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El perfil de la adicción sexual

La adicción sexual se ha convertido en la broma favorita más reciente de las series de televisión y las películas, lo que hace difícil tomarla en serio. En un caso de la realidad imitando a la ficción, el actor David Duchovny anunció que al igual que su personaje de la serie “Californication”, de Showtime, sufría de adicción sexual e ingresaría a una clínica de rehabilitación.
No tan públicos, pero no menos impactantes, son los casos de esos hombres de familia que aparentemente tienen “la vida perfecta”: una mujer hermosa e inteligente, hijos encantadores, salud y éxito profesional; y la pierden por su aparente incapacidad de mantenerse alejados de ciertas tentaciones.
Pero, ¿cómo saber si quien se confiesa “adicto sexual” no lo hace simplemente para excusar sus “travesuras” y salvar el pellejo?, ¿dónde está la línea entre la sana búsqueda de placer y la conducta patológica?

Impacto devastador
De hecho, existe una enorme controversia en el campo de la psiquiatría respecto a la validez del término “adicción sexual”. Algunos expertos consideran que sin una sustancia involucrada, como alcohol o drogas, no es posible hablar de adicción. Por ejemplo, no se puede hablar de “adicción al juego”, sino de una conducta compulsiva de juego. Pero llámesele compulsión o adicción, su impacto en la persona y su familia puede ser devastador.
Se han identificado paralelismos importantes entre las adicciones plenamente aceptadas por el mainstream médico, como el alcoholismo y la drogadicción, y la conducta sexual con rasgos adictivos. De la misma forma en que un adicto a la cocaína organiza su vida en torno a su hábito, el “adicto al sexo” organiza todos sus días alrededor de la práctica sexual problemática. A medida que el desorden progresa, la persona necesita intensificar su conducta para lograr el efecto deseado. Para algunos adictos al sexo, la conducta no va más allá del uso extenso de la pornografía impresa, servicios sexuales telefónicos o vía Internet, el empleo de sexo-servidoras, la masturbación o la promiscuidad. Para otros, la conducta puede incluir actividades ilegales como exhibicionismo, voyeurismo, llamadas telefónicas obscenas, acoso sexual a menores o la violación.
El adicto sexual actúa a pesar de los riesgos a su salud, finanzas, relaciones personales, humillación pública y problemas legales. Vale aclarar que la adicción sexual no es exclusiva del género masculino.

Atracción fatal
Muchos adictos sexuales son realmente encantadores y usan ese encanto para atraer al sexo opuesto. Pero también suelen tener ideas exageradas acerca de su efecto: “no lo puedo evitar, las mujeres me persiguen”, “donde quiera que voy, un hombre se quiere meter a mi cama”.
La adicción sexual es, en parte, una adicción a la adrenalina. Para algunos seres humanos, mientras más riesgosa sea la conducta, mayor es el flujo de adrenalina.
Desde el político que participa en actos sexuales en público, hasta el marido que se masturba frente a la computadora en el estudio de su casa, la posibilidad de ser descubiertos aumenta la emoción.

Jupiterimages/ Pixland/ThinkstockEl tratamiento
La conducta compulsiva casi siempre empieza con un pensamiento obsesivo. Después de pensar de forma insistente en cierta conducta, la persona comienza a actuar. Para ello, establece un ritual: recorrer las calles en busca de prostitutas; cerrar las puertas y encender la computadora.
Después de la actividad, pueden sentirse avergonzados, pero vuelven a realizarla. El tratamiento se basa en los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, aunque a diferencia de las adicciones al alcohol o las drogas en que la abstinencia se convierte en la meta, el tratamiento para la adicción sexual pretende que eventualmente la persona pueda volver a practicar la sexualidad de manera más adecuada.

Los síntomas de alerta
Descubre cómo distinguir la adicción sexual del deseo sexual normal:
• Participar con frecuencia en más actividades sexuales y/o con más parejas de las que se tenía intención.
• Pasar tiempo considerable en actividades relativas al sexo, tales como salir a buscar parejas sexuales o pasar horas frente a sitios pornográficos.
• Hacer a un lado las obligaciones como el trabajo, la escuela o la familia en favor de las actividades sexuales.
• Seguir participando en conductas sexuales a pesar de todas las consecuencias negativas.
• Incurrir de nuevo en la conducta, a pesar de la intención de evitarla.

¿Adicción o imprudencia?
Estos casos de alto perfil nos hacen preguntarnos, ¿eran adictos los personajes o simplemente imprudentes?
• Eliot Spitzer renunció a la gubernatura de Nueva York al estallar un escándalo que reveló que había gastado alrededor de $80 mil dólares en la contratación de un servicio de prostitutas.
• La ex esposa del comediante Bill Murray, Jennifer, pidió el divorcio el año pasado, debido a sus “infidelidades en serie y adicción sexual”, así como adicciones a sustancias ilícitas.
• El divorcio de la modelo Christie Brinkley, cuando salió a la luz el affair de su ex esposo con una adolescente y su hábito de uso de pornografía vía Internet.
• En agosto de 2008, David Duchovny, la estrella de “X-Files”, pidió a la prensa “respeto a su familia y su privacidad”, mientras ingresaba a un centro de rehabilitación para adicción sexual.

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