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Conoce los riesgos de un embarazo tardío

Desde la década de 1970 se ha incrementado la incidencia de mujeres que se embarazan a los 40 años, lo que se debe, con frecuencia, a que muchas prefieren alcanzar sus metas profesional es y luego realizarse en el terreno maternal. Aunque no es extraño concebir al primer hijo a dicha edad, es necesario conocer y tomar en cuenta los diferentes riesgos que pueden experimentarse. Esto posibilita decidir de mejor manera cuál es el momento indicado para formar una familia.

Conoce los riesgos

En primer lugar, deberá considerarse que las mujeres comienzan a experimentar una disminución en su fertilidad a partir de los 30 años, por lo que no es raro que después de esta edad cueste más trabajo embarazarse.
Lo anterior puede atribuirse a una frecuencia menor en la ovulación o a la endometriosis, problema que ocasiona que el tejido que recubre al útero se adhiera a ovarios o trompas de Falopio e interfiera con la procreación. Si no se presenta algún obstáculo para quedar encinta, es probable que durante la gestación se incrementen las posibilidades de desarrollar algún problema de salud, como diabetes, presión arterial alta (preeclampsia) y placenta previa (implantación de esta estructura en la abertura del cuello uterino, lo que puede derivar en aborto). Por otra parte, no se puede dejar de lado el momento del parto, pues las madres primerizas pueden presentar algunas dificultades, como intensos dolores, sufrimiento fetal del bebé (dificultad respiratoria, deficiente aporte de sangre y disminución de los latidos cardiacos) y que el nacimiento se realice por cesárea.

Efectos en el bebé

Algunos estudios y la observación directa indican que los bebés de las mujeres que se embarazan a los 40 años suelen presentar bajo peso al nacer (menos de 2.5 kilogramos) o ser prematuros (nacidos antes de las 37 semanas). Igualmente, los hechos demuestran que entre mayor sea la mujer al concebir por primera vez, se multiplican los riesgos de tener un hijo con trastornos cromosómicos (material donde se encuentran los genes), siendo el más común el síndrome de Down (trisomía 21), que es una combinación de retraso mental y defectos físicos. Así, a los 25 años se posee una probabilidad entre 1250 de tener un bebé con dicha afección; a los 30, una entre 952; a los 35, una entre 378; a los 40, una entre 106, y a los 45, una entre 30. Por esta razón, la mayoría de los ginecólogos ofrecen a las mujeres de 35 años o más la opción de consultar al genetista, quien realizará exámenes prenatales, como amniocentesis (análisis de una muestra de líquido amniótico que se practica entre las 15 y 18 semanas  de la gestación) o cordocentesis (estudio de la sangre del cordón umbilical que suele efectuarse entre las 10 y 12 semanas) para determinar si el feto padece síndrome de Down o alguna otra anomalía, lo que permite al especialista en salud femenina reunir un equipo de médicos para que atiendan al niño inmediatamente después del parto.

¿Qué hacer?

Es recomendable que la mujer, antes de quedar encinta, asista al ginecólogo para que evalúe su estado de salud general a través de una revisión física y estudios de laboratorio (sangre y orina) para descartar la presencia de algún padecimiento, pues conforme la edad avanza se tiene mayor posibilidad de sufrir enfermedades crónicas, como diabetes, hipertensión arterial y niveles elevados de colesterol y triglicéridos.

Se ha demostrado que las mujeres después de los 35 años tienen más posibilidades de desarrollar alguna de estas afecciones durante la gestación, ante lo cual es indispensable tener un control prenatal temprano por parte del ginecólogo y del genetista para realizar un diagnóstico precoz y prevenir complicaciones durante el embarazo. Asimismo, pueden ponerse en práctica los siguientes consejos:

• Tomar ácido fólico ayuda a prevenir defectos de nacimiento. De forma natural se encuentra en la leche, el queso, el huevo, el hígado y la carne, aporte que deberá apoyarse con suplementos alimenticios (la dosis la indicará el especialista).

• Seguir una dieta balanceada.

• Acudir a revisiones ginecológicas y genéticas antes, durante (una vez

al mes) y después del embarazo.

• Evitar el consumo de bebidas alcohólicas, tabaco y drogas.

• Procurar no subir mucho de peso; normalmente se debe aumentar

de 1 a 1.5 kilogramos al mes.

• Practicar ejercicio ligero diariamente, por ejemplo, caminar.

• Mantenerse tranquila.

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