, los padres golpeadores son personas que no saben lidiar con los conflictos diarios, acumulan una gran ira en su interior, la cual estalla en sus propios hijos.

Los tristes resultados

Las consecuencias de la violencia física en contra de los más pequeños se manifiestan en pesadillas y problemas con el sueño, falta de apetito o un apetito voraz que a su vez causa problemas de obesidad y trastornos psicosomáticos como falta de control de los esfínteres.

Los golpes no sólo dejan secuelas en el cuerpo, sino también en la psique. Un niño agredido físicamente se puede mostrar hiperactivo o retraído, su  rendimiento escolar baja, pierde interés por las cosas, se muestra asustado ante cualquier situación violenta. En los casos más graves hay pequeños que comienzan a caer en la dependencia de las drogas y del alcohol o huyen de sus casas.

Otro tipo de maltrato infantil, por desgracia mucho menos notorio, es el abuso psicológico. Éste puede manifestarse en un rechazo por parte de los padres o negligencia, es decir, la falta de atención y del cumplimiento de las demandas básicas y necesarias que cada niño requiere. Las consecuencias son: la desnutrición, vacunaciones incompletas, deserciones escolares y accidentes por el desinterés y descuido de los padres.

La degradación radica en humillar al niño en público y en privado, ya sea por medio de palabras humillantes o con comentarios que atacan directamente su fisonomía, su forma de ser, sus gustos y sus sueños.

La autoestima se deteriora

El abandono emocional consiste en privación de afecto indispensable para los pequeños, falta de estimulación para que pueda desarrollarse óptimamente y carencia de respuesta ante el llanto, la angustia o la alegría del niño.

Las consecuencias del maltrato físico y psicológico de los niños son terribles; por un lado, los pequeños se muestran retraídos, sumisos y tristes o actúan de una manera muy agresiva con sus compañeros. No pueden establecer relaciones interpersonales sanas y profundas, además de que su autoestima está tan deteriorada que el niño llega a creer que lo que sucede es su culpa o que es una manera normal de corregirlo.

Las víctimas más pequeñas suelen también mostrar un retraso en su desarrollo intelectual y tienen dificultades con el aprendizaje.  Finalmente, un niño maltratado psicológica y/o físicamente, con los años tiene muchas probabilidades de vivir una situación similar como la de la infancia, siendo víctima o victimario, además de presentar problemas en sus relaciones interpersonales.

Ser niño, además de ser frágil e indefenso, también implica ver al mundo con ojos de amor, igualdad, pureza y confianza, cuestiones que con los años llegan a olvidarse o reprimirse por las circunstancias vividas. La infancia es el momento más bello y liviano de todas las etapas por las cuales pasa un ser humano, y por lo mismo debe ser protegida al máximo por el entorno. Robarle esa posibilidad a un pequeño, despojarlo de la frescura y candidez de esos años es un crimen, al igual que defraudar la confianza y el amor que un niño deposita en nosotros los adultos los pilares de su futuro físico, psicológico e intelectual.

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