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¿De verdad es una ganga?

Diariamente nos ofrecen gran cantidad de formas de gastar nuestro dinero, en ocasiones las ofertas son muy tentadoras, pero te ahorrarás muchos dolores de cabeza si comprendes el costo de cualquier decisión financiera.

Evita los financiamientos de auto a largo plazo

Suena bien un financiamiento a 5 años, mensualidades bajas. Pero un auto se deprecia su valor al momento de la compra. Después de un año, su costo es entre 30 y 50 veces menor de lo que fue al sacarlo de la agencia. Por lo que no tiene caso seguir pagando intereses por un auto que ya no vale lo que estás pagando. La mejor opción: opta por financiamientos de 36 meses o menos. Si los pagos en mensualidades parecen excesivamente altos, elige un auto más económico.

Acepta la “quita” a sabiendas de que seguirás en buró de crédito.

Si has incurrido en un grave atraso con tu tarjeta de crédito, lo más probable es que el caso se canalice a una agencia de cobranza especializada. Estas frecuentemente te ofrecerán una “quita” (descontarte una porción de tu adeudo con tal de que pagues la suma acordada inmediatamente). Probablemente te dirán que con ello se regularizará tu posición ante el buró de crédito. No es así. Quedas marcada por la cantidad que quedaste a deber, hasta que la cubras.

Comprar artículos de segunda mano

Adquirir artículos usados es siempre un riesgo. Pero hay algunos más problemáticos que otros. Por ejemplo, si adquieres una laptop usada no tendrás garantía, ni tampoco la certeza de que no sufrió algún maltrato importante. Otros productos que no vale la pena comprar usados son las cámaras y videocámaras. Si quieres ahorrar, compra el modelo del año anterior.

Equipo de seguridad de dudosa procedencia

Comprar equipo de bebé en mercados y expendios dudosos es riesgoso, pues la seguridad de tu hijo estará en juego. Un asiento de auto para bebé, que haya estado en un accidente, puede haber sufrido daños que comprometan su estructura, y por lo tanto, la protección que ofrecen.

Tiendas de outlet

Los outlets juegan con lo que los economistas llaman la “falacia del costo no recuperable”. Ya que muchas de estas tiendas están ubicadas en zonas aledañas a la ciudad, el consumidor, al ir ahí, ya cubrió el costo del traslado, en términos de tiempo y dinero. Una vez en ese lugar, te das cuenta que los precios son iguales que en una tienda convencional, pero piensas: “ya estoy aquí, pues voy a comprar algo”. ¿Lo que sí nos conviene? Convertirnos en consumidores inteligentes, y descubrir si lo que compramos vale lo que cuesta.

Puntos que vuelan

Algunas tarjetas de crédito ofrecen incentivos de contratación, por ejemplo, boletos de avión gratis para un acompañante. Pero al leer la letra pequeña, descubrimos que el boleto que debemos comprar es el de la clase más cara, o tiene muchas restricciones. Un boleto de avión en oferta puede costar lo mismo que los impuestos de otro boleto pagado con puntos. Así es que guía tu decisión de tarjeta de crédito por consideraciones más prácticas, como tasas de interés, CAT y otros beneficios.

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