Cómo evitar un embarazo de alto riesgo

Padecer una enfermedad antes del embarazo o durante éste implica llevar un control médico más riguroso. Aunque los riesgos se incrementan, la mayoría de las mujeres con un problema de salud dan a luz bebés vigorosos. Durante los meses de gestación, el cuerpo de la madre debe cumplir
con demandas extras; una enfermedad preexistente podría agravarse o afectar al feto. Es necesario tomar en cuenta estos aspectos: Si tienes una enfermedad y planeas tener un hijo, atiéndete antes de embarazarte. Ante una enfermedad crónica, asegúrate de llevar un control médico de la misma antes, durante y después del embarazo. Considera que quizá modifiquen tu medicación, frecuencia en las consultas, te pidan someterte a exámenes especiales o incluso que permanezcas hospitalizada. Si llegaras a desarrollar alguna enfermedad durante el embarazo, conserva la calma, sigue las indicaciones y el tratamiento de los especialistas,
y recuerda que en la gran mayoría de los casos mamá e hijo no sufren complicaciones.

Hipertensión arterial

Una de las funciones del corazón, vital para el organismo, es la de bombear sangre con oxígeno al resto del cuerpo a través de las arterias; las venas, por su parte, se encargan de regresar la sangre al corazón. La contracción constante o latido del músculo cardiaco y el ciclo circulatorio que genera, conforman lo que conocemos como presión arterial.
Cuando la presión arterial se encuentra en sus niveles normales, los vasos sanguíneos de las arterias (arteriolas) están dilatados, de manera que la sangre fluye fácilmente; por el contrario, los niveles elevados de tensión arterial obedecen al estrechamiento de los vasos sanguíneos y la consecuente dificultad para que la sangre fluya, es decir, aumenta la presión en las arterias. La medición de la presión arterial consiste en dos lecturas: la de la presión arterial sistólica y la de la presión arterial diastólica. La primera señala la presión en las arterias cuando el corazón se contrae; la segunda, la presión en las arterias cuando el corazón se relaja. Se indican mediante dos números, por ejemplo: 110/80

Hipertensión y embarazo

Mediante el aporte adecuado de sangre a la placenta, la madre transmite al bebé el oxígeno y los nutrientes que necesita. Al presentarse presión arterial elevada se podría afectar el desarrollo del feto. Se habla de tensión alta en una mujer embarazada cuando presenta durante varias lecturas una presión sistólica mayor a 140 y diastólica superior a 90. Las lecturas 120/80 se consideran normales. Puede ser que la mujer haya padecido hipertensión antes de embarazarse (hipertensión crónica) o ésta se presente por primera vez durante el embarazo (hipertensión gestacional).

Hipertensión crónica. La hipertensión permanecerá durante el embarazo y luego del alumbramiento. Las mujeres hipertensas deben llevar un estricto control médico, pues están en riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca o derrame cerebral. Durante los meses de gestación, lo más seguro es que el especialista ajuste la dosis y el tipo de medicamento que se debe tomar.
Hipertensión gestacional. Tiende a normalizarse tras el alumbramiento. Las mujeres que la padezcan deben visitar al médico con mayor frecuencia para monitorear la presión, en especial porque es un posible factor desencadenante de preeclampsia.

Preeclampsia
Se desarrolla después de la semana 20 de embarazo y se caracteriza por presión arterial alta y presencia de proteína en la orina debido a una sobrecarga de los riñones. Algunos de sus síntomas son: dolor de cabeza, cambios en la visión, hinchazón de manos y cara, aumento súbito de peso. Se desconocen sus causas, pero suele ser más frecuente en el primer embarazo, en mujeres obesas, mayores de 35 años, con antecedentes de hipertensión, enfermedad renal o diabetes, en embarazos múltiples y en quienes padecen ciertos trastornos inmunitarios, como lupus.

La preeclampsia cede al dar a luz; pero si el bebé aún no se ha desarrollado lo suficiente para sobrevivir fuera del vientre materno, se busca controlar la enfermedad mediante el reposo absoluto y el control exhaustivo de la madre. Una vez que sea viable, se induce el parto. En casos graves, la preeclampsia puede dañar los riñones, el hígado, el cerebro, el corazón y los ojos de la madre, además de que podría producir convulsiones (eclamsia). Esta situación requiere adelantar el parto, lo que implica un nacimiento prematuro del bebé y los riesgos que esto conlleva.

Si padeces hipertensión

Antes de embarazarte:
• Baja de peso con un adecuado régimen alimenticio y con ejercicio.
• Sigue las indicaciones del doctor en cuanto a la medicación.
• Habla con tu médico sobre tus planes de embarazarte; él te dirá si puedes seguir tomando el mismo   medicamento.
• No fumes.
Durante el embarazo:
• Acude con frecuencia al médico para que pueda detectar cualquier variación en tu presión, peso y nivel de proteína en la orina.
• Pregunta si debes hacerte mediciones en tu casa.
• Avisa de inmediato al especialista si observas algún signo que advierta el desarrollo de preeclampsia.

