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El oficio de vivir feliz

J. Paul Sartre, padre del existencialismo, culminaba su filosofía con una frase extraordinaria: “Uno es uno y sus circunstancias”. Pareciera entonces que el vivir se convierte en una serie de momentos, cual si estuviesen aislados los unos de los otros. En estas páginas, en todas las presentaciones, conferencias, pláticas y participaciones en distintos medios, repito constantemente que nada es casual, todo es causal. Tu estado actual es producto de la evolución, de lo que has sembrado y que hoy cosechas.

Evita los juicios

El común de la gente visualiza a los demás calificándolos y haciendo lo propio consigo; bueno y malo, grados de nostalgia y de dolor. Los juicios que hacemos sobre los demás nos definen. En infinidad de ocasiones nos apresuramos en valorar los infortunios o desgracias de alguien y los nuestros; la conmiseración nos es familiar.
Cuántas veces has escuchado el clásico: “Pobre de Zutana; qué mala suerte de Mengano”, tanto la persona que experimenta el momento difícil como quienes le rodean, se especializan en condolerse de sus vivencias; en propiciar una sensación entre ternura y apoyo de los demás hacia él; como si la situación experimentada fuera de generación espontánea, producto del azar o, lo más usual, una trama ideada por una mano invisible que todo lo controla, que “castiga” al sujeto en cuestión.

Escribe tu destino

Aceptar en todo momento que somos responsables de la mayor parte de nuestro destino, el estado presente de nuestra vida es el principio del ensayo que se escribe cada día; a veces como reporteros narrando sólo los hechos; otras, las más, como novelistas, inventando personajes, disfrazándolos y transformándolos.
Como autores de esta extraña mezcla de géneros, con la obra inconclusa, nos disponemos a ponerla en escena como actores, con todos los papeles y roles.

La representación de la vida, de los actos de esta magna creación, a veces comedia, otras tragedia, depende de lo que nos permitamos y aceptemos de los otros y de las creencias limitantes que cargamos en nuestro devenir de mucho tiempo atrás.

En reiteradas ocasiones parece que los actores comandados por nosotros mismos asisten a un baile de carnaval; cambiamos la máscara rápidamente, la vestimenta y la actitud como si fuéramos todos los que participan en el acto al mismo tiempo y estuviéramos por escribir capítulos y finales distintos que por el momento nos son desconocidos o están por suceder.

Asume la realidad

El compromiso fundamental, el realmente íntimo, tiene que ver con la decisión del quehacer cotidiano, con la actividad o profesión diaria y, por supuesto, con asumir la realidad y su principio.

El espacio de libertad es dedicar nuestra vida a su sentido, esto es a la búsqueda de la felicidad o, dicho de otra manera, a la disminución de la infelicidad, a la paz interna como meta intermedia.

Nuestra presencia en el planeta, el hecho de que contemos con el don de la vida, sólo puede tener un objetivo, la consecución de este fin en lo individual y lo que propiciemos en el entorno cercano así como la influencia, que de ello se derive, hacia círculos más alejados.

Elige decidir

Las cosas importantes que queremos alcanzar requieren esfuerzo, pasar por encima de las trabas; tiene como principio vencer dudas e incertidumbre; el transcurso de la existencia está plagado de posibilidades y caminos alternos; tenemos que ser capaces de optar y asumir sus consecuencias a sabiendas que el rectificar es propio de quien se equivoca y que tiene un costo menor a persistir en el error.

Hemera/ThinkstockElegir es tomar la decisión entre una cosa y otra; la relevancia radica en que la mayoría de las veces los caminos parten del principio matemático de suma cero; esto es, que es uno u otro, ambos están imposibilitados de presentarse al mismo tiempo.

La existencia de universos paralelos lleva inexorablemente al pensamiento de que todas estas alternativas se dan y existen; todo lo posible sucede o ha sucedido en otra dimensión. El entender esta infinita gama de opciones permite racionalmente concebir de forma diferente esos momentos de quiebre en nuestra vida y asumir la adversidad con una actitud distinta.

Toma riesgos

La gente es contraria a enfrentar riesgos; es común que en forma personal o con participación de muchos más, tratemos de visualizar todas las posibilidades y aristas que surjan de nuestras decisiones, añadimos así información que puede llegar a confundirnos o pasmarnos, dejarnos inmóviles; la incertidumbre toma carta de naturalización en este momento.

