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Cómo rehacer tu vida después del divorcio

Este es un tema que no habrían tocado nuestras abuelas
¡ni con el pétalo de una rosa! Ni a 10 metros de distancia… ¿Segunda vuelta? ¡El matrimonio es para siempre! (Decían con un suspiro).

Era un secreto bien guardado: todas las parejas tenían sus problemas y –salvo las honrosas excepciones de siempre, parejas que se quisieron y se llevaron bien de verdad– hoy nos enteramos de abuelitos que no se hablaban más que
en reuniones, pero en privado ya hacía tiempo que no se dirigían la palabra, o sólo para lo más esencial.
O las parejas que convivían en un símil de matrimonio y todos sabían, aunque la esposa fingía desconocerlo que el señor tenía otra mujer y otros hijos: la “venerable” institución de “la casa chica”. Las señoras “bien” tenían toda una serie de dichos para justificar su aguante:
“Mientras a nosotros no nos falte nada…” o “Mientras él a mí me dé mi lugar…” o “Que me respete en la casa y en
la calle que haga lo que quiera”.

Esto quería decir que el señor “guardara las apariencias” e hiciera como que se portaba bien ante los demás. La vida se vivía como en un aparador donde lo único importante era no provocar habladurías ni el temido “qué dirán”. Hoy en día, la búsqueda de la felicidad. Ahora nos damos cuenta de que la vida sólo se vive una vez, que vivimos más años y ya no queremos condenarnos a una “cadena perpetua” con alguien a quien ya no queremos o que nos hace sufrir. Las razones son múltiples y pueden ser válidas o no para un divorcio, una ruptura o una simple separación que consideremos definitiva. Ése no es el tema de hoy, sino el asunto de tener éxito en la “Segunda Vuelta” que suele seguir a una relación que se termina.

Lo más importante es no cometer los mismos errores que llevaron a la relación anterior al fracaso. Ambas partes pusieron su granito –o su montaña de arena– para que las cosas fueran mal si la relación no funcionó. No existen –salvo excepciones– culpables al 100%e inocentes al 100%.

Las nuevas modalidades de relación
Afortunadamente, hoy existen varios ‘modelitos’ de relación que se ajustan a tu tipo, a tu estilo de vida y a tus necesidades actuales. Así que echemos una miradita a cada uno y su “receta e ingredientes” para que encuentres
el que se ajuste a tu nueva forma de ser y lo lleves a buen término. La mayoría de las parejas en “segunda vuelta” vienen de otra relación en la que hubo hijos. La convivencia es difícil; y con niños ajenos, más. Pero no tienes que imponerte la obligación de quererlos o imponerle que quiera a los tuyos. Con un poquito de respeto y de maña basta. Ya viste las desavenencias que los propios hijos pueden causar en la pareja, ¡no lo repitas con hijos ajenos!

Tiempo compartido
Cada quien en su casa y se visitan con o sin niños, dependiendo del acuerdo que hagan y de la relación que logren tener con los hijos de su pareja. Siempre se nos antoja estar “pegaditos el uno al otro” al inicio de una relación, pero si de veras te la planteas a largo plazo, es importante que los espacios ayuden a la convivencia y no que la compliquen. Tus hijos, mis hijos y –si se da el caso– nuestros hijos, hacen que la convivencia bajo un mismo techo convierta el paraíso en un infierno en poco tiempo, salvo escasas excepciones.

Mucho elogio y poca crítica
El hombre suele divorciarse con complejo de culpa hacia sus hijos y si surgen problemas con su nueva pareja, tiende a dar la razón a sus hijos; así que para no arriesgarte, aunque sus monstruos te hagan horror y medio, bájale a las quejas y las críticas y trata de concentrarte en lo positivo, por poco que sea. Si no se logra, siempre es mejor tomar tu distancia. Y si no puedes porque él tiene la custodia y necesita que tú vivas con ellos, busca una mediadora: terapeuta, nana, tía viejita, contadora de cuentos… ¡quien sea que te ayude a canalizar sus agresiones y manejar la situación! Como con el toro: un capote fino es lo mejor para no quedar entre los cuernos.

El anillo de “con permiso”
Otro punto que las abuelas habrían alucinado: ¿¡Cómo que vivir juntos sin estar casados?! Hoy se puede, pero desde luego, va en gustos y en criterios. Si esta fórmula te atrae, pero la familia es conservadora, haz lo que algunas parejas inteligentes: organizas la gran boda (por lo civil obviamente) con fiesta y muchos invitados. Luego te divorcias en secreto y vives en feliz amasiato. ¿Ventajas? Mantener ese sabor que tiene lo prohibido, la sensación de libertad que ambos disfrutan, la idea de que están juntos por gusto y que si no les gusta, pues sólo te devuelvo tu anillo y “con permiso, ya me voy”. Hay mayor interés por complacer a la pareja porque ambos saben que cada uno es libre de marcharse el día que quiera, existe más flexibilidad y coqueteo porque en el fondo, estás siempre conquistando al amante. Ambos cuidan más la relación en todos los sentidos.

La relación  amnésica
Lo ideal es buscar a una pareja distinta de la que se convirtió en “ex”. Cuando la encuentres, recuerda que la relación anterior no existió. Ambos deben buscar una pareja que acepte el presente. Nada de jugar a
las comparaciones (ni siquiera en tu mente): hay que borrar el pasado en serio. Ponerlo en un expediente para consultarlo un 29 de febrero si acaso.
Es una carga muy pesada tener que ser mejor que aquella o que aquel que dejamos. Búscale todas las cualidades que tiene y échale porras por ellas, no porque es mejor que tu ex. Y que él encuentre tus mejores cualidades, pero que no te quiera por ser tan distinta de “ella”. Esas relaciones de cuatro suelen ser desastrosas. Y cuando algo te moleste, respóndete con honestidad si te molesta porque se parece a tu ex o es porque en verdad ese rasgo te disgusta.

Una nueva realidad

Pon los pies en la tierra y deja los “brillitos” que te mareaban a los 20 en el cajón de los recuerdos. No hay nada más limitante en una relación de dos adultos jóvenes ya maduros (suponemos que si hubo una relación más o menos importante antes, no estamos hablando de dos chavitos, sino de dos personas que ya tuvieron tiempo de crecer sentimentalmente) que los “modos” y los “caprichos” de la primera juventud.
Ya no viene al caso que te enceles de sus amigos o de su mamá; ni es aceptable, tampoco, que él quiera controlar tu forma de vivir. Ambos deben ubicarse en su nueva realidad y hacerla nueva de veras.

Un ser humano de carne y hueso
Las mujeres somos muy dadas a la fantasía. Nos acostumbraron a enamorarnos de los héroes de la pantalla (chica o grande) o de las novelas y soñamos con hombres que no existen. El perfecto caballero, el “eterno novio”, el romántico y el detallista suelen ser personajes de Hollywood (¡y del de antes!), pero no de la vida real. Sin embargo, hay bellezas de carácter: como la lealtad, la confiabilidad y la solidez moral, que no aparecen a simple vista. Amarra un poco la imaginación y más que un personaje, busca una persona de verdad. El entorno mismo donde la encuentres te hablará de su manera de ser. No busques a un hombre serio, capaz de comprometerse en un ambiente frívolo y superficial. Y si lo que quieres es un hombre divertido y chistoso, no lo busques en un ambiente serio y familiar.

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