Ecología un asunto de conciencia

El origen de una nueva visión ¿Cuándo surgió la preocupación
por la ecología? De una manera focalizada, aunque incipiente, empezó en los años 60 con el movimiento hippie, que además protestaba contra el consumismo exacerbado y la violencia. Este movimiento, no obstante sus lacras, aportó cosas extraordinarias: volteó la cara hacia la naturaleza para decirnos que formamos parte de ella; que debemos respetarla y saber sumarnos a sus majestuosos y complejísimos procesos. El movimiento hippie formó una conciencia colectiva en todo el mundo. Los movimientos ecológicos subsiguientes se orientaron en la misma dirección: el retorno a la naturaleza. Una visión holística de la vida orgánica.   Regresar a la naturaleza ¿Cuál es la importancia de regresar a la naturaleza? Fundamental. Nuestra vida se sustenta en ello. Si destruimos y minamos los procesos ecológicos, estamos cortando nuestras raíces, nuestras fuentes nutricionales, el soporte mismo de la existencia. Hemos llegado a un punto crítico en donde vamos a perecer si la humanidad no responde en bloque con una gran conciencia para rescatarse a sí misma de los propios desastres que ha generado al romper la cadena ecológica: deforestación, contaminación ambiental, basura, dilapidación del agua, degradación del oxígeno, emisiones radioactivas… En fin, todo lo que implica no respetar el agua, ni el aire, ni la tierra.   ¿Estamos acabando con el planeta? Somos los grandes depredadores de la vida orgánica que, literalmente, es un portento cósmico. Estamos arrasando con todo en esta visión consumista que se mueve con la mayor inconsciencia, con la mayor negligencia, con el mayor descaro de personas cuya actitud nos dice: “Sé que estamos en medio de una crisis energética, sé cuál es el valor del agua, pero, en el fondo, no me importa”. Y siguen dejando correr
el agua en la ducha por minutos antes de bañarse, desperdician energía en habitaciones vacías donde no sólo está prendida la luz, sino también la televisión y la computadora. Esa inconsciencia brutal nos está poniendo al borde de un abismo que coincide, hoy en día, con otra crisis descomunal, que es la crisis financiera.   Despertar la conciencia ¿La situación del planeta es irreversible? Según todos los cálculos, estamos en medio de un proceso cuya inercia, muy posiblemente, ya es irreversible. En consecuencia, la alerta no puede ser más importante, tenemos que prender todos los focos rojos, sonar todas las alarmas y ponernos en marcha para restituir y rescatar nuestro propio sistema ecológico.
¿Qué propone la Semiología de la Vida Cotidiana® en ese sentido? Nosotros vinculamos el deterioro ecológico al bajo nivel de conciencia de los individuos. El tema es central en la Semiología de la Vida Cotidiana® porque está orientada, precisamente, al desarrollo de conciencia de las personas para elevar la calidad de vida de las sociedades.
Esa conciencia que se requiere, ¿empieza a despertar? Desde luego que está brotando y multiplicándose. Tenemos también aquí, paradójicamente, un proceso irreversible. Esto es maravilloso: grandes movimientos a nivel mundial en donde cada vez hay un mayor número de personas cuidando de los océanos, de los montes, de los animales, y de todo el proceso ecológico en general. Cada día están más organizados a través de la Web. En esta fantástica red de redes de intercomunicación social se están vinculando grupos, tendencias y visiones a una velocidad realmente vertiginosa. Esto puede disparar un proceso de conciencia que –yo no pierdo la esperanza– pueda revertir, a tiempo, la inercia perniciosa, la tendencia autodestructiva de la humanidad.   “Saber” y “Comprender” Generalmente pensamos que la solución no depende de nosotros. ¿Qué podemos hacer al respecto? Muchísimas cosas. En primer lugar, asumir que la solución está en las manos de cada uno de nosotros. ¿Yo qué puedo hacer para transformar este proceso creciente de deterioro ambiental en el que está mi vida en juego? Y no sólo mi propia vida, sino la extinción de la vida de la especie humana: la de mis hijos, mis nietos, mis biznietos, la de todas las generaciones que vienen atrás de nosotros, ya que –con el mayor cinismo–, estamos consumiendo su patrimonio, único e insustituible. Hemos recibido una herencia de una abundancia inconmensurable y estamos a punto de acabárnosla. Ya no viene al caso lamentarse por lo negligentes que hemos sido. Ha llegado el momento de actuar en forma organizada y consistente. Algo dificilísimo para la conciencia humana.
¿Qué se necesita para conseguirlo? La perseverancia, entre otros criterios, determina el nivel de asimilación de conocimiento de una conciencia. Cuando una conciencia no logra comprender algo, cuando sólo lo entiende, no puede aplicar ese conocimiento en la vida cotidiana. Esto es fundamental: la diferencia entre “Saber” y “Comprender”. Sabemos que nos encontramos en un momento crítico en donde tenemos que rescatar todo ese patrimonio invaluable, pero no lo comprendemos.   ¿Cuál es la diferencia? Saber es un dato incorporado a la dimensión intelectiva. Es algo en lo cual puedo pensar, discurrir, analizar, teorizar. Pero para hacer algo y para transformarlo en un hecho concreto en la realidad cotidiana, se requiere de una comprensión. Es decir: la asimilación del saber por medio de la experiencia. Sólo cuando una persona realmente comprende algo, ha logrado asimilar la información intelectual de una manera emocional. Sólo entonces surge ese compromiso, surge la voluntad consciente, lúcida, que nos va a permitir ser constantes en nuestra actividad. De otra manera, nuestras acciones se disipan.

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