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Cuidado con la hepatitis C

Stockbyte/Stockbyte/ThinkstockLa naturaleza le encomendó al hígado múltiples labores, ya que combate infecciones, detiene hemorragias, elimina medicamentos y sustancias tóxicas, elabora y acumula la bilis (sustancia que descompone las grasas durante la digestión), y almacena glucosa (azúcar) a manera de reserva energética. Este órgano hace muchas cosas por nosotros, pero lamentablemente puede verse afectado por el virus de la hepatitis C, “intruso” que deteriora sus funciones, lo cual puede comprometer de manera importante la salud.

Hasta el momento, la morbilidad mundial por esta enfermedad fluctúa entre 170 millones y 300 millones de personas; en Estados Unidos se encuentran los rangos entre 15 millones y 19 millones, y en México asciende a un millón 200 mil. Sólo el 20 por ciento de los infectados son capaces de depurar el virus y curarse; en la inmensa mayoría de los casos se presenta de manera asintomática y aún no se ha desarrollado una vacuna.

Lo que sucede
El microbio generalmente ingresa al organismo por vía sanguínea, y en cuanto se reproduce (después de cinco días aproximadamente), el sistema inmunológico (aquel que nos defiende de infecciones) comienza a generar anticuerpos para destruirlo, sin embargo, la mayoría de las veces no logra identificar adecuadamente al virus y la infección permanece por periodos prolongados (incluso hasta 13 años) sin que el afectado sienta algún malestar, pues la enfermedad no siempre causa síntomas.

Conoce los peligros
A continuación te presentamos los factores de riesgo que contribuyen en el contagio:
• Compartir agujas al inyectarse drogas.
• Usar jeringas más de una vez.
• Pincharse alguna parte del cuerpo con una aguja contaminada con el virus, lo que muchas veces le ocurre al personal que labora en hospitales.
• Hacerse un tatuaje o perforación con instrumentos que se usaron con personas infectadas con el virus.
• Transmisión de madre a hijo durante la gestación.
• Haber recibido transfusión de sangre o trasplante de algún órgano antes de 1992, ya que en ese entonces todavía no se podía detectar el virus en la sangre.
• Tener relaciones sexuales con un individuo infectado, aunque las probabilidades de contagio son mínimas.

¿Qué hacer?
Una vez que hayan diagnosticado la hepatitis C evitar el consumo de bebidas alcohólicas porque ocasionan que el virus se vuelva activo.
Asimismo, se le prescribe al paciente la administración de interferón alfa, que es una sustancia segregada de manera normal en la sangre para deshacerse de los virus en general. Hay ocasiones en que este tratamiento se prolonga por un año, específicamente en quienes han tenido el virus por más de seis meses.
Por último, es importante resaltar que en la actualidad todavía no se dispone de una vacuna contra el virus de la hepatitis C, por lo que se recomienda a todos aquellos que hayan estado expuestos que soliciten análisis de sangre. Sin duda, ello evitará que la enfermedad se complique.

¿Cómo se manifiesta?
Ahora bien, cuando la enfermedad comienza a dar síntomas —ya sea poco después de que el virus ingresó al organismo o al haber transcurrido algunos años—, incluye las siguientes molestias:
• Cansancio
• Náuseas
• Fiebre
• Pérdida del apetito
• Dolor de estómago
• Diarrea
• Oscurecimiento de la orina
• Excremento de color claro
• Coloración amarillenta en piel y parte blanca de los ojos

¿Cómo se detecta?

Es importante acudir con el hepatólogo, quien solicitará análisis de sangre. Asimismo, se puede confirmar su presencia al realizar una biopsia, método que consiste en la extracción de pequeño fragmento del hígado; dicho examen se efectúa bajo anestesia local.

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