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El estrés: un reto para la mujer

La prisa, los constantes cambios, las presiones laborales y económicas, el exceso de información, la inseguridad y la impotencia para controlar el entorno, son algunos de los factores que generan ansiedad constante y nos someten a una tensión que se conoce como estrés: la acongojante sensación de estiramiento, de vivir forzado, saturado de adrenalina y bajo presión. Además, en el caso de las mujeres, existen ciertas condiciones que hacen aún más fuerte la tensión.

Lo que más necesita tu familia es que seas feliz. Trata de darle sentido a lo que haces y de realizarlo con entusiasmo.

Armonía entre familia y trabajo
Hoy en día, las mujeres no solamente trabajamos fuera de casa, con el estrés normal; además, atendemos a nuestra familia. La responsabilidad de los hijos, el tiempo que requieren sus necesidades físicas y emocionales, la atención hacia ellos y sus actividades, no son trabajo, son nuestra vida. Y, por lo mismo, solemos experimentar culpa, ansiedad  y prisa cuando sentimos que descuidamos la familia o la casa.

Sensibilidad
Nosotras percibimos con mayor intensidad los sentimientos; por eso, tanto el estrés como las demás emociones nos afectan fuertemente. Es como si viviéramos en una licuadora, constantemente agitadas, con prisa y agobio. Además, nos preocupamos mucho de lo que sucede o puede suceder, y pensamos constantemente en lo que falta por hacer y que generalmente no terminamos o que ya hay que volver a hacer.

Cultura de la imagen
Además del desarrollo profesional y familiar, de ser profesionistas cumplidas y responsables, amas de casa eficientes y madres dedicadas, siempre tenemos que estar guapas. La cultura de la imagen presiona a todos, pero más a las mujeres ya que debemos tener un cuerpo escultural, estar siempre impecablemente arregladas y conservarnos jóvenes, pues de lo contrario corremos el riesgo de no ser aceptadas. Esto implica hacer ejercicio, dietas, tratamientos de belleza más o menos invasivos, gastar para estar a la moda y, por supuesto, ansiedad. No todo se tiene que hacer, ni se puede. Es necesario tener prioridades.

Dispersión de la atención
Las mujeres tendemos a sentir más estrés, pues ponemos atención a demasiadas cosas al mismo tiempo, lo cual es una gran ventaja, pero a veces nos dispersa y nos hace dejar cabos sueltos, lo que puede tener consecuencias desagradables. Los olvidos, la sensación de tener pendientes, el que nos distraigamos de lo que estamos haciendo por atender las necesidades de un hijo, un pleito entre hermanos, el teléfono, la tarea del niño, los reclamos del marido y los asuntos pendientes de su casa, del trabajo o de ambos, elevan nuestros niveles de ansiedad.

¿Cómo manejarlo?
• Dedica un tiempo para pensar
Aprovecha algún periodo de vacaciones o cuando los niños están en la escuela para tratar de pasar un largo rato revisando con sinceridad tu estilo de vida, lo que realmente vale la pena hacer o comprar. Muchas personas no viven de acuerdo con lo que quieren ser por dejarse llevar por el ambiente, la moda, las presiones sociales o la publicidad. ¿Qué valoras tú? ¿Cómo esperas lograrlo? ¿En qué se te va el tiempo? ¿Qué quieres para ti y tu familia? ¿Vale la pena tanto perfeccionismo? Cuestiónate a fondo: en ocasiones nos dejamos llevar por lo urgente y descuidamos lo importante.

• Descansa lo suficiente
Una vez que hayas reflexionado sobre tus grandes objetivos, procura dormir bien durante 15 días. Vete a la cama a una hora fija. Generalmente no dormimos lo suficiente y para compensar la falta de sueño ingerimos café u otras bebidas que nos provocan más estrés. Por eso, dormir es el primer paso para mejorar.

• Mantén el orden
Es imprescindible estructurar con realismo las actividades, las cosas y hasta los sentimientos; ordenar la cabeza y el corazón. Es necesario ordenar el tiempo, agenda en mano, apuntando todo y tratando de cumplirlo. Las mujeres no apuntamos más que lo considerado como importante y, por lo mismo, nos olvidamos de lo verdaderamente importante o lo hacemos pero a costa de ir dejando lo urgente. Es básico ordenar la alimentación, pues el estrés hace comer de más. Si se sube de peso, viene la dieta drástica y con ella el desequilibrio metabólico y emocional. La sana alimentación disminuye la ansiedad. No todo se tiene que hacer, ni se puede; es necesario tener prioridades.

• Haz ejercicio
El ejercicio no solamente ayuda a mantenerte en forma; también da energía y alivia la ansiedad. Pero no hay que hacer de la actividad física un generador de estrés al practicarla rápido y bajo presión. Empieza poco a poco y aprende a disfrutar su rutina. Los beneficios se notarán enseguida.

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