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El amor, la base de la vida

Hablar de la felicidad nos remite de manera instantánea a pensar que para conseguirla hace falta reunir muchos requisitos, algunos de ellos tan aspiracionales que convierten la idea en una misión prácticamente imposible de alcanzar.

No obstante, un factor común en todas las personas que experimentan plenitud en la vida es el amor, este sentimiento que nos convierte en seres capaces de comprender a quienes nos rodean, luchar con el mismo afán en causas propias o ajenas, buscar el bienestar, hacer de cada una de las actividades que realizamos a lo largo del día, una oportunidad para dar el mejor esfuerzo y sacar de todas las experiencias un aprendizaje que nos genera crecimiento.Stockbyte/Altrendo images/Thinkstock

La duda acerca de que si el amor, efectivamente, nace para todos, es más común de lo que parece como también lo es el hecho de que cualquier persona tiene acceso a él, simplemente es necesario entender que éste no se reduce solamente al que se da o se recibe de una pareja, sino que se manifiesta en cada una de las actividades que realizamos cotidianamente, en quienes nos rodean y en el hecho de disfrutar un día más de vida.

Abriga este sentimiento

Cuando nos damos tiempo para descubrir la presencia del amor, nos podemos dar cuenta que aún cuando la situación se dibuje desafortunada, hay una muestra de él que quizá por no considerarla suficiente preferimos devaluarla al grado de pensar y expresar que nadie nos quiere.

Es en este punto en que el individuo se afecta de tal manera que asume una actitud negativa en la que rechaza todo y a todos los que parezcan no compartir su experiencia; en este sentido se refleja una transformación que no solamente va a impactar en lo que se refiere al carácter y a la manera de pensar, incluso, el rostro y la mirada se transforma. ¿Cuántas veces hemos conocido a alguien a quien preferimos evitar en el plano laboral o personal, porque sabemos que nada bueno traerá esa relación? Lo único que esto indica es que ese individuo carece de amor.

Dice un proverbio que: “El amor y el dinero no se pueden ocultar”. Nada más cercano a la realidad, pues quien lo experimenta va por la vida con una actitud distinta que se convierte en una afortunada cadena de eventos prósperos y bien logrados, por ejemplo: una mujer que creció rodeada de cariño y cuidado por parte de sus padres y hermanos, les responderá de igual forma y será capaz de establecer relaciones afectivas sólidas, por consecuencia tendrá una autoestima alta que se va a reflejar en el trato que tenga hacia otras personas, en la forma en que desarrolla su trabajo, enfrenta los éxitos y las situaciones desafortunadas, ¿el resultado?: una persona feliz.

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