Queremos tener todos los beneficios que conlleve una opción en específico al mismo tiempo que disminuir o suprimir los efectos negativos inherentes; caricaturizando es como decidir comprar un billete de lotería siempre y cuando hubiésemos constatado que fue premiado en el periódico de mañana, la ubicuidad temporal, el imposible.

Orden, limpieza y método son esenciales en el cómo participar en el viaje por nuestro tiempo y en el transcurrir de nuestra existencia.

Partir de la organización de la vida incluye retos enormes y fascinantes.

Es un privilegio y una suerte el enfrentarlos, sortearlos, domarlos en el entendido de que los objetivos esenciales valen la pena; tener en mente que nuestra tarea indispensable es el trabajo personal.

Disfruta tu trabajo

Hacer las cosas que nos gustan nos hace singulares; es increíble que a alguien le parezca aburrida o inútil la labor consigo mismo, su autoanálisis. Quien incurre en este error desestima su ser y pretende vivir la vida de los demás, regalando o tirando la propia a la basura; minimiza su valor, lo que suceda con su autoestima es fácilmente predecible.

Es común la falsa idea de que trabajar es un castigo, inadecuada interpretación del: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente” que deriva en otra creencia limitante. El que trabaja en aquello que le gusta, se aleja de la servidumbre, de las penas y de lo que ello conlleva. Lo convierte en un gozo, transforma la historia, partiendo de la personal; crece y le da movimiento a su vida.

Cuando hacemos lo que nos satisface las horas transcurren rápidamente y nos dejan enseñanzas y ocupaciones placenteras; sonreímos hacia dentro, la sangre circula distinto, la piel recibe nuevas sensaciones y apreciamos diferente a quienes nos rodean y aportan. El quehacer se transforma en un ejercicio creativo en la ruta de la realización.

Busca la paz interna

El placer y la felicidad de vivir así compensan los sinsabores de la tarea ejecutada en el viaje al interior; es un eficaz antídoto contra la infelicidad.

El sentirnos a plenitud tiene efectos secundarios muy positivos, que vistos en perspectiva son objetivos en sí mismos.

Para que exista salud física se precisa tenerla mentalmente; esto sólo es factible si contamos con equilibrios mínimos que se derivan de arreglos que tienen como origen la paz interna más allá de la ausencia de conflictos. Se consigue con esa magia que acabas de imaginar, al analizar las razones y argumentos aquí expuestos; sin duda, has repensado algunos aspectos de tu vida y los resultados generados.

Ser feliz, estar en paz, son tareas y obligaciones de los seres humanos; lo contrario nos lleva sin escalas a la enfermedad de cualquier tipo, física, mental, anímica.

La felicidad se irradia, se nota, percibimos casi al primer vistazo a quienes la tienen; la actitud de estas personas ostenta su estado de ánimo y, por supuesto, la hace deseable. El amor, quienes lo están viviendo, son otro ejemplo; ese sentimiento es visible desde un principio y en todo momento, aunque se quisiera ocultar infructuosamente, eventualmente.

Cuando hacemos esto ampliamos nuestros horizontes, crecemos, profundizamos y hacemos más preciso nuestro pensamiento.

Alcanza la felicidad

Dedicarnos a nuestro aquí y ahora en conciencia y con principio de realidad, permite alcanzar varios logros canalizando nuestra energía hacia metas mayores. Llevarlo a cabo reiteradamente garantiza la compañía de eso que algunos llaman la musa de la creatividad.

La vocación en nuestro presente es el camino más adecuado para el deleite, la felicidad y el desarrollo.

Elegir bien es eliminar obstáculos, es considerar al espíritu humano como parte nuestra, es vencer todo aquello que nos lo impida o se oponga.

La tarea de vivir exige conciencia; asumir la decisión de aquello que elegimos.

Vivir en nuestra zona de confort nos excluye de pasajes de desarrollo interior.

El espíritu humano es indomable, lo es también el espíritu creativo.

La felicidad radica en la variedad de nuestras actividades, en el viaje de la vida, en hacer lo que nos gusta; elegir como vehículo, como objetivo y como fin, nuestro aquí y ahora y a nosotros, es el primer paso.

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