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El comportamiento social de tu bebé

El primer paso: fortalecimiento del vínculo
Si desde el nacimiento practicas un estilo de crianza cálido y cariñoso, concentrándote en atender las necesidades del bebé, pronto entrarás en sintonía con sus ritmos y formas de comunicarse. Éste es el primer paso para lograr una sana relación madre-hijo durante la infancia y hasta la adolescencia porque te permitirá conocer bien a tu bebé. Esta relación es la base sobre la que tu hijo comenzará a edificar su conducta social y a ensayar la forma de interactuar con su entorno.

Confianza en el mundo
Uno de los primeros retos de los padres es comprender lo que el bebé quiere en cada momento. Un bebé sólo cuenta con el llanto y una variedad de sonidos para comunicarse.

Las mamás tenemos un sistema intuitivo “integrado” que nos permite estar atentas a las señales del bebé, tales como el tono de su llanto, los sonidos que emite y su lenguaje corporal. Al responder prontamente a estas señales, cargándolo cuando percibimos que lo necesita, alimentándolo, cambiándolo y reconfortándolo, él desarrolla una “confianza básica”. Llega a comprender que tendrá lo que requiere para estar cómodo y seguro, y ello le predispone a una actitud confiada ante la vida; la falta de confianza de un niño se nota desde los primeros años en el jardín de niños.

Otra ventaja de que tu bebé desarrolle confianza en ti, es que aceptará de mejor grado los límites que le impongas. Ello facilitará la disciplina a largo plazo, pues el niño se comportará de manera adecuada con el fin de complacerte.

No escatimes en cuidados para tu bebé
Especialmente durante los primeros seis meses de vida, aliméntalo cuando lo necesite, cárgalo y tenlo cerca de tu cuerpo siempre que sospeches que lo requiere. Olvídate de las voces que te dicen que “lo echarás a perder” si lo tienes siempre en brazos. Esta cercanía es el fundamento de la confianza básica que el niño requiere para relacionarse exitosamente con otras personas en un futuro.

Mamá, el ancla del bebé
Entre los 12 y los 24 meses de edad, los pequeños suelen buscar con la mirada a sus padres para decidir con quién pueden interactuar. Por ejemplo, si alguien a quien tu hijo no conoce se le acerca, él o ella se volteará a ver tu reacción, y así determinar si se trata de una persona “segura”, si debe temerle o alejarse de ella. La mayoría de los niños pequeños asocian la locación con la seguridad. El hogar y el salón de clases suelen relacionarse con la seguridad. Por ejemplo, si un adulto entra a visitar su salón de clase, los niños lo saludarán, pero si se cruzan con él o ella en la calle, no se acercarán a abrazarlo a menos que lo conozcan.

La capacidad de utilizar a la madre –o a un adulto de confianza- como referencia social, es señal de que el niño tuvo la oportunidad de desarrollar una relación de confianza con esta persona. Ello le permitirá a su vez, desarrollarla por su cuenta y estar atento a las señales no verbales de su madre. Un bebé o niño que goza de un fuerte vínculo con su madre tiene seguridad para explorar sus alrededores e interactuar con otros niños, simplemente sabiendo que el adulto en quien confían está observando. Mientras explora, a menudo volteará para verificar que sigas ahí.

Por el contrario, un bebé o niño pequeño que no tiene un vínculo sólido no sentirá la confianza de alejarse de su cuidador por miedo a que éste desaparezca, o no se sentirá reconfortado por su presencia ni lo buscará con la mirada. Algunos niños mostrarán una mezcla de ambas conductas. Estos son aspectos que comienzan a conformar la personalidad del niño. Una sólida relación madre-hijo fomenta  el desarrollo cognitivo y social, permitiendo que los bebés y niños pequeños sean más curiosos, extrovertidos y autónomos. Los niños con una relación insegura tienden a ser extremadamente dependientes de sus cuidadores, y preponderantemente agresivos.

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