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Problemas con tu pareja: ¿Durmiendo con el enemigo?

Te parecerá raro y contradictorio que tú puedas ser tu propio enemigo, debido a que todos quieren que su relación de pareja funcione. Efectivamente nadie tiene en su conciencia la intención de hacer daño a algo o alguien que nos interesa.

Creemos que no somos capaces de “meternos el pie” y “boicotear” algo que deseamos tener. Por ello es importante que nos preguntemos ¿qué hacemos para que nuestras relaciones de pareja fracasen? Cuando somos los enemigos de nuestra relación vivimos y dormimos haciendo 3 acciones que sin saber nos convierten en nuestros enemigos:

1.- Vivir para nuestro ego.
2.- Vivir trayendo al pasado al presente de nuestra relación.
3.- Vivir con miedo.

Si vives para tu ego, si vives para el pasado, o para las expectativas de un futuro que nunca llega. Seguro estás realizando acciones basadas en el miedo. Y en primer lugar debes aprender a clasificar por un lado todas esas decisiones que tomas basadas en el miedo y cuántas de ellas provienen del amor y la confianza.

Vivir para tu ego…

El ego es un monstruo al que no hay que tenerle miedo, más bien hay que aprender a usarlo y a no vivir para complacerlo en todo. El ego tiene una parte llena de cualidades positivas ya que contiene todo aquello que haz logrado ser como persona, por ejemplo: “buena profesionista”, “buena hija”, “buena… buena… buena en muchas cosas” pero también posee una parte sombreada. La sombra del ego contiene miedos, tristezas, enojos y toda una historia de sufrimientos acumulados a lo largo de la vida. En él existen esos malos recuerdos que ya no quieres volver a vivir o apegos que no puedes soltar.

Digamos que esta parte sombreada es equivalente a traer cargando un enorme costal de piedras de sufrimiento que desafortunadamente no te hacen feliz y resultan una carga que termina irremediablemente cargando tu pareja junto contigo. Además, imagina que ambos traen el suyo, por lo que a veces la relación se convierte en algo muy pesado de vivir. El problema con la sombra es que no sabemos distinguirla en nosotros pero sí la distinguimos perfectamente bien en los demás. Por lo tanto, esto nos hace estar en una actitud de defensa/ataque creyendo que está justificado.

Pensamos que sólo estamos reaccionando a una provocación. Casi siempre estamos pendientes de lo que la pareja “nos hace” y si volteamos la mirada hacia nosotros mismos es para establecer razones muy justificadas del porqué actuamos como lo hicimos. El foco de atención está puesto en esas cosas de la otra persona que nos disgustan, en lo que nos provoca inseguridad. Parece que estamos buscando alimentar el sufrimiento. Pero más allá de eso, lo importante es que la relación de pareja la estamos tomando para alimentar nuestro ego. Y por naturaleza este ego está lleno de insatisfacciones, siempre quiere más, nada es suficiente. Su razón de existir y su alimento para vivir es el dolor y el sufrimiento. Busca “el tema del día” para tener algo de qué preocuparse. Cualquier situación o relación que esté al servicio del ego, será insatisfactoria, no dará el ancho ni cumplirá todas las demandas ni las exigencias del ego.

Si vives para el pasado…

Si traes cargando un costal de malas experiencias porque alguien te engañó y de esta forma justificas tu desconfianza o celos porque te dices a ti mismo “esa película yo ya la viví, y no me vuelve a pasar”. O bien, alguien te abandonó y eso te hace estar muy atento al rechazo creyendo que si estás alerta puedes evitar que se repita esa experiencia. O viviste una relación en donde tu ex sufría de muchos celos y esto te hace ser intolerante a cualquier atisbo de celos de tu actual pareja. Entonces es claro que no puedes poner un alto a tu pasado y que esas experiencias sólo te sirvieron para incrementar tu costal de miedos e inseguridades, en vez de aprender una cosa importante: “pase lo que pase yo volveré a estar bien, por lo tanto no voy actuar con miedo”. Porque cualquier cosa que hayas vivido ¡ya pasó! Y si no dejas ir tu pasado vivirás pegado al miedo.

 Vivir con miedo…

Hay quienes viven con miedo de no tener lo que quieren o “se merecen” y viven esperando a alguien o algo mejor. Nada es suficiente para llenar sus expectativas. Son arrogantes pensando que pueden conseguir algo superior. No se dan cuenta que en cualquier relación humana va a haber algo insatisfactorio. No existe la perfección. Lo más cercano a la plenitud es cuando aprendemos a aceptar la imperfección y cultivamos una actitud más humilde frente a los demás. No se debe temer a entregarse al 100%. ¡Siempre se gana! Si se vive con miedo ¡siempre se pierde!

En conclusión: vivir con amor hacia la pareja es cuidar a esa persona de nuestros miedos e inseguridades en vez de cargarle la factura de nuestro pasado, esperando que él o ella nos quite nuestro costal de sufrimiento y que se haga cargo del enemigo sombreado que vive dentro de nosotros.

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