Cómo hacer el amor toda la vida

Interés y poder sexual
En nuestra cultura glorificamos la sexualidad de los jóvenes y denigramos la sexualidad de los ancianos. A los hombres mayores que siguen sintiendo deseo sexual les llamamos “viejos rabo verdes”. Asumimos que la capacidad sexual masculina llega a su punto álgido en la adolescencia y a partir de ahí declina, pero esto demuestra que no llegamos
a entender plenamente el funcionamiento sexual. La fuerza sexual no reside únicamente en la potencia (la cantidad de esperma), la velocidad con la que se consigue la erección
o la distancia a la que un hombre puede lanzar su semen cuando eyacula.

El verdadero poder sexual está relacionado con la capacidad de satisfacerse uno mismo y de satisfacer a la pareja.
Esta capacidad puede aumentar a lo largo de la vida según nos adaptamos a los cambios que inevitablemente van ocurriendo. Hay muchas cosas que los hombres pueden hacer para mantenerse interesados en el sexo y en el placer a medida que envejecen.

En nuestra cultura, también se asume que las mujeres mayores pierden todo interés en el sexo, y a las mujeres postmenopáusicas se les suele tildar de ancianas o “vejestorios”. Aunque la fertilidad de la mujer también llega al punto más alto al principio de la edad adulta, su capacidad de sentir placer sexual puede expandirse a lo largo de toda la vida. Cuando llega el final de la fertilidad en la menopausia, muchas mujeres descubren que sienten más deseo sexual que antes, porque el nivel relativo de testosterona aumenta. Hay cambios fisiológicos que tienen lugar en la menopausia, pero pueden ser integrados, e incluso pospuestos, por medio de tratamientos hormonales.

Sexo adulto
A diferencia de lo que indican los estereotipos culturales, las personas de la tercera edad suelen tener muchos más encuentros sexuales de lo que se piensa habitualmente. En una encuesta llevada a cabo por la revista Consumer Report sobre una muestra de 4,246 hombres y mujeres, se llegó a la conclusión de que el 80% de los hombres y mujeres casados de más de 60 años mantienen actividad sexual. El 58% de ellos mantienen al menos un encuentro sexual semanal.

Evidentemente, el sexo cambia a medida que nos hacemos mayores y nuestros cuerpos se transforman, pero esto no significa que debamos deslizarnos hacia la obsolescencia sexual. Por otra parte, es fácil preocuparse por la pérdida de la respuesta sexual que tuvimos en la adolescencia o en la juventud. Cometemos el error de asumir que nuestro deseo seguirá igual en todas las etapas de la vida. Nos preocupa que nuestra sexualidad o la de nuestra pareja cambie y que sea otra cosa distinta a lo que estábamos acostumbrados.

Como las investigaciones médicas sobre el funcionamiento hormonal están dejando cada vez más claro, nuestro deseo sexual cambia dramáticamente a lo largo de la vida, y dichos cambios varían según los sexos y de un individuo a otro según su perfil hormonal.

Es importante recordar que cada etapa de la vida sexual y cada década ofrece sus posibilidades únicas en el ámbito de la pasión. De hecho, cada nueva etapa nos ofrece la oportunidad de profundizar en la relación si somos capaces de superar las dificultades y tensiones que se presentan en los momentos de transición.

El estereotipo que afirma que los hombres quieren sexo y las mujeres romance pierde progresivamente veracidad a medida que hombres y mujeres envejecen. Con la edad, los niveles de testosterona descienden en los hombres, mientras que en las mujeres mayores, el nivel relativo de testosterona (con relación a las demás hormonas) aumenta.

El resultado final es que hombres y mujeres se hacen más compatibles al envejecer, porque sus niveles hormonales no son tan dispares.

Comunicación y deseo
Es necesario y esencial establecer una comunicación abierta y honesta sobre los ciclos de deseo que cada uno experimenta.
Esa comunicación suele depender del lenguaje corporal, pero es muy fácil malinterpretar o no entender las señales del cuerpo de nuestra pareja. En lugar de reaccionar con decepción y dolor, es fundamental que expresemos nuestro deseo verbalmente y que invitemos a nuestro compañero o nuestra compañera a expresar el suyo.
A menudo el problema está en la actitud. La enfermedad provoca temor, timidez y depresión tanto en el paciente como en su pareja.

Si el coito supone un riesgo para la salud, la pareja puede tenerlo mediante caricias mutuas. La mayoría de las enfermedades no impiden tener cercanía. Si el sexo tradicional se vuelve difícil, no funciona o no se desea simplemente, existen otras alternativas.

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