Dormir sin niños

Adultos y bebés tenemos ciclos para dormir: primero un sueño ligero, luego uno profundo y después otro ligero para despertar fácilmente. Cerca de los cuatro meses de edad, el sueño se estabiliza y se presentan ciclos de 4 horas. Al finalizar este lapso, el bebé entra en un estado de semiinconsciencia y despierta con facilidad; si en ese momento succiona su chupón, se chupa el dedo o se mece, puede manejar ese estado por sí mismo y volver a dormir. Pero si sus padres le ofrecen un biberón, lo cargan o lo arrullan, no aprenderá a tranquilizarse.

Es fácil convertir esta costumbre en un hábito que no desaparecerá totalmente. Esta situación no favorece a nadie,
y menos a los pequeños, pues los hace demasiado dependientes, los lleva a confundir su situación en la familia e incluso les afecta a la hora de concebirse como una persona diferenciada de sus padres. Es necesario inculcarles lo más temprano posible el hábito de dormir en su propia cama.

Los padres deben comprender la importancia de enseñar al niño a calmarse solo, para que aprenda a permanecer en su cama sin tener que pasarse a la de ellos.

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