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El buen manejo de las emociones

¿Quién no ha oído las frases “me llenó el buche de piedritas” o “me colmó el plato”? –las versiones más delicadas de otras más- Sin duda, estos dos dichos no son las dos máximas en la enciclopedia del corazón, lo que sí es cierto, es que aquello que sentimos se expresa en nuestro cuerpo de distintas formas: Las mejillas se sonrojan, sudan las manos, hay cosquilleo en la espalda, tenemos aumento de la temperatura corporal, incluso, hay quien pierde el apetito o se le trastorna el sueño tras vivir un momento sensible o delicado.

Todos hemos experimentado en nuestro organismo algún cambio provocado por algo que sentimos, hay quienes son auténticos expertos y con la templanza de un cirujano en el quirófano, controlan la situación con tal sensatez, que parecieran profesionales de una de las partes más sutiles de la existencia: la vida emocional. Los secretos que estos duchos del corazón tienen, no están a la mano de quienes estamos interesados en mejorar la propia calidad de vida, así como de lograr una vista panorámica de todo lo que nos sucede; pero esto no nos priva de buscar algunos útiles consejos para lograrlo.

Repercusiones

Rozzana Sánchez, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma Nacional de México (UNAM), explica que no hacer un buen manejo de las emociones repercute en la salud física, si solemos ocultarlas, lo cual es algo inadecuado, favorece los problemas cardiacos, estomacales, presión arterial, entre otros padecimientos. Son muchas las implicaciones que tiene en nuestra vida interpersonal, podemos pelear, discutir o engancharnos en situaciones que se sortearían, al ser más críticos en las experiencias que tenemos.

La especialista afirma que lo ideal es que las personas aprendamos a poner distancia del estímulo que desencadena cierta emoción negativa para así actuar con prudencia, ya que es importante aprender a convivir con lo que sentimos, sin que esto signifique que nos enferme o afecte la manera de relacionarnos con otros, debido a nuestras reacciones.

¡Ay!

Todos somos susceptibles de ser asaltados por un correo inapropiado, un grosero mensaje de texto, una obscena señal mientras conducimos el auto o por una inenarrable lista de majaderías, mientras alguien alega su postura frente a un problema, ¿qué hacer entonces? Rozzana Sánchez brinda 3 puntuales consejos para un momento en el que estamos a punto de perder la cordura:

1.    ¡Hay que detenerse! Tomarse un instante antes de reaccionar da la posibilidad de evaluar el estímulo que desencadena la emoción y con ello dar una respuesta justa.
2.    Aprender a respirar: Hacerlo de manera correcta es decir utilizar el diafragma, representa una forma de enfrentar las emociones de manera efectiva ya que se oxigena el cuerpo y se logra estar con menos tensión.
3.    Di adiós: Algo muy útil es usar la imaginación para liberar aquellos malestares, iras o decepciones, ¿cómo? La especialista recomienda imaginar que dejamos volar esa emoción negativa en un globo o que se va en una nube. Esto puede ser la vía en la que nos demos cuenta que aunque estemos viviendo de manera intensa la experiencia, también podemos dejarla ir.

Hay que identificar los eventos que suelen provocarnos una emoción negativa y evitar darles mucha importancia para que sean menos dañinos a nuestro organismo. Finalmente, quizá después de un acontecimiento espinoso como es una ruptura o separación, escribir o dibujar tanto lo que pensamos como sentimos, nos ayudará a desahogarnos y por ende, a liberarnos de aquello que nos pesa. Ultima recomendación, lo que quede plasmado hay que destruirlo o quemarlo a fin de que, si cae en otras manos, no sea sujeto de malos entendidos, el desahogo es para nosotros mismos, no es una carta anónima de reproches.

No se vale decir, “así soy y ¿qué?” o peor aún, pretender justificar una impertinencia debido a un mal manejo de la irritación o desdicha, ya que eso sólo revela el estatus de aprendiz que tenemos en la esfera de las relaciones humanas, además, que lastimamos a quienes tenemos cerca.

La templanza es una cualidad nacida del autodominio y la prudencia con la que unos cuantos privilegiados, se convierten en expertos de su propio corazón.

“La perseverancia es el motor del éxito”

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