Diabetes

La diabetes mellitus es una enfermedad crónica que se desarrolla cuando el páncreas no produce suficiente insulina o el organismo no la utiliza eficazmente. Como consecuencia, se registran niveles altos de glucosa en la sangre. Entre las posibles complicaciones de la diabetes en mujeres embarazadas se encuentran:
• Aborto espontáneo
• Defectos congénitos (cardiacos, renales y problemas en la columna vertebral)
• Polihidramnios (exceso de líquido amniótico que presiona los pulmones de la madre, dificultando su respiración)
• Macrosomía (crecimiento excesivo del bebé; se dificulta el parto vía vaginal y se incrementan las probabilidades de realizar cesárea. A su vez, los bebés excesivamente grandes pueden presentar niveles bajos de glucosa, calcio y magnesio, exceso de glóbulos rojos, ictericia
y problemas respiratorios)
• Muerte fetal
• Síndrome de dificultad respiratoria (los pulmones del bebé maduran lentamente; al nacer podría presentar problemas para respirar)
Preeclampsia

Diabetes gestacional

Las mujeres embarazadas corren el riesgo de contraer la llamada diabetes gestacional, una forma de intolerancia a la glucosa, aun si antes no padecían diabetes. Se desarrolla en entre el 2 y 5% de mujeres encinta y generalmente desaparece al dar a luz. Sin embargo, el 70% de las mujeres que tuvieron diabetes gestacional desarrolla diabetes tipo 2 más tarde en su vida.

Los factores de riesgo para contraer diabetes gestacional son: antecedentes familiares de diabetes, obesidad, ser mayor de 30 años, haberla padecido en un embarazo anterior o haber tenido un bebé muy grande. El tratamiento se orienta a normalizar los niveles de glucosa en la sangre de la madre –mediante dieta, ejercicio y administración de insulina–, a fin de evitar complicaciones en el bebé.

Si padeces diabetes

Tu principal objetivo será mantener tus niveles de glucosa en un rango normal; para ello, te hacemos las siguientes recomendaciones.

Antes de embarazarte:

Si has decidido tener un hijo, recuerda que debes recibir atención especializada desde el principio del embarazo para reducir el riesgo de complicaciones.
Durante el embarazo:
• Visita al ginecólogo y a un especialista en atención de la diabetes con mayor frecuencia.
• Consulta con un especialista si debes modificar tu dieta; puede que ésta varíe a lo largo del embarazo, en especial al acercarse el parto.
• Haz ejercicio de acuerdo con tu estado de salud y el tiempo que tienes de embarazo. Tu médico te orientará.
• Revisa tus niveles de glucosa en la sangre todos los días; esto ayudará a determinar la cantidad de medicamento que deberás tomar. Quizá sea necesario que realices las mediciones varias veces al día.
• Administra tus medicamentos en las dosis que indique el médico, ya sean inyecciones de insulina o píldoras de agentes hipoglucémicos. Estos no dañan al bebé porque no atraviesan la placenta.
• En caso de que el tratamiento en casa no te dé resultado, deberás permanecer hospitalizada.
• Debes someterte a ciertas pruebas que contribuyan a detectar cualquier anomalía en ti (nivel de hemoglobina A1c –HbA1c–, que mide el promedio de glucosa en sangre durante los dos o tres meses previos) o en tu bebé (ecografía, amniocentesis y control fetal).

Obesidad
Se dice que una persona es obesa cuando su peso excede los niveles saludables. Su cantidad de grasa corporal es considerablemente mayor que la de su masa muscular magra. En un adulto, la obesidad estará determinada por un Índice de Masa Corporal superior a 29. Aunque últimamente se han difundido más los riesgos del sobrepeso, es un importante problema de salud. De hecho, más de un 30% de las mujeres son obesas.

La obesidad en el embarazo puede causar problemas en la madre y en el bebé. Las mujeres tienen más probabilidad de tener hipertensión gestacional, diabetes gestacional y dar a luz a través de cesárea. En tanto, los bebés corren el riesgo de nacer con defectos congénitos, en especial del tubo neural.

Si padeces obesidad

Antes del embarazo:
Baja de peso si planeas tener un hijo. Habla con tu médico para que te oriente en cuanto al régimen nutricional que debes adoptar.
Durante el embarazo:
No debes bajar de peso; sin embargo, el médico desde el principio establecerá un rango de aumento de peso saludable para ti. Una adecuada ganancia de peso antes de la semana 24 garantizará el correcto potencial de crecimiento de tu bebé.

