Controla tu enojo

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El amor, el respeto, la comprensión, la armonía y los detalles enriquecen cada día una relación de pareja. El enojo también forma parte de la vida al interior del noviazgo o matrimonio y puede surgir por desacuerdos hacia eventos o comportamientos determinados. Contrario a lo que pudiera pensarse, la manifestación de este sentimiento puede contribuir a fortalecer la unión, siempre y cuando se haga de la manera adecuada, sin agresiones verbales o físicas, y a la hora y en el lugar correctos. El diálogo aquí es pieza indispensable para establecer límites y llegar a acuerdos que pueden evitar dificultades mayores.

El enojo es una emoción que varía en intensidad y puede ir desde una ligera irritación hasta la furia sin control. Hay personas que evitan expresar sus desacuerdos por temor a afectar su relación y hay otras que evidencian sus molestias impulsivamente y de manera agresiva. La doctora Angélica Ojeda García, académica e investigadora del departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana, puntualiza al respecto: “La manifestación adecuada de las inconformidades es necesaria en un vínculo de pareja, porque ayuda a defender posiciones y a establecer límites claros, lo que es benéfico para solucionar problemas. Reprimir este sentimiento o ventilarlo a través del ataque puede llevar la relación a un punto de no retorno, donde ya no haya nada que hacer”.

Cada quien conoce los niveles que puede alcanzar su enojo. Por eso, en ocasiones, lo mejor es tomar un tiempo para reflexionar: “¿Qué está pasando aquí?” “¿Por qué me molesta tanto su actitud?” “¿Cómo se lo puedo decir sin lastimarlo(a)”. Y en casos de alto nivel de alteración, es conveniente también realizar algunas actividades relajantes, como las que sugiere María Magdalena Egozcue Romero en su obra Primeros auxilios psicológicos: “Dar un paseo, leer un libro, escuchar música o realizar algunos ejercicios físicos”. Al poner en práctica estas recomendaciones, la persona podrá exponer sus puntos de vista con mayor tranquilidad y, de este modo, los resultados pueden ser muy positivos.

Desde el lenguaje del amor

Para que una comunicación de este tipo sea efectiva y asertiva debe darse desde el amor que se siente por la otra parte involucrada, sin amenazar, atacar, agredir, calificar, criticar, juzgar o devaluar. Se trata también de comprender lo que la otra persona tiene que decir. El objetivo es manifestar deseos o necesidades y alcanzar puntos de equilibrio y soluciones en conjunto. Una plática cordial puede evitar que algunas dificultades, que de inicio pueden ser sencillas de resolver, se conviertan en conflictos más graves en el mediano o largo plazo.

Para iniciar el diálogo, la doctora Ojeda sugiere emplear frases que se refieran exclusivamente a la situación o actitud que se está viviendo y no usar adjetivos calificativos hacia la persona. En ese sentido, “en lugar de afirmaciones como: ‘Eres un irresponsable’, ‘Sólo piensas en ti’ o ‘Eres muy egoísta’, es válido decir: ‘Me molesta cuando te comportas así’ ‘No me gusta cuando haces esto’ o ‘Me gustaría que reconsideraras tu decisión sobre tal cosa’. Para poder negociar sin agredir hay que propiciar una conversación y entrar en una sintonía a un nivel manejable. No hay que olvidar que sobre la base del respeto, cualquier desacuerdo se puede expresar”.

Recuerda que dentro de tu relación de pareja es válido, sano y enriquecedor manifestar tus inconformidades, pero tal vez debas considerar lo que dice un proverbio tibetano: “La paciencia en un momento de enojo evitará cien días de dolor”. La tolerancia, el amor, el respeto y la empatía representan herramientas valiosas para estar en posibilidad de manejar adecuadamente el enojo, propiciar el diálogo y llegar a acuerdos conjuntos con la persona que amas.

“La perseverancia es el motor del éxito”

 

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