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El amor es la fuerza

Hemera/thinkstockCon la llegada de Mateo, Martha y Jesús se sintieron bendecidos. Habían esperado más de 3 años desde que contrajeron matrimonio para ver cristalizado su sueño de formar una familia. Se sentían felices con el nacimiento de su bebé.
Los primeros años de vida de Mateo pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Su crecimiento había sido normal hasta que un día, cuando estaba por cumplir los 5 años, sus papás notaron cambios extraños en su salud y comportamiento. Sin motivo aparente, Mateo se quejaba de dolores en sus huesos que lo hacían llorar y mantenían en cama por días enteros; asimismo, su piel comenzó a tornarse cada vez pálida, no quería comer y comenzó a perder peso.
Preocupados, sus padres lo llevaron al hospital de especialidades pediátricas para realizarle los estudios necesarios para saber qué era lo que le sucedía. Después de una serie de análisis realizados concienzudamente, el especialista les dio una terrible noticia: Mateo sufría de Leucemia Linfoblástica Aguda (el tipo de cáncer más común en la edad pediátrica, que -según el Centro Nacional para la Infancia y la Juventud de la Secretaría de Salud Federal- representa 35% de todos los cánceres infantiles).
Los padres de Mateo estaban confundidos, no entendían cómo era posible que su hijo hubiera desarrollado ese tipo de cáncer. El doctor José Méndez, Coordinador del área de Psico-oncología del Instituto Nacional de Pediatría explica: “Para cualquier padre saber que su hijo tiene cáncer es catastrófico. Inmediatamente se relaciona con la muerte. De igual forma se experimenta una sensación de culpa por no haber identificado a tiempo el problema”.
Entre la culpa por lo sucedido, el miedo al diagnóstico y al tratamiento  dependiendo del tipo de enfermedad  los padres normalmente reaccionan con ansiedad, tensión en la dinámica familiar y con incertidumbre, ya que es común que la gente que los rodea opine sobre lo que está sucediendo, provocando en ellos confusión y un incremento del miedo a lo desconocido.

Los doctores recomendaron trasladar al niño a un hospital que contara con el equipo adecuado para que pudiera ser tratado de manera eficiente. Para la mala fortuna de Jesús y Martha, el hospital se ubicaba en otra ciudad muy alejada de la suya, por lo que uno de los dos tenía que alejarse del hogar para acompañar al niño durante el tiempo que durase el tratamiento. Un nuevo desafío se presentaba para ellos: Tenían que separarse para que ella acompañara a su hijo, mientras él se quedaba en casa para trabajar y enviar el dinero necesario para la manutención de ambos.

La familia: Lo más valioso

“En el Instituto Nacional de Pediatría y en especial en oncología- 40% de las familias que vienen de otros estados y que por motivos de salud se ven obligados a alejarse de sus seres queridos, ven alterada la estructura familiar durante su ausencia. En caso de tener otros hijos, éstos reaccionan con enojo, celos y alteraciones de conducta; por sentirse abandonados, se tornan agresivos y enojados con la madre y el hermano enfermo”, explica el especialista.
El doctor Méndez hace énfasis en que es la falta de comunicación la que ocasiona muchos problemas: “La gran mayoría de los padres para proteger a los demás miembros de la familia evitan hablar de lo que pasa y lo que sienten. En cuanto a la pareja, allí se da otro tipo de problema, ya que la distancia y el tiempo de ausencia puede provocar enojo, celos y en consecuencia, muchas veces, buscan otra pareja o simplemente se divorcian”.
No fue el caso de Martha y Jesús, quienes conscientes que vivían una difícil situación, sabían que su amor por la vida, por su hijo y el compromiso que entre ellos existía como pareja, era lo suficientemente fuerte como para sortear exitosamente cualquier tipo de circunstancia por más adversa que pareciera. El cáncer de Mateo era curable y eso era una caricia para el corazón de ambos.
Para el Coordinador del área de Psico-oncología del Instituto Nacional de Pediatría, la comunicación entre la familia y en la pareja es la base del éxito en una situación como la de Martha y Jesús; sin una buena comunicación de pensamientos, ideas, creencias, miedos, etc. el problema se complica. Existen muchos ejemplos donde la familia esconde, niega y omite hablar del problema que enfrentan, y en consecuencia aumenta el miedo y la desesperanza.
“El amor es el sentimiento que fortalece a la familia y que les permite tomar fuerza para hablar, resolver los problemas, mejorar la comunicación y el estilo de vida, así como para cambiar lo necesario con el fin de proteger al niño enfermo y no descuidar al resto de la familia.”, concluye el doctor José Méndez.
Es importante buscar apoyo de un profesional para recibir ayuda emocional, soporte y terapia psicológica, ya que un especialista brinda la información necesaria, así como ayuda a que los padres enfrenten adecuadamente el problema de salud de su hijo en un contexto de amor, seguridad y confianza.

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