El estigma de no querer ser mamá

Aunque parezca increíble, aún en nuestros días es muy común que durante una conversación con otras mujeres, ante la pregunta de: ¿Te gustaría tener hijos?, muchas respondan convencidas y sin meditarlo ni un segundo, que sí. La respuesta no tendría porque parecer inadecuada si realmente fuera el reflejo de un anhelo personal, surgido de la convicción y del análisis personal, y no, como ocurre en algunas ocasiones en las que se trata de seguir con los cánones dictados por la sociedad, o incluso por lo que llamamos ‘instinto materno’.

¿Ser o no ser? he ahí el dilema, dicta una frase que se atribuye al dramaturgo inglés William Shakespeare, y en lo que toca a la maternidad encaja perfectamente, pues tomar esta decisión involucra muchos elementos, más allá del simple deseo de ser madre. El primero y más importante es estar convencida de que se tiene la vocación para desenvolverse dentro de este papel sin asumirlo como un sacrificio y sí con la certeza de que cada uno de los eventos que representa serán motivo de crecimiento, de plenitud y satisfacción; además, claro, de contar con una pareja con quien compartir esta responsabilidad, tener la disposición de formarse cuanto sea necesario para a la vez, hacer de ese hijo un ser humano íntegro y, por supuesto, el punto más importante y que pocas veces se considera: que la naturaleza nos dote físicamente de las cualidades necesarias para poder ser generadoras de vida.

¿Por qué quiero ser mamá?

Puede haberte ocurrido que no te hubieras planteado con seriedad esta posibilidad, ya sea porque tu mente estaba ocupada en otras cosas, como fortalecer tu relación de pareja o el ámbito profesional, o quizá simplemente no era un tema que ocupara un espacio en la agenda.

Cecilia Amézquita, catedrática de la Faculta de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que plantearse la posibilidad de ser madre es no responder a la necesidad de cumplir el deseo de la pareja o de las demandas de la familia, o pensando, en que un hijo se va a convertir en el compañero de la vejez, y que será quien se haga cargo de la manutención. “La primera pregunta que una mujer debe contestarse cuando piensa en este tema, es por qué lo quiere hacer, y debe ser respondida por temas tan importantes como la realización personal y el deseo propio, y sin desinterés respecto a los supuestos beneficios de diferente índole que puede traer este evento”, afirma la especialista.
Una vida tiene que ser fruto de un acto honesto y profundamente amoroso, más allá de la relación que haya con la pareja, debe convertirse en el primer eslabón de unión entre una madre y un hijo. No es una decisión que puedas tomar frente a una taza de café o mientras pasas dos horas atrapada en el tráfico, requiere que le dediques tiempo, así como que hagas un compromiso contigo misma en valorar el proyecto que tienes como persona y con tu pareja.

Hay una recomendación de Cecilia Amézquita: “Antes de dar el paso definitivo, detente a preguntarle a tu corazón, y haz un viaje al futuro, usa la imaginación y visualízate haciéndote cargo de un bebé. Un hijo implica dedicación, esfuerzo y tener la idea clara de que como tú, él tomará en algún momento su camino. Si ver esta parte de la película, te causa ilusión y sientes que eso es lo que te hará sentir plena, no hay duda: realmente deseas ser madre”.

Es posible que en algún momento te hayas sentido incómoda ante el hecho de poner en duda tu anhelo de ser madre. Sin embargo, considéralo un punto a favor, aunque ahora no te des cuenta, estás poniendo en la balanza no sólo la parte romántica que acompaña a la maternidad sino también otros elementos que son fundamentales para cumplir con esto. Sea cual fuere la elección que tengas respecto al tema de la maternidad, cerciórate que sea una buena noticia.

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