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Cuándo decir no te lo compro

Muchos padres comparten un mismo objetivo: brindar a sus hijos todo lo necesario para que su vida sea más sencilla y llevadera de lo que fue para ellos, de tal manera que a veces es fácil caer en excesos y cumplir todos sus deseos, sin que esto implique ni siquiera un leve esfuerzo de su parte.
Aunque puede ser satisfactorio hacerlo, a la larga esta situación puede acarrear serias consecuencias en los niños, pues no serán capaces de hacerle frente a la frustración y a los errores; estarán acostumbrados a conseguir todo lo que desean de la manera más sencilla, que puede ser desde dulcificar el tono de voz hacia sus padres, actuar como éstos esperan que lo hagan, o bien a base de berrinches.
Por eso, es importante reconocer el momento en que haya que decir que no.

Para la especialista Lilia Joya, catedrática de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la respuesta es muy sencilla: “La negativa debe venir cuando los padres no pueden cumplir con sus deseos o cuando hacerlo les va a implicar sacrificios extraordinarios; otros casos son cuando el hijo no lo merece o cuando aquello que pide no es adecuado para su edad”.



Necesidades, no deseos



Formar a un hijo con límites claros es vital para hacer de él una persona responsable y capaz de definir el momento y el porqué de pedir algo, además de que sabrá que todo objetivo conlleva un esfuerzo.
Es común que en un mundo lleno de publicidad vivamos con la idea de que requerimos de todo lo que se nos ofrece a través de los medios de comunicación, cuando simplemente se trata de un gusto; por ello, no debe extrañarnos que los niños sentados frente a la televisión pidan la mayoría de juguetes o productos que observan.
Es útil explicarles la diferencia entre deseo y necesidad. Lo primero, dice la especialista, es fijar en la mente del pequeño un criterio de realidad. Aprovecha las visitas al supermercado para señalarle cuáles son las cosas necesarias, por ejemplo, puedes decirle: “Vamos a hacer un listado de lo que realmente hace falta en la casa”. Cuando haga una compra que responde a un gusto —un pastel sin un motivo real—, señala: “Hoy nos daremos un pequeño gusto, vamos a llevar este pastel para merendar”; de esta manera, el niño podrá identificar con claridad la diferencia entre gusto y necesidad.

La convivencia familiar
Si el niño aprende a vivir dentro de un ambiente donde imperan la comunicación y la convivencia familiar, sabrá darle el justo valor a las cosas. Así, seguramente valorará más un partido de fútbol en el parque que comprar aparatos muy costosos que además no propician el acercamiento con los suyos.
Hacerlo consciente de la situación económica que impera en el hogar y que en ocasiones resulta complicado darle ciertos gustos, no porque no los merezca, sino porque los ingresos no lo permiten, no debe provocar un sentido de conformismo o falta de superación. Todo lo contrario, es la oportunidad de invitarlo a esforzarse para lograr su objetivo. Es recomendable que lo incites a ahorrar y, aunado a ello, podrías completar la cantidad que le haga falta; ésta es una buena manera de enseñarle el valor real de cada logro.

Fuera berrinches
Los papás deben tener en mente que no están obligados a cumplir todas las fantasías de sus hijos. “En otros tiempos, sin tanta publicidad, a los niños se les explicaba que no se podía darles un gusto y era suficiente para que ellos lo entendieran sin enojos”, recuerda la doctora Lilia Joya.
Dejar de cumplir con todos sus deseos y darles las cosas en la justa medida, los enseña a manejar la tolerancia y la frustración. Esta idea se debe transmitir a los niños para que aprendan a obtener sus deseos a través de esfuerzos propios.

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