Enfermedades de la tiroides
La glándula tiroides se ubica en el cuello, arriba de la tráquea. Entre sus funciones está el regular el metabolismo. Un trastorno de la tiroides provocará que el cuerpo consuma energía de manera más rápida o más lenta de lo normal. Así, el hipotiroidismo implica que esta glándula no está muy activa, y el hipertiroidismo, que está demasiado activa.

El hipotiroidismo puede ocasionar, entre otros problemas, aumento de peso, mayor sensibilidad al frío y fatiga; en tanto, el hipertiroidismo produce pérdida de peso, mayor sensibilidad al calor e incremento de la frecuencia cardiaca. Durante el embarazo, ambas condiciones pueden afectar a la madre y al bebé. Pero la detección temprana puede prevenir las repercusiones graves en el feto.

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El hipotiroidismo puede provocar: El hipertiroidismo puede provocar: En el bebé -Parto prematuro (antes de la semana 37)
-Tamaño más pequeño de lo normal
-Deficiencia mental -Parto prematuro
-Tamaño más pequeño de lo normal
-Hipertiroidismo
-Es potencialmente mortal En la mamá -Preeclampsia
-Desprendimiento de placenta -Insuficiencia cardiaca o latidos irregulares
-Crisis tiroidea (hipertiroidismo grave)

Tiroiditis posparto
Algunas mujeres no manifiestan problemas tiroideos durante el embarazo, sino que los presentan después del parto. Generalmente el trastorno –generado por la inflamación de la glándula tiroides– es pasajero, normalizándose de forma rápida los niveles hormonales. En algunos casos, esta condición produce hipotiroidismo a largo plazo.

Si padeces enfermedad de la tiroides
Antes de embarazarte:
Si planeas embarazarte o ya lo estás, informa de inmediato al médico sobre tu enfermedad, pues los exámenes del funcionamiento de la tiroides no están incluidos en la atención prenatal regular.
Un especialista debe controlar el trastorno de tiroides antes de que quedes embarazada. Un tratamiento adecuado mantendrá tus niveles de hormonas equilibrados durante todo el periodo de gestación.
Durante el embarazo:
Debes contar con supervisión médica para disminuir el riesgo de complicaciones. El doctor medirá tus niveles de la hormona tiroidea a intervalos periódicos durante el embarazo para asegurarse de que sean saludables.
Sigue el tratamiento que tu doctor te indique. La mayoría de los medicamentos no son perjudiciales para el feto, pero hay algunos que sí lo podrían dañar, como el yodo radioactivo empleado para tratar hipertiroidismo.

Enfermedades cardiacas
Un bajo porcentaje de mujeres embarazadas sufre enfermedades cardiacas. En este rubro se encuentran los defectos congénitos, la enfermedad reumática cardiaca, las cirugías previas del corazón y los ataques cardiacos anteriores.
Durante el embarazo se producen cambios relevantes en el sistema circulatorio; entre estos, el aumento del volumen de sangre, mismo que obliga al corazón a trabajar más.
Entre los riesgos que pueden aumentar las enfermedades cardiacas están: parto prematuro, bebé más pequeño de lo normal o con algún defecto congénito.

Si padeces enfermedad cardiaca
Antes de embarazarte:
Habla con tu médico para que él evalúe el riesgo que pudiera haber de que surjan problemas de acuerdo a tu padecimiento particular.
Solicita la atención de un especialista en enfermedad cardiaca, quien te explicará cómo puede afectar tu padecimiento el embarazo, y el embarazo tu corazón. De ser necesario, te dirá qué medidas tomar antes de que concibas.
Durante el embarazo:
Sigue las indicaciones de los médicos que te atiendan.
El trabajo de parto y las contracciones demandan más esfuerzo cardiaco. Aun así, el parto vaginal es más seguro, en la mayoría de los casos, que la cesárea. Si el especialista decide que tu bebé nazca por parto natural, quizá deba usar fórceps o extracción por vacío para acortar el trabajo de parto.

Trastornos de los pulmones
Básicamente son dos las enfermedades de tipo pulmonar que pueden afectar el embarazo: asma y neumonía.

Asma
• Se caracteriza por respiración sibilante y dificultad para respirar.
• Efectos en el bebé: si no hay tratamiento, le priva de oxígeno.
• Tratamiento: la madre no debe suspender los medicamentos (la mayoría no causa daño si se usa en el embarazo, pero se debe consultar al especialista) ni los inhaladores. Es muy probable que los ataques continúen, por lo que la atención médica regular es imprescindible para vigilar la salud del bebé.
Neumonía
• Es una infección de los pulmones. El diagnóstico se confirma mediante una radiografía (se debe informar al técnico de radiología que la paciente está embarazada).
• Efectos en el bebé: podría recibir menos oxígeno.
• Tratamiento: se suministran antibióticos y puede ser necesaria la hospitalización de la madre hasta que la infección se haya curado.

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