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Disfunción sexual femenina

Digital Vision/ThinkstockDamos por hecho que el apetito sexual va disminuyendo naturalmente por diferentes factores (físicos, psicológicos, emocionales y/o de relaciones), no le damos la más mínima importancia y vivimos con este padecimiento hasta el final de nuestros días. Sin embargo, puede tener un impacto mayor en la calidad de vida, en las relaciones interpersonales y en el bienestar general.

Los tipos

Es importante que sepamos a qué nos referimos con la Disfunción Sexual Femenina (DSF) y demos pie a buscarle solución. Para ello, hay que entender que existen cuatro tipos principales de DSF, de acuerdo con la Asociación Americana de Psiquiatría y la Organización Mundial de la Salud:

1. Trastornos del Deseo Sexual, que a su vez se subdivide en: el Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo (HSSD por sus siglas en inglés) y el Trastorno de Aversión Sexual. Los síntomas del primero se presentan con la falta o ausencia de fantasías o deseo sexual. El segundo, con un miedo extremo, persistente y recurrente al contacto sexual genital con la pareja.

2. Trastorno de la Excitación Sexual Femenina (TESF) presenta incapacidad persistente para lograr o mantener la excitación sexual (lubricación) adecuada para terminar la actividad sexual.

3. Trastorno Orgásmico Femenino (TOF) es la incapacidad para tener un orgasmo (clímax o liberación sexual) después de la adecuada excitación sexual.

4. Trastornos de Dolor Sexual, que se presenta con dolor genital, espasmos de la vagina y dolor sexual.

“Tradicionalmente, se pensaba que la disfunción sexual en las mujeres se debía sobre todo a problemas psicológicos. Las investigaciones recientes están comenzando a descubrir muchas causas físicas para los problemas sexuales en las mujeres”.Comstock/Thinkstock

“Aunque muchos problemas sexuales tienen un componente psicológico subyacente, se deben descartar posibles causas físicas en la evaluación inicial”, indica el documento Disfunción Sexual Femenina de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos.

Las causas más comunes de las DSF son ansiedad, depresión, cambios relacionados con la menopausia, problemas de comunicación en la pareja, daño a los nervios debido a una cirugía o trauma, miedo al dolor, a una infección o a quedar embarazada, sentimientos de culpabilidad y de vergüenza hacia el sexo, antecedentes de abuso sexual, infección o enfermedad ginecológica, falta de estimulación apropiada, falta de lubricación, medicamentos y estrés o fatiga.

El diagnóstico

Para detectar estos padecimientos, es importante que recurras a un especialista: ginecólogo, sexólogo o psiquiatra, con la finalidad de que te ayuden a encontrar las causas reales y te puedan brindar el mejor tratamiento.

El médico tratante te realizará una examen físico, que incluye una prueba pélvica y algunas preguntas sobre cómo es y cuál es actitud respecto a tu vida sexual, enfermedades que pudieras tener y medicamentos que tomas. El examen facilitará la conversación entre el médico y la paciente sobre un tema que a menudo se considera incómodo para discutir.

Con esto se identifica y ayuda a las mujeres que padecen los síntomas de Disfunción Sexual Femenina y les ofrecen un tratamiento, el cual dependerá de la causa que lo origine y puede incluir cambio en la actividad sexual, cambio de medicamentos o agregar alguno nuevo, e, incluso cirugía. También es posible que se recomiende la asesoría psicológica para enfrentar desde una perspectiva más integral este trastorno.

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