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Consejos inteligentes para la chamba

No te olvides que venimos de una historia de milenios en que se suponía que las mujeres no pensaban, que tenían el cerebro más chico que los hombres y por eso no podían acceder a conocimientos profundos, que no tenían alma o que pensaban ¡pero muy poco y cosas frívolas! 
No te olvides que en pleno siglo XIX, cuando ya existían Freud y Darwin, un respetadísimo dizque filósofo, Schopenhauer, dijo que “la mujer era un animal de cabellos largos e ideas cortas”. O que el dicho más de moda era ése de que “Mujer que sabe latín, ni tiene marido ni tiene buen fin”.

¡Hoy en día podemos tener cabellos cortos e ideas súper largas, anchas, chonchas y brillantísimas! Pero no se borran cinco mil años de civilización así tan fácilmente. Así que ¡mejor ponte lista para usar con provecho tu inteligencia en la chamba!

La destreza del bajo perfil
En la chamba es donde es más importante aprender a manejar tu inteligencia de manera que no vayas a herir la sensible y delicada susceptibilidad masculina. Más delicada aún cuando se trata de tu jefe. Y también la sensibilidad femenina si tienes una jefa a la que no conviene demostrarle que eres más inteligente. Ser 
muy autoafirmativa es algo que te aconsejan en todos lados, sobre todo en los manuales de autosuperación. Pero no te cuentan que ese rasgo puede contribuir a que te tengan MIEDO. Y te lo pongo con mayúsculas porque no es un buen sentimiento a provocar. El miedo produce irritación e incomodidad y puede poner en tu contra a tu jefe, a tus compañeros e incluso a compañeras quienes, al sentirse menos por tu evidente superioridad mental o tu mejor preparación, te van a marginar porque los pones en peligro. En peligro porque suponen que tu inteligencia va a poner de manifiesto su falta de preparación, su menor escolaridad o su insuficiente desempeño laboral. Tú, al ser autoafirmativa, puedes no desear ninguna de esas cosas. Tal vez lo único que te propones es hacer bien tu trabajo, sugerir las mejores ideas y avanzar en la empresa donde estás… pero no se interpreta así.

A la gente en general no le gusta sentirse “menos”; lejos de admirar a quienes juzgan superiores, los resienten y en el fondo de su corazoncito pecador, no les desean éxito. Los mexicanos en particular somos todavía más difíciles para aceptar la superioridad del prójimo. ¡Y no se diga cuando es prójima!
Puedes ser autoafirmativa, pero sutil. Eso es el “bajo perfil”: no asustar a nadie, no aleccionar a nadie, no dar cátedra ni usar términos altisonantes, tan de moda hoy en día entre los chavos. Puedes ser “mal hablada” con tus cuates, pero no con tus jefes, aunque parezca que lo de moda es ser muy igualitario. No es tan cierto y en México se traduce más como “igualado”. Aquí a nuestros jefes les gusta que les den su lugar. Para que no te sientan superior –y por ello te saboteen o te marginen– usa la forma femenina de la inteligencia.

La inteligencia femenina
La Naturaleza nos regaló doble dosis del cromosoma X, que es el que rige la inteligencia: el embrión femenino es XX, mientras que el del hombre es XY. Otro de los grandes dones que nos ha dado en parte la Naturaleza y en parte la sociedad, es la capacidad de ejercer la “inteligencia secreta”, ésa que tuvieron que manejar las mujeres hasta fechas muy recientes porque perdían mucho prestigio, afecto y hasta situación económica si “se pasaban de listas”.
A fuerza de tanta sumisión y de ser borradas de la política, la economía y el trabajo, las mujeres aprendieron a dosificar sus ideas, a aportarlas de manera discreta y suave, ¡incluso a adjudicarlas a otros para que fueran aceptadas! La “inteligencia secreta”, que no es otra cosa que la forma antigua de ejercer lo que hoy es el “bajo perfil” del que te hablaba, puede serte muy útil para eliminar obstáculos más comunes.

Habilidad secreta en la oficina
Éstos son algunos pasos sencillos que te permiten aplicar –sin sentirte disminuida ni hipócrita– ese tipo 
de inteligencia:
Afirmar preguntando: “Una frase tuya (de tu jefe) me motivó a pensar que podríamos… (aquí lanzas tu idea). ¿No crees?”. Esta fórmula te permite aportar tu idea, pero hacerlo dizque 
a partir de algo que tu jefe dijo 
y siempre consultándole su opinión.
Dar crédito por adelantado: 
“Tú, que tienes tanta experiencia 
en (algo que sea parte de su chamba o currículum), tal vez podrías aconsejarme en algo que me tiene preocupada (y ahí va tu idea)”. Así le endulzas el oído, no afirmas con superioridad, sino como dudando 
y logras dar la impresión de que 
él será el mejor juez.
Trabajar en equipo: “El otro día, platicando con los compañeros, surgió una idea que quisiera consultar contigo”. Así incluyes a tu grupo y dejas claro lo mucho que les haces caso.
Dar mucho crédito a la libertad que existe: “Tú das mucha libertad, tú permites que una crezca, por eso me encanta esta chamba. Y pensaba que (va tu propuesta o crítica o queja)”. Como ya dijiste que te dejan crecer, ya no pueden dar marcha atrás.
Revaluar constantemente tu ambiente de trabajo: “Como aquí he aprendido más que en todos mis trabajos anteriores, se me ocurre que podríamos… (aquí planteas tu propuesta)”. Acuérdate de que a ningún jefe le gusta la comparación con trabajos anteriores. Borra de tu vocabulario las frasecitas como… “ allá hacíamos esto o aquello”.

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