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El reflujo, un problema cada vez mayor

Hemera/Thinkstock

Actualmente se dice que el reflujo está de moda, pero existe una gran confusión acerca de lo que es, ya que no siempre se trata de una enfermedad propiamente dicha.
En los primeros meses de vida, es normal que el bebé regurgite un poco de leche y en la mayoría de los casos no hay por qué alarmarse, no se requiere hacer ningún estudio especial, basta con mantener un seguimiento pediátrico mensual en el que el médico evalúe el aumento de peso y de talla y descarte cualquier síntoma de ahogamiento o infección en las vías aéreas del bebé.
Si el resultado de esta evaluación es normal, se trata de un reflujo simple y los síntomas irán desapareciendo poco a poco en cuanto el bebé crezca.
El reflujo leve es una condición que padecen más de la mitad de los lactantes menores de seis meses. Con cuidados adecuados no causa problemas graves, sin embargo cuando existen complicaciones en las vías aéreas o desnutrición, se tiene que hacer un diagnóstico oportuno para evitar complicaciones o secuelas mayores a largo plazo.

Dos tipos de reflujo

Reflujo fisiológico. Cuando el contenido alimenticio no permanece en el estómago, se regresa hacia la boca y provoca náuseas, vómito y dolor. Sin embargo, el bebé tiene un crecimiento normal, sin problemas de tipo respiratorio.

Enfermedad por reflujo gastroesofágico. Además de los síntomas anteriores, el esófago se inflama debido a los ácidos gástricos que pasan por él y debe ser tratado médicamente para evitar problemas mayores. Se manifiesta por la falta de aumento de peso y talla debido a que los alimentos al no ser digeridos normalmente, no llegan al intestino y sus nutrientes no son asimilados, lo que provoca desnutrición severa y baja considerable de defensas.
Los síntomas son: infecciones respiratorias continuas, tos, laringitis, sinusitis u otitis. El bebé llora intensamente por cólicos, hambre y algunos otros malestares.

¿Cómo se hace el diagnóstico?

Cuando el bebé solamente hace buches, escupe o vomita un poco de leche, pero su crecimiento es el adecuado no hay porque alarmarse. Si los síntomas son fuertes se debe consultar al pediatra para que realice los estudios pertinentes y diagnostique el tipo de reflujo que padece el bebé.
El diagnóstico se realiza por medio de un minucioso interrogatorio a los padres y un completo examen físico del pequeño. En determinados casos puede requerirse de alguno de los siguientes estudios:
• La serie esofagogastroduodenal es un estudio radiológico que tiene como objetivo verificar la anatomía. Da una idea inicial de la existencia del problema, pero no evalúa la severidad del mismo.
• La monitorización del Ph esofágico conocida como Ph-metría que es el estudio ideal para evaluar el grado del reflujo. No es un estudio fácil de realizar ya que consiste en colocar unos electrodos en el esófago para medir y registrar en forma continua la existencia de acidez durante un día completo con todas sus variaciones.
• La endoscopia es el único estudio médico que permite mediante muestras del esófago llamadas biopsias, detectar quemadura por el ácido del reflujo. Además de que pueden tomarse más muestras del estómago y duodeno para documentar la existencia de inflamación por otras causas diferentes a la simple acidez.
• El gamagrama de vaciamiento se utiliza para evaluar el movimiento del estómago mediante leche marcada y así poder conocer la movilidad en lo que respecta a su vaciamiento, éste debe ser mayor del 60 por ciento a la hora de haber tomado los alimentos.

Consejos contra el reflujo:
Una vez que se ha identificado la magnitud del reflujo (leve, moderado o severo) el tratamiento consiste en:

• La alimentación del niño debe hacerse semisentado.
• Los orificios de las mamilas deben permitir apenas el goteo de la fórmula, no un chorro.
• Es importante hacer eructar al niño a la mitad y después de cada toma.
• No movilizarlo bruscamente ni aumentar la presión del abdomen.
• Revisar que la fórmula esté bien preparada, de acuerdo con las indicaciones del pediatra.
• Mantener al niño boca arriba.
• Evitar los jugos y los alimentos ácidos (el menos aconsejado es el de manzana).
• Aumentar la frecuencia de las raciones y disminuir su volumen, es decir, dar más tomas de menor cantidad cada una.
• Espesar los alimentos, puede ser con cereal de arroz o con fécula de maíz.
• En caso de que el pediatra considere el uso de medicamentos, deben darse en las dosis y los tiempos exactos. Los medicamentos van dirigidos a disminuir la acidez, incrementar el vaciamiento del estómago y aumentar la presión de la válvula en la unión del esófago con el estómago.

El reflujo bien controlado evita molestias al niño y disminuye la angustia a los padres. Contar con un buen pediatra que nos enseñe a manejar los padecimientos del bebé es un excelente consejo.

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