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El color del sufrimiento

Janie Airey/ Valueline/Thinkstock
El dolor, aunque para todos los seres humanos se pinta del color del sufrimiento, en la mujer suele tener matices particulares. Matices que por la sensibilidad femenina adquieren una insondable profundidad. No hay palabras que puedan vestir la hondura del dolor que cala a la mujer que ama.

La mujer siente mucho, siente todo, siempre siente a profundidad. En este sentir peculiar que nace de su especial naturaleza se encierra mucho de su grandeza femenina, sin embargo, ahí también podría radicar una gran debilidad.

¿En qué reside el que siendo ella una criatura delicada y sensible, un ser que se duele no sólo con su dolor, sino del dolor ajeno y un ser que gime cuando sufre la humanidad, ella no se rompa, sino que en medio del sufrimiento incluso sostenga a los demás? ¿De dónde nace esa fuerza femenina que rompe las barreras de todo egoísmo, de toda cobardía y genuino miedo para salir al encuentro de los que ella sabe están sufriendo y la pueden necesitar?

Con amor

Curiosamente la sensibilidad al dolor propio y ajeno, y la fuerza para afrontarlo, nacen de la misma fuente. De la fuente de inteligencia emocional y espiritual que velada descansa en lo más profundo del ser femenino.
Sólo se sufre cuando se ama, pues cuando la vida se cubre de indiferencia, se siente poco o nada; pero quien ama de verdad, ante los embates del sufrimiento saca fuerza para aliviar el dolor de la persona amada. Es un círculo virtuoso que se alimenta a sí mismo de generosidad. Si amor es entrega y el dolor daña al amor, la mujer busca sanarlo y enfrentarlo entregándose de lleno a consolar, a reparar, a acompañar.

Si es ella quien padece algún mal en particular, su deseo de no generar más dolor en los suyos la ayuda a luchar. Innumerables son los actos verdaderamente heroicos que una madre, una hija, una hermana y una amiga logra llevar a cabo si en ellos siente que se beneficia no sólo ella, sino también los suyos. Actos en su mayoría silenciosos, revestidos de cotidianeidad, adornados de sencilla humildad.

La mujer que conoce su propia riqueza como ser humano, su fuerza y su capacidad de transformar lo difícil en reto y lo doloroso en oportunidad de ser bálsamo de amistad, cuando desde su grandeza y su dignidad se encuentra de frente ante una situación de dolor de los suyos, entonces, ella no conoce de fronteras ni de medidas, no se detiene en límites, simplemente transforma todo en ocasión de dar, de ayudar.

Oportunidad y ocasión para aprender y enseñar las lecciones más sublimes de la vida que son aprender a trabajar por un bien, a sufrir sin romperse y amar a profundidad. Lecciones en las que somos examinados todos los seres humanos, lecciones y retos ante los que de una manera u otra, debemos dar respuesta. Lecciones que nos enseñan a unos y a otros a conocer nuestras limitaciones a la vez que nos invitan a no pactar con ellas.

La mujer cuando responde por quienes sufren y están necesitados, llega fácilmente a niveles de auténtico heroísmo. Cuando decide ofrecer con su vida amparo y seguridad se convierte en bálsamo. La mujer por lo tanto, cuando toca el amor busca remediar con él el dolor.

Stockbyte/ Stockbyte/ThinkstockMira de frente

Mujer, hoy te invito y me invito a actuar con valentía. Te invito a no rompernos ante el dolor, a no doblegarnos, sino a doblegarlo dándole sentido. Pero además, hoy te invito a dar un paso más… Te invito a buscar las miradas de quienes nos rodean para detectar si en ellas se trasluce dolor. Te invito a ser fuerte para mirar de frente a quien se siente solo, traicionado, herido u abandonado. Te invito a mirar de frente los dolores físicos, morales y espirituales de la humanidad…

Te invito a ti porque alguien fuerte, valiente y especial tiene que salir al frente, alguien ante lo crudo de la vida tiene que ofrecer una mano, tiene que ofrecer compañía y consuelo a quien sufre.

Alguien, ante la realidad que a todos nos golpea de frente, tiene que irradiar calor en las cuevas heladas de la enfermedad, las penas y los sufrimientos del género humano.

Mujer, reconoce tu grandeza, exalta tu sensibilidad, acude a tu fortaleza, calienta tu corazón y dedícate desde tu fuerza espiritual, desde tu capacidad y tu sensibilidad emocional a sanar y calentar los corazones que hoy se encuentran sufriendo.

Cuando tú, ante el dolor das un paso al frente, éste retrocede. Cuando tú con virtud decides conquistar la bondad, decides ofrecer una mano y consolar, entonces encuentras que el amor es el único camino que nos lleva a todos a tocar en medio de la lucha, de frente a la felicidad.

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